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  1. Lo+Positivo 40, verano 2008
  2. Opinión

Ay Internet… tienes nombre de mujer

las más positivas

Tradicionalmente, las mujeres han estado relacionadas con tejer, tanto telas como relaciones, y eso también se puede aplicar al tejido de redes de apoyo. Sin embargo, resulta curioso observar que, durante algún tiempo, se han mantenido al margen de una de las redes, internet, que ha contribuido en mayor medida a vincular a personas y organizaciones de todos los puntos del planeta, y que ha resultado de vital importancia para el trabajo comunitario dentro del ámbito del VIH en todo el mundo.

Hasta hace poco, la escasa participación de las mujeres en los medios de comunicación virtuales, muy similar a la que se da en los tradicionales, ha limitado las posibilidades de estudiar el efecto de las nuevas tecnologías en el uso real por parte de las mujeres y el impacto de éstas en el desarrollo de aquéllas.
Imagen: Internet, tienes nombre de mujer
Existe cierta tendencia a explicar la ausencia de las mujeres en el ámbito de las nuevas tecnologías a partir de su ­desinterés (incapacidad, según algunos) por estos temas. Esta explicación contribuye a perpetuar el mito que nos mantiene apartadas de estas herramientas de comunicación, en primer lugar, manteniendo el acceso en función de las necesidades masculinas, lo que obliga a las mujeres a tener que adaptarnos no sólo a una innovación tecnológica, sino a una que no nos ha incluido en su definición; y en segundo lugar, no teniendo en cuenta otro factor que es determinante en la mayoría de los casos: una menor autonomía y poder adquisitivo de las mujeres en general.

A pesar de ello, estudios recientes muestran que las mujeres se están adentrando cada vez más en la relación virtual, aunque también ponen de manifiesto diferencias de uso que se han asociado con los diferentes roles que mujeres y varones asumen en sus vidas cotidianas: así, algun@s expert@s aseguran que los hombres utilizan internet por las experiencias que les ofrece, mientras que las mujeres lo prefieren por las conexiones humanas que promueve. ¿Es esto así porque, efectivamente, nos comportamos de manera diferente, o también caemos en la trampa de los roles de género al hacer el análisis partiendo de una premisa de desigualdad?

Estudios sobre comunicación han detectado la existencia de una polaridad en el lenguaje de ambos sexos, que se puede resumir en: “debatir o relacionarse”, “informar o conectar”, “competir o cooperar”. Así, parece que, en general, los varones buscan soluciones directas a los problemas y consejos útiles, mientras que las mujeres tienden a buscar y construir intimidad hablando de sus problemas y mostrando empatía para reforzar las relaciones.

El hecho de que estas diferencias se deban a unos roles de género aprendidos no hace que sean menos reales y parece que juegan en contra de la oportunidad de las mujeres para expresarnos en torno a temas relacionados con la política, la macroeconomía o lo público, ámbitos tradicionalmente reservados a los varones. El efecto de internet está contribuyendo a que estos límites empiecen a verse desdibujados: antes, el trabajo remunerado se producía fuera de casa, la acción política requería la exposición pública, etc., mientras que hoy se está dando, cada vez más, una mezcla de ámbitos que hará necesaria una redefinición del lugar en el que tienen lugar determinados actos, y, por tanto, también de la presencia que tenemos en esos lugares.

Una de las premisas básicas de la comunicación a través de internet es que el género no tiene por qué ser evidente (como ocurre en la relación cara a cara), que se puede ocultar o incluso falsear; por ello, cabe preguntarse si se puede determinar el sexo de la otra persona al leer sus palabras. Susan Herring (1) opina que sí. En una ponencia, realizada en una mesa redonda titulada Making the Net *Work*, afirmó que mujeres y hombres tenemos estilos reconocibles en nuestros escritos en internet, y apoyó esta afirmación en una investigación en la que analizó mensajes de varones y mujeres enviados a diferentes listas de correo.

Herring también afirma que hay una ética diferente en la comunicación. Tomando como ejemplo la agresividad, concluye que ambos sexos utilizan diferentes sistemas de valores a la hora de razonar esta conducta. Teniendo en cuenta que hablamos de un medio de comunicación que puede ser anónimo (con lo que se promueve la desinhibición general), son sobre todo los hombres los que manifiestan una conducta más agresiva, a pesar de que la encuesta realizada por Herring sobre ética de la comunicación revela que tanto hombres como mujeres valoran por igual las expresiones de aprecio, la neutralidad en los mensajes y el disgusto por la agresividad. Esta contradicción la lleva a afirmar que, en general, los varones se adhieren a un sistema de valores en el que se da más valor a la libertad de expresión, la expresión abierta y el debate, mientras que las mujeres se muestran más sensibles a incluir los deseos de todas las participantes en beneficio de la comunidad.

En su libro Women, Men and Language (“Mujeres, hombres y lenguaje”, revisado en 2003), Jennifer Coates (2) hizo un estudio sobre listas de discusión de hombres y mujeres por separado en el que puso de manifiesto que, cuando las mujeres hablan entre sí, revelan mucho de sus vidas privadas, se vinculan a un tema durante mucho tiempo, dejan espacio para que todas acaben sus intervenciones y procuran que todas participen. Los varones, en cambio, apenas hablan de sus relaciones y sentimientos personales, cambian a menudo de tema y compiten por ver quién está mejor informado.

El anonimato del medio podría beneficiar a todas las personas usuarias, pues éstas no tienen que responder de manera evidente a las exigencias de su género; en este sentido, es muy probable que internet logre contribuir a que las mujeres puedan expresarse con mayor libertad desde esta plataforma. Pero no hay que olvidar que la comunicación no trata sólo de “decir”, sino de que haya alguien al otro lado para “escuchar y responder”. Y esto no será factible mientras los mecanismos de la comunicación sigan siendo diseñados de acuerdo con un único modelo. No se trata de “favorecer” que las mujeres se adapten y puedan hacer uso de una herramienta que “pertenece” a otros, sino que el diseño de la misma debe ser el que se adapte a las diferentes maneras de hacer de todos y todas, de tal forma que internet no sea sólo un “sitio” construido para que podamos encontrar información, sino un terreno en construcción en el que la participación de todos y todas pueda contribuir a su desarrollo. De hecho, el mayor acceso de las mujeres ya empieza a percibirse, en cierta medida, con la aparición de algunos espacios en los que desarrollar el intercambio de conocimientos comunes, que respondan a sus intereses, y de una forma que resulte más favorable a la propia expresión, aunque todavía existen múltiples barreras a la participación de las mujeres que es necesario abordar desde perspectivas diferentes para que podamos convertirnos en algo más que “usuarias” de un entorno que no nos pertenece.


Referencia:
  1. Susan C. Herring, profesora de Ciencias de la Información. http://ling.uta.edu/~susan
  2. Jennifer Coates, profesora de lengua inglesa y lingüística. www.roehampton.ac.uk/staff/JenCoates/

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