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El legado Mubarak

Tortura, detención y deportación de personas con VIH en Egipto

En Egipto, las víctimas de 30 años de gobierno autocrático de Hosni Mubarak no son solo los disidentes del gobierno, sino también lo son las personas que viven con VIH.
Imagen: El legado Mubarak
A pesar de recibir una considerable cantidad de la ayuda exterior de EE UU, Egipto ha llevado a cabo deportaciones masivas de extranjeros seropositivos, y ha arrestado, torturado y condenado a personas con VIH por el simple hecho de serlo.

“La policía tiene carta blanca para intimidar a ciertas poblaciones”, afirma Joe Amon, director del programa de VIH/sida de Human Rights Watch. “La homofobia es rampante y la policía se ha cebado en estas comunidades. Han arrestado a hombres gais, han escudriñado en sus libretas de direcciones y hasta se han efectuado exámenes anales forzosos”.

El Programa Nacional sobre Sida de Egipto informó de 1.155 personas con VIH en 2007. ONUSIDA, sin embargo, estima que en 2005 el número ya era mucho mayor: 5.300 personas.

Entre 1986 y 2006, Egipto deportó a más de 700 extranjeros con VIH, la mayoría de ascendencia africana. Todos los extranjeros que solicitaban un visado de trabajo o de residencia debían realizarse obligatoriamente la prueba del VIH, y aquellos que daban positivo eran expulsados de inmediato.

Ofensiva gubernamental

El gobierno utiliza con frecuencia cargos que se usan para tipificar como delito la homosexualidad, a fin de penalizar también la seropositividad.

En 2007 y 2008, el Gobierno egipcio lanzó una ofensiva contra las personas con VIH —consideradas una amenaza para la salud pública— y arrestó por lo menos a doce hombres sospechosos de vivir con el virus. La policía golpeó a varios de ellos, después de someter a las personas detenidas a exploraciones anales para “demostrar” que habían incurrido en una conducta homosexual. Las autoridades los acusaron de “hábitos licenciosos”, un término que según Human Rights Watch emplea el Gobierno de Egipto para castigar la homosexualidad, que no está expresamente sancionada en el código penal del país.

Algunos fueron encadenados a sus camas durante días en un hospital de
El Cairo. Las autoridades efectuaron pruebas de detección del VIH a los arrestados sin su consentimiento, y los que dieron positivo fueron condenados a un máximo de tres años de cárcel. “La gente como tú debería ser quemada viva”, habría dicho un fiscal a uno de los hombres, cuando se le informó de que era seropositivo, y añadió: “No mereces vivir”.

Omisión de los hechos


Aunque Egipto es considerado un país con baja prevalencia del VIH, su propio Programa Nacional de Sida advirtió en un informe de 2009 que “a menos que se mantengan los esfuerzos realizados hasta la fecha, esta situación puede cambiar”. En efecto, el Egipto de Mubarak presenta una serie de factores de riesgo problemáticos que podrían propiciar la expansión de la epidemia, incluyendo el aumento de la pobreza, el escaso uso de preservativos y un número creciente de personas que practican relaciones sexuales prematrimoniales. La educación sobre el sida es escasa: menos del cinco por ciento de mujeres de entre 15 y 24 años tienen un conocimiento amplio del VIH, según una encuesta del gobierno.

Con todo, no sorprende que los informes gubernamentales no digan nada respecto a cómo la brutal represión a homosexuales y personas con VIH contribuye a la propagación del virus. El gobierno también ocultó información relativa al porcentaje de personas que han mantenido relaciones sexuales con más de una pareja en el último año. Estos datos, dice el informe, “no son relevantes para la valoración de la epidemia en nuestro país”.

¿Se avecinan cambios?


No está claro cómo será el nuevo gobierno en Egipto: podría ser más represivo, lo que implicaría la continuidad de los ataques a personas con VIH; si por el contrario se decanta por extender la aplicación de los derechos humanos, la situación podría ser más llevadera.

“El problema de la brutalidad policial va mucho más allá que la simple experiencia de los hombres que tienen sexo con hombres y de las personas con VIH”, indicó Amon. “Esperamos que las protestas supongan una verdadera erradicación de los abusos que se producían en colectivos que el gobierno veía como una amenaza para la sociedad egipcia”.


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