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  1. Lo+Positivo 43, verano 2009
  2. En Persona

El ejercicio físico en la infección por VIH

en persona. El ejercicio no está contraindicado en personas con VIH. Los efectos saludables del ejercicio, tanto físicos como psicológicos, se han utilizado para tratar, con resultados positivos, los síntomas de fatiga, depresión, náuseas y ansiedad en personas que tienen otras enfermedades crónicas, como por ejemplo, fibromialgia, cáncer, fatiga crónica y enfermedad cardiovascular.

No existen indicios de que, en personas con VIH, llevar un estilo de vida físicamente activo, e incluso participar en competiciones deportivas, pueda repercutir de manera negativa en su estado de salud.

Los estudios llevados a cabo apuntan al hecho de que las personas con VIH podrían responder al entrenamiento físico de una forma similar a cómo lo hacen aquéllas que no tienen el virus. No se ha observado en personas con VIH que practican deporte efectos adversos, como reducción de los recuentos de células CD4 o aumentos de la carga viral. Por esta razón, se asume generalmente que realizar programas de entrenamiento de una intensidad moderada es bueno y beneficioso para la mayoría de pacientes que tienen VIH.

Cuadro: Ejercicios aeróbicos y anaeróbicos En líneas generales, se tiende a considerar que, en personas con VIH, la práctica moderada de(véase cuadro 1) proporciona un incremento en el recuento de células CD4, una mejora de la resistencia de tipo aeróbico, del estado físico y la capacidad oxidativa, un incremento de la masa muscular, y un menor descenso de los niveles de corticoesteroides —hormonas del grupo de los esteroides implicadas en una variedad de procesos fisiológicos—. Estudios realizados han mostrado que estos resultados pueden suponer una mejora en la calidad de vida, dado que la persona con VIH que practica ejercicio siente una mayor energía física y un mejor estado de ánimo.

Cuadro: Efectos del ejercicioEl ejercicio permite aumentar la masa muscular y reducir la grasa corporal, resultados ambos que dependerán de la dieta, la duración, la frecuencia, la intensidad y el tipo de ejercicio (véase cuadro 2). Se dice que los ejercicios de fuerza tendrán como resultado el desarrollo de una mayor masa muscular; en cambio, los ejercicios aeróbicos de resistencia suponen el desarrollo de una mayor resistencia a la fatiga y un mayor grado de recuperación cardiopulmonar y del aparato locomotor, así como un mejor recambio hídrico.

Todavía no hay indicios claros de que los ejercicios de resistencia puedan reducir los efectos secundarios del tratamiento antirretroviral (por ejemplo, la lipodistrofia); sin embargo, existe un amplio consenso de que este tipo de ejercicios no es perjudicial, y que llevar a cabo un programa de entrenamiento de ejercicios aeróbicos de resistencia es beneficioso para la salud cardiovascular de las personas con VIH.

En cualquier caso, antes de iniciar cualquier tipo de programa de entrenamiento, es recomendable consultar con tu médico de VIH y/o un especialista en medicina deportiva. Ellos podrán aconsejarte sobre cuál es la actividad más adecuada a tu estado de salud y tu capacidad física, si todavía no te has lanzado a la práctica del deporte, o realizarte un seguimiento clínico más estrecho, en caso de que practiques ejercicio con bastante frecuencia.

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