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  1. Lo+Positivo 46, verano 2010
  2. Opinión

Me queda la palabra

opina. Tengo 57 años, soy seropositivo desde el año 1991 y me medico desde el 1998. Soy activo laboralmente.

Imagen: Me queda la palabraBueno, ante todo, un saludo a todo el equipo y a toda la comunidad positiva. El motivo que me mueve y al que le vengo dando vueltas, no sabiendo cómo hacerlo, es la idea de un apartado literario. Hace unos meses, tuvimos aquel gratificante especial o monográfico de LO+POSITIVO con un titular muy esclarecedor de todas las dudas y temores que hasta entonces habíamos tenido todos sobre si llegaríamos o no a cumplir tantos o cuantos años, en el que se dejaba claro que se podía envejecer con el VIH; así era el título: “Envejecer con VIH”. Era muy completo, saludable y enriquecedor. En un “Comparte tu historia” de esas fechas, se publicó una carta de una compañera de Madrid, creo, que contaba que tenía 46 años y que llevaba más de 20 infectada, y que nunca imaginó llegar tan lejos —como yo—.

Agradecía y daba la enhorabuena a la revista por su labor y por “ayudarnos a poder seguir mirando al futuro con esperanza” (y valor, añado yo; además, suscribo los agradecimientos por descontado a la revista y la alegría de poderla seguir leyendo y apreciando después de más de diez años).

¿Cómo podíamos imaginar, hace dos décadas —dice ella—, que algún día tendríamos la oportunidad de leer una composición informativa y festiva de ese tipo —bonita expresión, Envejecer con VIH—? “Y usted que lo vea”, y nosotros que lo estamos viendo. Nos ayudáis “a no rendirnos y levantarnos cada día con los mismos deseos de entonces para seguir batallando por un futuro que aún nos aguarda”; ¡olé!.

La verdad es que me gustó y me caló hondo la aportación de la compañera con su acertada y sosegada forma de vivirlo y explicarlo. Ella, en su contento y felicidad —como yo—, nos contaba cómo se había apoyado en la literatura para superar los buenos y malos momentos que había tenido en su devenir de infectada y enferma; incluso lo sugería como un instrumento de autoayuda para descargar las emociones con la narrativa, creando un apartado literario. Y yo, que para esto de escribir, y no te digo ya de la informática, soy un verdadero negado, por muchas vueltas que le doy, no encuentro la manera de crearme un apartado literario. Y aunque soy un renuente para las letras, me gustaría poder llegar a hacerlo como ella, disponer de dicho apartado y estar yo también en disposición de llenarlo todos los días con mis escritos vivenciales o pinitos literarios.

Y es por esto que, de momento, desearía que pudiese ser ella quien leyera esto y me quisiera echar una mano para desplegar mis velas y mis artes en el caudaloso abismo de las letras y la literatura; y si no, que alguien me explique cómo y dónde se crean los apartados literarios.

Muchas gracias y un abrazo para todo el mundo positivo; por lo menos, me ha servido para soltarme un poquillo y decir: Aquí estoy, y aunque lo he perdido todo, me queda la palabra, como al poeta Blas de Otero, y un apartado literario donde escribirla, ja, ja.

Salud.

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