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  1. Lo+Positivo 45, primavera 2010
  2. En Persona

Muchos jóvenes aún ven el VIH como algo que apenas les va a afectar

en persona. Rafa Torres es un madrileño de 29 años, con el pelo corto y voz grave. Habla en un tono relajado, pero incisivo.

Imagen: Rafa Torres // Foto de Marta PichEs vocal de salud de la Junta Directiva de COGAM, el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, una asociación con la que está vinculado desde principios de 2008 y de la que ahora es el responsable de realizar diariamente pruebas rápidas de detección del VIH. Es un hombre valiente, como lo demuestra al convertirse en una de las caras de la última campaña de prevención de la FELGTB con el lema ‘VIH/sida aquí y ahora. Hablemos...”.

LO+POSITIVO [LMP]: ¡Felicidades por la campaña!
Rafa Torres [RT]: ¡Gracias! Creo que está muy bien, aunque fue difícil encontrar gente que diera la cara e ir más allá de los activistas históricos. Pero al final lo conseguimos. ¡Veremos qué tal funciona!

LMP: ¿Te costó dar este paso?
RT: En mi caso, ser aún más visible ha sido fácil. Trabajo desde hace un tiempo en COGAM y mi situación personal no es complicada. Todo mi entorno sabe que soy seropositivo. Bien, menos la familia de mi novio. Pero sólo es cuestión de tiempo…

LMP: ¿Te fue difícil, en su momento, la doble salida del armario?
RT: Como gay, no estuve en el armario mucho tiempo. Enseguida se lo dije a mi familia y a mis amigos. En el caso del VIH, nunca he estado en el armario. Tuve una infección muy agresiva y me enteré por ingreso hospitalario. El diagnóstico fue rápido y mi familia lo conoció al momento, incluso antes que yo. Me lo comentaron cuando ya estaba recuperado. Por lo tanto, nunca tuve ni la opción de esconderlo. Pero tampoco lo iba a pasar mal callándolo. No estoy dispuesto a estar puteado, ni preocupado.

LMP: Por desgracia, ser positivo públicamente es todavía poco habitual…
RT: Sigue siendo muy infrecuente. Lo normal es esconderlo, que lo sepa tu entorno más inmediato y ocultarlo en el plano laboral o social. Pero yo me he dado cuenta de que, al dar a conocer que tienes VIH, vas descubriendo otra gente que está en la misma situación, pero que hasta entonces lo tenía callado.
Imagen: Destacado de texto
LMP: ¿Le costó a tu familia aceptar que eras positivo?
RT: En mi familia ya había casos de VIH y, por eso, cuando lo supieron, enseguida preguntaron qué se tenía que hacer. Miraron adelante.

LMP: ¿Vivir un diagnóstico de joven es más duro?
RT: Lo primero que pensé es que me iba a morir. Si hubiera tenido 40 años, hubiera estado más preparado. Pero, por el resto, todo fue igual que en otras edades. La diferencia, la ponen los demás. En mi caso, las preocupaciones médicas ya casi han desaparecido. Hay que hacer vida normal.

LMP: ¿En Madrid es todo más fácil?
RT: En Madrid, puedes conservar un cierto anonimato y estar más relajado. Eso conlleva que, para una gran mayoría, las personas con VIH sigan siendo invisibles. Y si pasa en Madrid… ¡imagina en otras ciudades! Hay mucha gente de pueblo que no quiere tratarse en el hospital más cercano por si les reconocen. O que, incluso, se desplazan y van a vivir a otro sitio, porque creen que van a poder ser más libres. Es triste que todo esto siga pasando.

LMP: Pero supongo que se observa un cierto cambio respecto a épocas anteriores…
RT: El rechazo y el estigma empiezan a ser menores, sobre todo en lo referente al VIH. Pero los estereotipos y las discriminaciones no desaparecen. El desconocimiento del VIH sigue siendo el mismo que hace 20 años, y el “yo no me acercaría” sigue vigente.

LMP: ¿También entre los más jóvenes?
RF: Entre los jóvenes sigue habiendo mucha vida dentro del armario. Queda mucho camino por recorrer: visibilidad, aceptación en el trabajo, leyes adecuadas... Es un proceso lento, parecido al que se ha seguido para conseguir la aceptación gay. Ahora bien, esto no impide que, a día de hoy, si eres visible, te lleves muchas hostias. Pero cuanta más gente haya, la situación irá cambiando.

LMP: ¿Y por qué siguen habiendo tantos nuevos diagnósticos?
RT: Entiendo que es una suma de factores. El colectivo de hombres gays ha sido muy activo en sus campañas y sus reivindicaciones. Pero, proporcionalmente, recibimos pocos recursos destinados a la prevención del VIH. Hay una tasa de nuevos diagnósticos del 40% y los recursos destinados son sólo un 8% del total.

LMP: ¿Las nuevas generaciones son conscientes del riesgo?
RT: En HSH cada relación de riesgo implica mucho más riesgo. Siempre se han hecho campañas que no mostraban la realidad. Hay muchos jóvenes que aún ven el VIH como algo que, muy difícilmente, les va a afectar. Relacionan la enfermedad con una persona de 40 años con mala pinta. Piensan, de manera equivocada, que el virus se puede reconocer y no saltan las alarmas.

LMP: ¿No te gusta lo del “Póntelo, pónselo”?
RT: El problema es que te piden que te pongas el condón sin hacer hincapié en el porqué. En los años 80, veías con claridad los efectos del VIH, sus consecuencias devastadoras. Pero ahora, muchos jóvenes no se sienten reflejados en las campañas. Hay que cambiar de estrategia y descubrir que informar ya no es suficiente, aunque también es cierto que nadie conoce la fórmula mágica.

LMP: ¿Eres de los que consideras que hemos bajado la guardia?
RT: Creo que sí, deberíamos ser más conscientes de que somos una población vulnerable. Hay que hacer autocrítica y preguntarnos por qué hemos querido cerrar los ojos. Por otra parte, dentro del colectivo de hombres gays y bisexuales sigue existiendo un rechazo muy importante. Tal vez sea porque se da mucha importancia a lo físico, a la imagen. Y el VIH tiene que ver con esto. Tenemos que descubrir qué se ha perdido con las nuevas generaciones.

LMP: Y en tu caso, ¿tenías toda la información? ¿Qué debería haber sido distinto?
RT: Yo sabía que tenía que utilizar el preservativo y, además, conocía a personas con VIH. Pero no establecía el vínculo entre las dos cosas. El VIH me sonaba tan remoto como la fiebre amarilla. No iba conmigo, veía lo del condón más bien como una cuestión de higiene que de salud. Mira, hace poco descubrí una película absurda, pero divertida, que se titula Amanece, que no es poco (1988). En la historia aparece una pareja heterosexual que tienen sexo, y a ella, a los 5 minutos, le crece la barriga, y a los 10 minutos, ya tienen un hijo. Viéndola, pensé que si todas las consecuencias se produjeran a los 5 minutos, otro gallo cantaría. Cuando pensamos en una relación sexual, nos quedamos en el orgasmo. Pero hay más. En mi caso, a los 26 años, tuve una relación sexual no protegida, me acosté con un chico de 20 y pocos… ¿qué tenía esto que ver con… nada?

LMP: ¿A qué tiene miedo un joven con VIH?
RT: Supongo que a la “muerte social”. Que la gente te diga que ‘no’. Que te quedes sin trabajo. Son consecuencias difusas. Pero existe el miedo de que te pase.

LMP: ¿Tú sufriste esta “muerte social”?
RT: No es lo habitual, pero algo de esto ha habido. Alguna relación sentimental que se ha frustrado al decir la verdad. La primera vez duele un montón, pero luego te acostumbras. Hay mucha gente que sigue pensando aquello de: “yo no tendría relaciones con alguien con VIH”.

LMP: ¿Hay que decirlo en la primera noche?
RT: En mi caso, como está relacionado con mi trabajo, con mucha gente ya sale de forma natural. Pero hay veces que, si no sale, no lo comento. Me protejo y punto, no tengo que dar muchas explicaciones.

LMP: ¿Notaste, en algún momento, rechazo al sexo?
RT: Sí, al inicio. Después, en pocas semanas, mi cabeza fue cambiando. Dejé de estar obsesionado en que no hubiera ningún resquicio de riesgo. Suavicé las medidas de prevención. Ahora ya las he interiorizado con naturalidad.
Imagen: Rafael Torres // Foto de Marta Pich
LMP: Rafa, tu trabajas en COGAM haciendo pruebas rápidas del VIH, dando información y apoyo. ¿Qué has aprendido durante este tiempo?
RT: Es una experiencia muy interesante, aunque noto que la gente recién diagnosticada todavía sigue preguntado mucho el “cuánto me queda”. Pero todo el mundo va retomando su vida, asume el diagnóstico y lo asimila. Lo peor es el sentimiento de culpabilidad, el “me lo he buscado porque he cometido el error”. Pese a que uno no haya sido promiscuo, se siente mal.

LMP: Un deseo de futuro…
RT: Estoy esperanzado porque mi experiencia ha sido positiva. Creo que vamos a mejorar bastante en cuanto a estigma social y calidad de vida. Mi deseo es que haya mucha más implicación por parte de las administraciones públicas. Son responsables de tomar cartas en el tema social y médico. No nos podemos quedar en que la legislación es suficiente, porque sigue existiendo discriminación. A lo mejor, se tienen que hacer leyes nuevas.

LMP: ¿Y a los médicos, qué les pedirías?
RT: Haría falta que la especialidad en VIH fuera reconocida. No puede ser que aún nos sigan atendiendo médicos generalistas que, en muchos casos, suelen ser personas con los mismos prejuicios que una parte de la sociedad y que todavía piensan que el VIH es consecuencia de un determinado tipo de vida. En cualquier caso, también tenemos muy buenos profesionales, pero poco reconocidos.

LMP: ¿Y en las asociaciones?
RT: Hace falta más implicación. Si bien, por suerte, nos encontramos que mucha gente que había desaparecido del activismo, ahora está volviendo.

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