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Queridos lectores,
Os voy a hablar de lo que esta revista ha hecho por mí: me ha ayudado a conocer cómo es mi enfermedad —el VIH— y la medicación que hay para tratarla.
Me llamo Jonathan, tengo 29 años, y llevo viviendo con VIH desde hace 4 años. Me infecté por desgracia, al compartir una jeringuilla con otra persona. Estaba preso y se me vino el mundo encima; por eso y por saber también los años de condena que me pedían. Perdí a mi pareja, mi familia me rechazó, todo por culpa de la heroína.
Conocí a un compañero en la prisión de Teixeiro (A Coruña); él fue quien me enseñó esta revista. Cuando empecé a leerla, vi que había mucha gente infectada como yo y que podía convivir con el virus. Me pareció heroico por su parte, me animó a no tirar la toalla y a cambiar mi vida radicalmente.
Comencé a tomar metadona para desengancharme; fue la mejor decisión para empezar a llevar una vida sana. Al cabo de un año y medio, la dejé. Lo que no dejé nunca fue de leer LO+POSITIVO y a toda esa gente que cuenta su testimonio, cosa que me ayudó a saber que muchas personas rehacían su vida, y a luchar por conseguirlo yo también.
Hoy por hoy, no consumo nada y llevo más de un año y medio sin hacerlo. Os podéis imaginar lo que esto significa para mí. He recuperado a mi familia, lo que me ha motivado mucho. Ahora, sólo me quedan 22 meses de prisión, y por una vez, empiezo a sentirme libre. Quiero dar las gracias a los lectores y lectoras y demás gente que leen y escriben sus experiencias: ayudan a muchas personas. También a todo el equipo que hace posible la edición y a su sección de contactos, ya que, gracias a ella, conocí a Andrea, una mujer estupenda que me escribe y me ha recordado, que incluso con mi enfermedad, uno se puede volver a enamorar. Pensaba que sería imposible encontrar a una mujer que me quisiera como soy. No le importó que estuviera preso, que anteriormente fuera heroinómano; lo que sí le importa es que nunca mire atrás y no recaiga. Me da muchos ánimos para no tirar la toalla y luchar día a día por mí y por lo que quiero.
Es mi primera condena y la última; lucharé por que mis palabras se cumplan.
Ahora, mi familia, Andrea y yo mismo somos los pilares de mi vida para retomar la felicidad, y no volver a mi atormentado pasado. Hoy día me cuido mucho, hago deporte, como bien, leo y me relaciono mucho mejor con el resto de las personas.
Gracias a todas y a todos por ayudarme y espero que este artículo pueda también llegar a otras personas para que salgan de su oscuridad.
Os voy a hablar de lo que esta revista ha hecho por mí: me ha ayudado a conocer cómo es mi enfermedad —el VIH— y la medicación que hay para tratarla.
Me llamo Jonathan, tengo 29 años, y llevo viviendo con VIH desde hace 4 años. Me infecté por desgracia, al compartir una jeringuilla con otra persona. Estaba preso y se me vino el mundo encima; por eso y por saber también los años de condena que me pedían. Perdí a mi pareja, mi familia me rechazó, todo por culpa de la heroína.
Conocí a un compañero en la prisión de Teixeiro (A Coruña); él fue quien me enseñó esta revista. Cuando empecé a leerla, vi que había mucha gente infectada como yo y que podía convivir con el virus. Me pareció heroico por su parte, me animó a no tirar la toalla y a cambiar mi vida radicalmente.
Comencé a tomar metadona para desengancharme; fue la mejor decisión para empezar a llevar una vida sana. Al cabo de un año y medio, la dejé. Lo que no dejé nunca fue de leer LO+POSITIVO y a toda esa gente que cuenta su testimonio, cosa que me ayudó a saber que muchas personas rehacían su vida, y a luchar por conseguirlo yo también.
Hoy por hoy, no consumo nada y llevo más de un año y medio sin hacerlo. Os podéis imaginar lo que esto significa para mí. He recuperado a mi familia, lo que me ha motivado mucho. Ahora, sólo me quedan 22 meses de prisión, y por una vez, empiezo a sentirme libre. Quiero dar las gracias a los lectores y lectoras y demás gente que leen y escriben sus experiencias: ayudan a muchas personas. También a todo el equipo que hace posible la edición y a su sección de contactos, ya que, gracias a ella, conocí a Andrea, una mujer estupenda que me escribe y me ha recordado, que incluso con mi enfermedad, uno se puede volver a enamorar. Pensaba que sería imposible encontrar a una mujer que me quisiera como soy. No le importó que estuviera preso, que anteriormente fuera heroinómano; lo que sí le importa es que nunca mire atrás y no recaiga. Me da muchos ánimos para no tirar la toalla y luchar día a día por mí y por lo que quiero.
Es mi primera condena y la última; lucharé por que mis palabras se cumplan.
Ahora, mi familia, Andrea y yo mismo somos los pilares de mi vida para retomar la felicidad, y no volver a mi atormentado pasado. Hoy día me cuido mucho, hago deporte, como bien, leo y me relaciono mucho mejor con el resto de las personas.
Gracias a todas y a todos por ayudarme y espero que este artículo pueda también llegar a otras personas para que salgan de su oscuridad.








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