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  1. Lo+Positivo 49, verano 2011
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Superar los malos momentos

Imagen: Superar malos momentosVivir con VIH puede provocar situaciones de un elevado estrés emocional, especialmente en determinadas circunstancias, como el día que se recibe el diagnóstico de la infección. Nuestro estado de ánimo puede verse afectado, lo que comporta toda una serie de sentimientos negativos que pueden traducirse en un decaimiento generalizado. Aunque en los casos graves puede ser necesario y muy beneficioso el apoyo de un psicólogo u otro profesional sanitario, es importante tener unos conocimientos que nos permitan encaminarnos en la dirección correcta por nosotros mismos.

Imagen: Superar los malos momentos (I)Aspectos psicológicos

En las situaciones adversas, nuestros pensamientos pueden volverse muy negativos, por lo que el primer paso consiste en buscar una actitud positiva, tratando de profundizar en el origen de los malos pensamientos para simplificar las preocupaciones, ya que no debemos permitir que una única causa nos haga verlo todo negro.

Explicar nuestra situación a una persona de confianza puede ser de gran ayuda, puesto que la visión externa del problema nos hará tener una perspectiva más amplia y nos facilitará indagar en las causas de nuestro decaimiento.

Para poder sobreponernos a un mal momento, pueden ser beneficiosas cosas tan sencillas como planificar actividades placenteras —esos pequeños premios del día a día que, aunque sencillos, pueden tener un impacto muy positivo en nuestro estado de ánimo— o cuidar nuestra imagen más de lo normal —siendo un poco “coquetos”, mejoraremos la autoestima—. Dado que un ritmo de vida regular favorece el funcionamiento de nuestro organismo —somos “animales” de costumbres—, mantener horarios uniformes en nuestra vida cotidiana también nos ayudará a remar en la dirección correcta.

Ejercicio físico

Muchos estudios han demostrado que la realización de ejercicio físico proporciona grandes beneficios en la esfera emocional, llegando a superar incluso a los generados mediante técnicas de relajación. En primer lugar, la actividad física tonifica nuestro cuerpo y mejora nuestra figura, lo que iría en la línea apuntada en el apartado anterior relativa a cuidar nuestra imagen. Otro aspecto interesante del ejercicio físico es que incrementa nuestra capacidad para efectuar actividades, lo cual mejora nuestra autoestima y, por lo tanto, nuestro estado de ánimo. Desde un punto de vista más de tipo químico, la práctica de ejercicio desencadena la producción de multitud de sustancias en nuestro cerebro, entre las cuales destacan las endorfinas y la serotonina, una especie de antidepresivos naturales.

El simple hecho de centrarse mental y físicamente en una actividad rítmica alivia la ansiedad que suele relacionarse con momentos de “bajón” emocional, ya que, por un lado, reduce la tensión de los músculos que, con tanta frecuencia, se asocia a la ansiedad, y, por otro, disminuye la sensación de pulso acelerado, puesto que, al estar haciendo ejercicio, nuestro organismo interpreta como normal que el corazón lata deprisa. Además, la repetición cíclica de un ejercicio provoca que el cuerpo se vaya adaptando y mejore su rendimiento. Dicha mejora es percibida por la persona que lo está realizando y la anima.

La activación del metabolismo derivada de la práctica de ejercicio físico conlleva la percepción de hallarnos llenos de energía, algo fundamental en momentos de decaimiento, en los que es fácil experimentar cierta falta de energía.

El sueño y el apetito suelen verse afectados por los problemas emocionales; por este motivo, el ejercicio, al fatigar físicamente nuestro cuerpo y consumir energía, incrementará el hambre y las ganas de dormir, facilitando la compensación.
Puede ser interesante potenciar la socialización por medio del ejercicio, por ejemplo, saliendo a caminar y a correr con amigos o inscribiéndose en un gimnasio o club deportivo, ya que conocer gente nueva siempre puede ser de ayuda en nuestro proceso para superar los malos momentos.

El tipo de ejercicio indicado para mejorar el estado de ánimo depende de cada persona, puesto que lo más importante es sentirse cómodo con él. Cabe tener en cuenta que puede ser muy difícil comenzar, dado que, como se comentó anteriormente, el desánimo genera sensación de falta de energía. Por ello, realizar un ejercicio que nos guste o nos resulte sencillo favorecerá superar este “muro” inicial.

Estudios que han comparado los efectos emocionales de ejercicios aeróbicos, tales como caminar y correr, con los de otros anaeróbicos —como por ejemplo, levantar pesas— han concluido que ambos tipos de ejercicio proporcionan beneficios similares, reforzando lo señalado en el párrafo anterior.
Imagen: Superar los malos momentos (II)

Alimentación

La influencia de los alimentos sobre el estado de ánimo, como en la mayoría de procesos de nuestro organismo, es clave; de hecho, la frase “Somos lo que comemos” se repite con asiduidad y tiene especial sentido cuando hablamos del estado de ánimo.

En primer lugar, tal y como se describió unas líneas más arriba, es muy beneficioso mantener unos horarios estables en nuestras comidas, ya que nuestro organismo, por su naturaleza adaptativa, se preparará cuando se acerque la hora de cada comida y aprovechará los nutrientes con una eficiencia superior a la que mostraría en caso de horarios irregulares.

Desde el punto de vista nutricional, es básico tener presentes algunas consideraciones. En primer lugar —y volviendo a la serotonina, ese “antidepresivo natural”—, son especialmente beneficiosos para nuestro estado de ánimo los alimentos ricos en triptófano, un aminoácido que nuestro organismo utiliza para la síntesis de la serotonina. En este grupo de alimentos se encuentran los huevos, lácteos, pescados, carnes, legumbres y algunas frutas como el plátano y la piña. Como norma general, dado que el triptófano es un aminoácido y esta sustancia química constituye el componente básico de las proteínas, cualquier alimento rico en estas últimas será susceptible de contener dicho aminoácido, tan beneficioso para mejorar nuestro estado de ánimo.

Capítulo aparte merece el cacao, ya que, además de contener triptófano, posee teobromina —una sustancia psicoactiva excitante capaz de contrarrestar los efectos del decaimiento— y es rico en magnesio, un mineral de especial importancia para el cerebro. Otros alimentos que contienen magnesio son los frutos secos —sobre todo, almendras, avellanas, nueces y pistachos— y las verduras de hoja verde, como las espinacas, las acelgas o la lechuga, entre muchas otras —puesto que el magnesio es el átomo esencial en la molécula de la clorofila, que tiñe de verde los vegetales—. Determinadas aguas minerales también aportan grandes cantidades de este elemento químico.

El hierro, por su parte, mejora el estado de ánimo, ya que favorece la concentración, la memoria y el rendimiento en general. Contienen cantidades importantes de hierro la carne roja, las vísceras —especialmente el hígado—, los pescados y alimentos de origen vegetal tales como los frutos secos o las legumbres, aunque en estos casos el hierro es menos asimilable que en los alimentos de origen animal.

Por último, gracias a su especial actividad sobre el sistema nervioso, son fundamentales las vitaminas del grupo B —sobre todo la B1, la B6 y la B12—. Su consumo reduce la irritabilidad, el nerviosismo y la fatiga, por lo que son básicas para levantar el ánimo. Aportan cantidades sustanciosas de estas vitaminas la soja, el germen de trigo, los frutos secos, las legumbres, la carne, el pescado (sobre todo el azul), los quesos curados y los huevos.

Terapias herbales


Existen una serie de plantas que pueden ser de ayuda en casos de decaimiento, ya sea por contener moléculas estimulantes —que nos activarán dada la necesidad de energía— o relajantes —que reducirán la ansiedad—.

Dentro de las plantas estimulantes destacan el Gingko (Gingko biloba) —que incrementa la circulación sanguínea cerebral— y el gingseng (Panax gingseng) —tónico activador que, además, favorece la actividad del sistema inmunitario, importante cuando se vive con VIH—.

En el segundo grupo —las plantas relajantes— destaca la melisa (Melissa officinalis), la cual, aparte de reducir la ansiedad y el insomnio asociados a los problemas emocionales, podría tener cierta actividad frente al VIH.


Referencias:

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