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  1. Lo+Positivo 47, otoño 2010
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Alimentos para el cerebro

Imagen: Alimentos para el cerebroEl deterioro cognitivo asociado a la infección por VIH responde a la actividad del virus a nivel del sistema nervioso central, ya que altera el entorno de las células, condicionando la actividad y viabilidad de muchas neuronas implicadas en funciones importantes como la memoria o el procesamiento de la información, entre otras. Aunque la alimentación no puede constituir un tratamiento que impida el desarrollo del deterioro cognitivo, sí que puede ser un apoyo capaz de colaborar en el abordaje multidisciplinar de dicho trastorno o de tipo preventivo.

Así, la nutrición puede favorecer la restitución de algunas moléculas importantes a nivel neuronal que se ven afectadas por la acción del VIH, contrarrestando de alguna manera la toxicidad del virus sobre esta línea celular con funciones tan primordiales.
Imagen: Alimentos para el cerebro

¿Qué les pasa a las neuronas?

Las neuronas son unas células sin capacidad reproductiva, por lo que su número se va reduciendo a lo largo de la vida de una persona y a un ritmo más elevado ante condiciones negativas como la infección por VIH. De este modo, unas medidas nutricionales interesantes serían aquellas encaminadas hacia una reducción de la degeneración neuronal, producida, entre otros factores, por la acumulación de radicales libres o sustancias oxidantes en el sistema nervioso central. La actividad del VIH en este compartimento del organismo desencadena la liberación de agentes proinflamatorios, que, en muchos casos, son de tipo oxidante. Tanto la acción nociva de los radicales libres como la de las sustancias oxidantes pueden ser contrarrestadas por agentes antioxidantes. Las fuentes principales de antioxidantes se encuentran en el reino vegetal.

La lista de la compra


Cítricos: Son ricos en vitamina C y poseen una importante actividad antioxidante. Las naranjas, mandarinas, pomelos, limones o limas son los cítricos más frecuentes.

Té: Las infusiones de té (especialmente el té verde y el blanco) contienen antioxidantes como las catequinas, los flavonoides y las vitaminas C y E.

Hortalizas: Dentro de este gran grupo de alimentos destacan, por su actividad antioxidante, los ajos (con alicina, vitamina C y zinc) y las espinacas (ricas en betacarotenos y vitaminas C y E).

Otra estrategia nutricional frente al deterioro cognitivo es el consumo de alimentos que contengan sustancias que favorezcan la actividad neuronal. En esta línea, los ácidos grasos omega 3, las vitaminas del complejo B ó el ácido fólico son factores importantes para la función cerebral.

Ácidos grasos omega 3: Aunque su mecanismo de acción no está bien definido, numerosos estudios han mostrado su capacidad para mejorar el rendimiento cognitivo. Se encuentran, principalmente, en pescados azules, si bien existen algunas fuentes de origen vegetal, como las nueces o las semillas de lino.

Vitaminas del complejo B: Están implicadas en numerosas acciones, entre las que destacan la elaboración de neurotransmisores y el correcto crecimiento y desarrollo celular. Se hallan sobre todo en carnes, lácteos y huevos, aunque también en alimentos de origen no animal, como por ejemplo la levadura de cerveza o los frutos secos.

Ácido fólico: En algunos estudios ha mostrado su capacidad de mejorar las funciones cerebrales, además de los beneficios que aporta en numerosos procesos del organismo susceptibles de interaccionar con la actividad cerebral. Se encuentra de manera especial en alimentos vegetales, como las verduras de hoja verde, frutos secos, legumbres y cereales integrales, sin bien, de igual forma, está presente en la levadura de cerveza y en las vísceras de animales.

Poca sal y grasa animal


Por último, cabe tener en cuenta que otros factores como los niveles elevados de lípidos —tan habituales en personas con VIH— o la hipertensión afectan de manera negativa a la salud cerebral. Así, en lo que al aspecto nutricional se refiere, un consumo bajo o moderado de sal y de alimentos ricos en colesterol y grasas saturadas —como carnes grasas, embutidos y quesos con elevados porcentajes de materia grasa— puede ser una medida interesante encaminada a la preservación de la función cognitiva.

Fuentes:

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