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  1. Lo+Positivo 40, verano 2008
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Mujeres y trabajo sexual

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El nulo reconocimiento de derechos humanos y legales fundamentales, junto con el estigma asociado históricamente al ejercicio de la prostitución, contribuye a la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales ante el VIH. Aloña Goiburu coordina el programa sobre mujer y prostitución de la Comisión Antisida de Bizkaia. Junto con su compañera Zuriñe y dos ex usuarias, ahora agentes de salud, atienden las necesidades de las mujeres que acuden a su asociación.

Imagen: Aloña Goiburu coordina el programa sobre mujer y prostitución de la Comisión Antisida de BizkaiaLO+POSITIVO (LMP): ¿Cuáles son los programas que ofrecéis?
Aloña (A) : El programa más importante es el de atención en nuestra sede. Acuda quien acuda, se le atiende: mujeres, hombres, transexuales. Un 83% de las personas atendidas en 2007 fueron mujeres. Aquí pueden coger preservativos, hacer cualquier tipo de consultas; intentamos resolver desde aquí cualquier duda o problema que les surja. En caso de no poder, las derivamos. Las derivaciones, normalmente, tienen que ver con infecciones de transmisión sexual (ITS). En Bilbao, hay un centro de información sobre ITS gratuito y público, en el que no piden tarjeta sanitaria, una cuestión importante para el colectivo al que atendemos.

LMP: ¿Son personas que están fuera del sistema sanitario?
A: Muchas de ellas, sí. Estamos hablando de mujeres mayoritariamente extranjeras y en situación irregular. Conseguir empadronamiento cuando se viaja de ciudad en ciudad durante todo el año no es fácil. Se les intenta orientar sobre cómo empadronarse, obtener la tarjeta sanitaria... Para poder atender todas sus necesidades sanitarias es importante facilitarles el acceso a la sanidad pública.

LMP: ¿Qué percepción hay del VIH en el mundo del trabajo sexual?
A: Se le tiene mucho miedo, aunque también es cierto que existen muchos mitos. Se observan diferencias entre las personas del mismo colectivo; hay quienes saben perfectamente qué riesgos pueden asumir y cuáles no, qué medidas preventivas hay que adoptar frente al VIH. Sin embargo, hay muchas mujeres que acaban de llegar a España, procedentes de otros países, con muchos mitos sobre la enfermedad. Trabajamos para superar todos esos mitos, les explicamos qué es el VIH, cómo se transmite, cómo se puede prevenir. La consciencia en temas de salud de las mujeres que ejercen la prostitución es enorme; aunque sólo sea por miedo, procuran cuidarse de las prácticas que puedan llevar un riesgo. El problema es el sexo oral: no lo relacionan con otras ITS, no le ven ningún peligro y es una práctica muy habitual.

LMP: ¿Qué tipo de intervenciones lleváis a cabo en los locales?
A: Tenemos dos programas de trabajo a pie de calle: uno dirigido a clubes, y otro, a pisos donde se ejerce el trabajo sexual. Las agentes de salud se encargan de visitar cada mes los clubes a los que tenemos acceso. Les regalamos un pequeño paquete con preservativos: normales, de colores, con sabores, fuertes, lubricantes…

Es el gancho que utilizamos para poder hacer el resto de las intervenciones. Cuando les hablamos del material preventivo que les hemos regalado, aprovechamos para hablar también de prácticas sexuales y riesgos. Los pisos son lugares donde se ejerce el trabajo sexual normalmente las 24 horas. En ellos, al igual que en los clubes, la prostitución es una realidad muy compleja. Cada uno se rige por sus propias reglas. Existen sitios donde hay una encargada que mantiene las normas de la casa, el control del dinero y de los servicios; otros están autogestionados, es decir, son las propias chicas las que reciben y administran el dinero.

Nuestra labor en los pisos consiste en explicar qué servicios hacemos y podemos ofrecer. Les regalamos, como en los clubes, preservativos y lubricantes. Atendemos demandas concretas que les surgen y que nosotras podamos tramitarles. Con el tiempo, hemos visto que estas mujeres que trabajan en los pisos tienen interés en programas como el nuestro. Pero también hemos comprobado que existen dificultades para acceder a los locales; por ejemplo, hay pisos en los que se trabajan las 24 horas. Las chicas tienen sólo una hora para salir, y con una hora, tampoco tiene mucho sentido intervenir.

Por otro lado, en la actualidad, existen cada vez más macroclubes, locales muy grandes de donde las chicas apenas salen y, por eso, nos acercamos nosotras. También hay más personas que trabajan en pisos; si hojeas la sección de contactos de los periódicos, te darás cuenta de que en los últimos tiempos hay más anuncios, más competencia; en definitiva, se están produciendo cambios en el ejercicio de la prostitución. Por este motivo, nosotras también hemos cambiado nuestra estrategia y nos acercamos para entregarles el material. Conversamos con ellas, hablamos de las necesidades que tienen, si quieren hacer un taller en el propio piso. A veces, hacemos talleres improvisados: te empiezan a preguntar cosas y, al final, acabas realizando un taller sobre prevención del VIH y prevención de ITS. Muchas cuestiones que surgen están relacionadas con la inmigración.

LMP: ¿Cuál es el perfil de las mujeres?
A: Mujer latinoamericana, principalmente brasileña, de entre 30 y 35 años. Por otro lado, una amplia mayoría tiene cargas familiares, lo único que cambia es si las tienen en sus países de origen o aquí. Las que menos son las que tienen a sus familias aquí.

LMP: ¿Hay problemas de violencia de género?
A: Sí. Existen situaciones de riesgo dentro de las habitaciones, palizas por parte de los clientes. Es un mundo en el que los abusos son bastante habituales y que los interiorizan como parte de su realidad. Las mujeres transexuales son las que más insultos y vejaciones suelen padecer.

LMP: ¿Cuáles son los retos?
A: Se solapan muchos temas. Lo primero que me viene a la mente es reconocer los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución. Creo que hay que realizar un trabajo político firme que permita reconocer los derechos de estas personas, lo que supone un cambio de perspectiva en el ejercicio del trabajo sexual. Los actuales prejuicios dificultan posicionarse de forma clara sobre el tema. Creo que es necesario seguir con el debate. ¿Quién defiende sus derechos, sus necesidades? ¿Cómo frenar los abusos que pueden sufrir por parte de los dueños o encargados de los locales, que son, en definitiva, quienes ponen las normas? Como no existe regulación, se autorregulan ellos mismos. En estas casas se puede trabajar hasta 23 horas seguidas con una sola hora de descanso; no pueden salir a partir de las 24 h, tampoco con otra persona del piso, no tienen cocina: o te calientas en el microondas lo que traes o te lo pides de la calle. ¿Dónde están los derechos de estas mujeres?

Para solucionar esta cuestión, sería importante activar al colectivo, pero entiendo que el estigma sigue pesando en exceso. Creo que tendría que haber un trabajo en dos sentidos, de arriba abajo, es decir, un cambio en la legislación que, por ahora, no es posible; y de abajo arriba, que ellas mismas exigieran sus derechos. Nosotras, en la medida de lo posible, tratamos de empoderarlas, que sean ellas mismas quienes inicien el cambio. Hacemos cursos de dos semanas, de lunes a viernes, de dos horas de duración cada sesión, en los que intentamos abordar esos aspectos. La posibilidad de llevar a cabo intervenciones continuadas te facilita conocer qué aspectos tienes que reforzar con ese grupo en concreto o con esa persona en concreto. Es decir, no trabajamos desde la imposición, sino desde la reflexión.

También intentamos hablar con las dueñas y encargadas de los pisos, evidentemente con mucho tacto, porque nos podrían dificultar el acceso a las chicas y que nos prohibieran la entrada. Les hacemos ver que la ayuda que ofrecemos es beneficiosa tanto para las chicas como para su propio negocio.

Uno de los últimos servicios que hemos implementado es un grupo de mujeres. Nos reunimos para hablar de prostitución, de lo que es ser mujer, ser madre, lo que supone tener hijos, el hecho de superarse una misma, la búsqueda de sus objetivos, la posibilidad de que ellas mismas se auto­empleen. Es decir, que puedan buscar otras alternativas, si no les gusta el ejercicio de la prostitución, y que ellas mismas puedan llevarlas a cabo. Es otra forma de empoderar; les brindamos el espacio para que puedan verbalizar lo que quieren y nosotras buscamos los recursos para que puedan cumplir sus objetivos.

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