gTt-VIH

  1. Lo+Positivo 38, otoño 2007
  2. En Persona

¿Quién ha sido?

en persona

Entrevistas a personas con VIH y activistas sobre el sexo, la responsabilidad en la transmisión del VIH y con sentimientos como la rabia y la culpa.

Foto: Ernesto y Helena

 

Ernesto Delgado


Ernesto es canario, tiene 46 años, vive en Tenerife y tiene VIH desde 1993. Desconoce a ciencia cierta la vía de transmisión, pero piensa que pudo haber estado relacionada con el uso de drogas inyectables, aunque no descarta que haya sido también por vía sexual. Su infección fue en esa misma zona donde reside.
(En la foto con Helena)

LO+POSITIVO (LMP): ¿Cuándo te diagnosticaron que tenías el VIH?
Ernesto (E): El diagnóstico fue en el año 1996, estaba en un momento muy malo con unos linfocitos CD4 de 60.

LMP: ¿Cómo viviste el momento del diagnóstico?
E: Cuando me diagnosticaron pensé que ahí se acababa mi vida, no sólo por el diagnóstico mismo, sino también por el resultado de las analíticas que arrojaban muy malos pronósticos.

LMP: ¿Y ahora cómo lo vives, a pesar de que han pasado ya 11 años desde el diagnóstico?
E: Yo considero que el hecho de vivir con VIH, a pesar de los años, sigue siendo algo insuperable, como si fuese una gran carga para mí. He superado ese momento del diagnóstico y, a pesar de los mitos y de lo que se dice del VIH, se ha avanzado mucho en cuanto a la enfermedad, pero hay muchas patologías subyacentes a la toma de los antirretrovirales, al desarrollo de la enfermedad. No cabe duda de que eso imprime carácter y una forma de vivir, tanto en relación con mis cuidados como con mis dolores. Entonces, claro, hay momentos malos, críticos, pero también hay otros momentos estupendos.

LMP: ¿Se podría decir que alguien es culpable de la transmisión del VIH?
E: No, no lo achaco a alguien en concreto, ni nunca me he molestado en saber en qué momento pudo haber ocurrido. Hay personas a las que les preocupa mucho esto, el quién, con qué me infecte.

LMP: Y en tu caso particular, ¿hay alguien responsable o culpable de haberte infectado?
E: En un primer momento sí lo viví muy mal, lo viví con mucha obsesión y paranoias referidas a que era un virus experimental, que se me había ido mucho la mano y todo ese tipo de cosas. Me sentía culpable conmigo mismo. Hoy por hoy, lo tengo muy asimilado, no creo que exista ningún tipo de responsabilidad, o en cualquier caso fue la mía. Yo conocía los medios, en aquel momento se hacía prevención: tenía conocimiento de las vías para protegerme y no las llevé a la práctica.

LMP: ¿Por qué no hay responsables en tu situación particular?
E: Porque yo he decidido e incorporado el preocuparme por algo más allá de la infección, porque considero que ese momento de la infección ya es agua pasada y esto supone
una cuota de estrés personal sobre la que no vale la pena indagar. Y yo no podría dedicarme a mirar quién fue responsable de aquéllo, sino que me limito únicamente a hacer lo que buenamente creo que sé que puedo hacer, y esto es transmitir a aquellas personas que no tienen la enfermedad un mensaje de prevención. Y es lo que más puedo hacer.

LMP: ¿Y en otros casos, hay alguien a quien se le pueda atribuir la responsabilidad de la transmisión sexual del VIH?
E: Conozco casos. De hecho, desde mi asociación no, pero sí he visto muchos casos de personas irresponsables en cuanto a prácticas y que no le dicen nada a su pareja. Veo que, a pesar de la prevención, existen muchas cosas que fallan. Y pienso que hay muchas personas que piensan que esto no les va a afectar: “a mí, esto no me tocará”. E, ineludiblemente, todos estamos metidos en el bombo, y si realizas prácticas y no tienes protección, aumentan las probabilidades de que te pueda tocar.

LMP: ¿Cómo te sientes a la hora de abordar a tus parejas o iniciar una nueva relación?
E: Hubo momentos muy malos, tuve que hacer un trabajo personal con un psicólogo durante un largo tiempo. Hoy tengo una pareja estable, somos serodiscordantes. Es decir, ella no tiene VIH y realmente lo ha aceptado muy bien, se preocupa incluso por conocer más sobre esta enfermedad. Siempre hay miedos, pero tenemos mucha precaución.

LMP: ¿Qué clases de miedos hay?
E: Los miedos a infectarse, que ante una situación concreta que se pueda producir, ella se pueda infectar con el VIH por un descuido o cualquier otro motivo. Por eso, para nosotros la información es fundamental, cuanta más información tengamos como pareja sabremos qué cosas se pueden o no se pueden hacer y reducir el riesgo.

LMP: ¿Y si hipotéticamente, por alguna razón que se escapa a tus propias manos, infectas a tu pareja, cómo te sentirías?
E: Me sentiría fatal. Pero pienso que hay una cuota de corresponsabilidad. A pesar de ello, me sentiría muy mal, porque esto siempre ha sido para mí el caballo de batalla, el procurar que no se infecten los demás. Pero no puedo cargar sobre mi conciencia que nadie se infecte, entiendo que cada cual tiene su responsabilidad y que cada cual tiene que asumir sus riesgos y ha de ser responsable con esos límites ante los riesgos que asume.

LMP: ¿Hay un porcentaje de responsabilidad o culpabilidad entre algunas personas infectadas y las que no lo están?
E: Sí, sobre todo entre aquellos que primero no son capaces de protegerse sabiendo que son seropositivos. Hoy por hoy, sabemos que si tenemos una relación sexual fuera de la pareja o lo que sea, lo lógico es ponerse una protección, incluso en pareja. Actualmente, el VIH es una responsabilidad de todos, no algo que se circunscriba a determinados grupos como se decía antes. Es cosa de todo el mundo, lo estamos viendo día a día, la población heterosexual crece en el número de nuevas infecciones. Yo lo veo de manera constante en mi asociación: es triste, gente con 19 años que piensa que esto no les iba a pasar a ellos.

Marcela


Marcela (nombre supuesto) es colombiana, aunque reside de forma legal en España desde hace unos once años. Fue diagnosticada como VIH+ cuando tenía 50 años y lo adquirió por contacto sexual. Cuatro años después, cuenta a LO+POSITIVO su experiencia como mujer infectada con VIH y su decisión de cerrar con llave todas las puertas ante la posibilidad de una nueva relación afectiva tras su diagnóstico.

LO+POSITIVO (LMP): ¿Cómo viviste el momento de la transmisión del VIH?
Marcela (M): Creo que como todas las personas, muy mal. Porque había un sentimiento de irresponsabilidad que me rondaba por la cabeza siempre tras el diagnóstico, yo tuve mucho sentimiento de culpabilidad. Pero procuré sobrellevar el problema, convivir con él y tener mucha responsabilidad desde ese momento en adelante.

LMP: ¿Qué sentiste cuando te diagnosticaron la infección?
M: Me sentí demasiado mal, me desesperé como persona porque nunca pensé que me iba a tocar a mí.

LMP: ¿Era algo que te esperabas?
M: No, nunca. Llevaba una vida sin pareja estable y tenía una vida muy tranquila y no lo esperaba.

LMP: ¿Podrías describir cómo fue que adquiriste el VIH?
M: Tenía un amigo esporádico, nada estable, al que veía de forma irregular, y creo que fue allí, teniendo relaciones sexuales con él de forma desprotegida.

LMP: ¿Eras consciente de que él tenía el VIH?
M: No, nunca imaginé que lo podía tener.

LMP: ¿Y él era consciente de que tenía VIH?
M: No, en absoluto. Me vine a dar cuenta en mi país, cuando fui de visita y me hice muchos exámenes que acostumbro a realizarme de ginecología, sangre, pulmón, de todo. Entonces fue cuando me di cuenta. Pero no estaba en espera de que me fuera a pasar ni de que la otra persona estuviera también enferma, no se me ocurrió nunca nada de eso. Desde entonces, comencé a tomar mi primer tratamiento, que me perjudicó muchísimo, ya que fue bastante fuerte todo lo relacionado con los efectos secundarios tras la toma de pastillas, pero ahora ya sobrevivo con todo el problema.

LMP: ¿Una vez que te comunicaron el diagnóstico, lo conversaste con él?
M: No, nunca. Yo dejé de ver a esa persona y me quedé callada. Tengo la costumbre de no contarle a nadie mis problemas.

LMP: ¿Cómo lo vives ahora?
M: Lo vivo con mucha tranquilidad. Ante mí, como persona, con mucha responsabilidad, lo más tranquila posible, manejando el tratamiento bien, y ante la sociedad, llevando las cosas bien.

LMP: ¿Hay alguien que sea culpable de la transmisión del VIH?
M: La falta de información que tenemos antes de adquirir la enfermedad, nos confiamos de que esto nunca nos va a tocar, pero nos toca.

LMP: Y en tu caso particular, ¿alguien es culpable de que te hayas infectado de tu enfermedad?
M: No, no culparía a nadie. Antes está la desinformación. Yo no sabía nada de esta enfermedad, y ahora no es tiempo de culpar a nadie. Yo simplemente me responsabilizo de mi problemática y la separo de lo que ocurre con otros, porque hay muchas personas que conviven con el mal y dicen que no se van a ir solos, sino que se van a llevar a otros por delante. Entonces yo me cuido y cuido de tener más responsabilidad conmigo y con los demás, quizá no ante el hombre, sino ante la vida y ante mí.

LMP: ¿Por qué crees que nadie es culpable de la transmisión?
M: En parte sí, en parte creo que es culpable el hombre, es decir, nosotros mismos, porque hay muchas personas que dicen que si los han infectado no tienen problemas de llevarse a otras personas por delante.

LMP: ¿La transmisión sexual del VIH es una responsabilidad compartida o individual?
M: En parte compartida, porque hay que compartir con el que está al lado que no vamos a hacer daño; y en parte individual, porque es responsabilidad de cada uno respetar a los demás como personas y no ir haciendo daño a nadie.

LMP: ¿Cómo te sientes a la hora de abordar a tus parejas sexuales?
M: Desde que sé que tengo VIH nunca más volví a tener pareja, ni con protección ni sin ella. Vivo sola, me siento mal de verme sola, porque mis hijos crecieron y se independizaron. Pero procuro llevar la situación. Es una decisión personal que he tomado desde el momento de mi diagnóstico.

LMP: ¿Por qué has tomado esa decisión?
M: Porque creo que es lo más responsable ante mí y ante los ojos de la vida y de Dios.

LMP: ¿Tienes miedo de infectar con VIH a otra persona que tú ames?
M: Sí. Me parece que si llevo las cosas mal por la vida, mi gente recogerá esos errores más adelante. Entonces, no quiero tener ese cargo ante la vida, me llevo esa ley de compensación para mí, porque si mal siembro, mal recojo.

FOTO: Marco Imbert

 

Marco Imbert


Marco está diagnosticado con VIH desde 1995. Por aquel entonces aún vivía en Chile. Sus cálculos le hacen presumir que está infectado desde 1989 o 1990, mientras mantenía relaciones sexuales con otro hombre. Tiene 43 años y está soltero desde hace un año y dos meses. A partir del momento en que supo que estaba infectado, todos sus novios –formalmente hablando– han sido personas sin VIH, y con todos ellos ha sido al fin y al cabo más importante el sentimiento, el cariño, el amor, la atracción, frente al “fantasma” o el “miedo” que da el VIH.

LO+POSITIVO (LMP): ¿Cómo viviste el momento de la notificación?
Marco (M): Lo viví desde dos puntos de vista. Por una parte, ya poseía bastante información de lo que era en ese momento el SIDA -porque entonces ni siquiera se hablaba del VIH sino directamente del SIDA-, por la muerte de amigos, la muerte de compañeros y gente de tu entorno, fundamentalmente del colectivo gay. Luego, en lo personal, lo viví como una cierta confirmación en respuesta a una conducta sexual. Cuando se hablaba del SIDA y del cáncer gay me planteaba que esto podía ocurrir, estaba mentalizado. Igualmente te preocupa, entras en un estado de miedo, ansiedad, dudas. La única alternativa para luchar y afrontar la situación era justamente la información, saber qué es esto, qué es lo que tengo y cuáles son mis armas, a dónde voy a ir con esto.

LMP: ¿Cómo te sentiste cuando fuiste notificado?
M: Fue un bombazo. Me sentí noqueado, pero fue una reacción bastante positiva dentro de lo que cabe, en el sentido de que me llegó muy adentro. Hubo una especie de viaje interior en mí que me hizo evaluar y hacer balance de lo que era yo y cuáles eran las expectativas de vida que yo quería empezar a tener desde ese momento.

LMP: ¿Y, actualmente, cómo lo llevas?
M: Bastante bien, de hecho ni me acuerdo de que lo tengo. Una de las metas que yo tuve desde el primer momento fue que yo no iba a permitir que el virus controlara mi vida. Era yo quien iba a controlar al virus y no iba a permitir que el virus ocupase en mi metabolismo el terreno suficiente como para controlarme. Y creo que, como individuos, tenemos las armas para poder llegar a ese estado, con un cambio de conducta, una responsabilidad, un compromiso personal, y poder dar la batalla. Asimismo, tener el virus no ha sido un impedimento en lo sentimental, sexual o afectivo. Toda mi familia lo sabe. Quienes comparten mi vida en el trabajo y mis amigos, todos lo saben. Lo que he aprendido también es que es una información mía, personal y que no es digna de contar a cualquiera. Entonces, yo elijo con quién comparto la información.

LMP: ¿Hay alguien culpable de que te hayan transmitido el VIH?
M: Yo creo que es algo muy sutil, porque hay que preguntarse hasta dónde llega la responsabilidad del otro y mi responsabilidad. Esto es como el matrimonio, algo que es de dos. En el momento en el que ligo con un tío, un ligue de noche del cual entre el ligue y el polvo no pasan más de 20 minutos, yo sé cuál es mi responsabilidad frente a eso. Y también sé que el otro también es responsable. Pero si yo no he sido lo suficientemente responsable, no entro en el juicio. Creo que cada uno sabe lo que hay; la justificación de que no lo sabía o no tenía ni idea, no es suficiente. Muchas han sido la campañas, preservativos y condones desde mi colectivo, el colectivo gay. Es algo muy sabido y cada cual tiene su responsabilidad. Entonces, adjudicar y dar las culpas al otro no sirve.

LMP: ¿Por qué no?
M: Porque en el momento en el que yo ligo contigo y nos vamos a acostar o a tener relaciones y yo no tengo un preservativo, automáticamente yo sé que hay cosas que puedo hacer y otras que no. Ahora, si yo, por voluntad propia, decido asumir el juego y jugar a la ruleta rusa, ya es una decisión mía. También está la alternativa, la posibilidad y el hecho de que tú también deberías llevar un preservativo.

LMP: ¿Y si yo decidiera no utilizarlo?
M: Lo hablaría y te diría que lo lamento, pero no. Especialmente sabiendo y conociendo mi situación de seropositivo.

LMP: ¿Y si es una situación pactada?
M: Si es una situación pactada es diferente, porque la palabra lo dice, es un pacto. Hay una concesión previa de una información compartida y, en el momento en el que esa información existe, cada uno tiene la capacidad y el poder de decidir.

LMP: ¿Te sentirías culpable si transmitieras el VIH a otra persona?
M: Dependiendo de la forma. Es decir, si es algo que ha sido hablado y pactado, no me sentiría culpable. Porque hay un pacto de por medio, una información que ya está dada. Si yo, por mi parte, ocultase esa información y jugase con la afectividad y la sexualidad hacia otra persona, sí me sentiría culpable.

LMP: ¿Cómo te sientes a la hora de abordar a tus parejas sexuales?
M: Yo me siento bastante cómodo. El hecho de trabajar en una ONG centrada en el VIH, con información sobre sexo seguro, etc., hace que, frente a la seducción y al placer, sienta que juego con cierta ventaja. Cuando se da la situación, sé lo que puedo y no puedo hacer. Muchas veces, en el mismo momento ha surgido un comentario o, en la misma conversación, doy la información, y si se toma bien, estupendo.

LMP: ¿El hecho de que tengas el VIH te condiciona a la hora de plantear una nueva relación con otra persona?
M: Sí. Esto va implícitamente muy ligado a la forma en la que el individuo viva su condición de portador del VIH. Porque hay personas que pueden tener las herramientas y la capacidad de interiorizar y asumir o normalizar al máximo su vida, lo que implica su intimidad sexual, y otras que no las tienen.

LMP: ¿Y en el caso de Marcos?
M: En mi caso, yo sí he tenido la capacidad de hacerlo. Hasta el momento, he tenido parejas, he tenido ligues, he tenido novios y compañeros esporádicos, con los cuales no he tenido ningún problema.

LMP: ¿Has experimentado rechazo por el hecho de tener VIH?
M: No, porque ante todo siempre he puesto la información primero que nada, y asumo los límites y conozco los niveles de riesgo. Y siempre pongo el preservativo de por medio y el sexo seguro, siempre. Pero es una realidad muy individual y muy personal, sé lo que tengo y sé lo que llevo conmigo. El virus a mí no me lleva, pero yo sí lo llevo.

LMP: ¿Nunca te has planteado una relación con una persona que tenga tu mismo seroestatus?
M: No, nunca me lo he planteado como una alternativa para acceder más fácilmente a una pareja. Y no la he tenido porque no se ha dado, ni siquiera me lo cuestiono. Yo tengo abiertas las puertas a una persona con o sin VIH. Para mí, lo importante ante todo es la persona. Pero sí soy consciente de que muchas personas con esta enfermedad se plantean tener una pareja con VIH como alternativa, porque les resulta más fácil a la hora de abordar una relación, al estar con una persona que tiene también el VIH.

Sandra


Cuando Sandra (nombre supuesto) tenía 18 años conoció a un hombre que tenía 10 más que ella. Con él tuvo su primera relación sexual y estuvieron saliendo juntos durante siete años en total. A los seis años de relación, al novio le realizaron una intervención quirúrgica y, durante la misma, le detectaron que tenía el VIH. Hasta entonces ninguno de los dos sabía, a ciencia cierta, que él era VIH positivo. Sin embargo, Sandra declara que su ex "se iba de putas y esnifaba cocaína y no usaba métodos preventivos", y asegura que él tenía que intuir que tenía el virus. Hace cinco años que dejó esta relación.

LO+POSITIVO (LMP): ¿Tú nunca intuíste que él podía tener VIH?
Sandra (S): No, era una niña, yo tenía 18 años y él 28, te pilla muy niña.

LMP: ¿En aquel momento tenías información sobre el VIH?
S: Sabía algo, pero no llegas a pensar que te va a pasar a ti.

LMP: ¿Tenías relaciones sexuales con él sin preservativo?
S: Sí, como cualquier otra pareja que estaba a mí alrededor o como mis amigos.

LMP: ¿Era tu primer novio?
S: Sí. Por eso estoy mal, porque yo veo a mujeres que están con unos y con otros y yo que he estado sólo con él, que me pase esto a mí, no lo sé llevar.

LMP: ¿Cómo fue el momento de la transmisión?
S: Muy mal. Se lo detectaron primero a él, la médic@ nos decía que le estaban realizando pruebas y que tenía un virus de un perro, que éste se lo había transmitido, y que por eso le estaban realizando las pruebas. Después, nos subieron a una planta del hospital en donde estaban sentados tres médicos delante de nosotros y le dijeron a mi ex que tenía el VIH.

LMP: ¿Qué se te vino a la cabeza en ese momento?
S: No sé decírtelo, me quedé bloqueada. Le pedía a Dios que yo no lo tuviera. Pero… Yo, simplemente, me cuidaba para no quedar embarazada y tomaba pastillas anticonceptivas, pero nunca pasó por mi cabeza usar el condón para evitar la infección por VIH.

LMP: ¿Cómo es tu vida ahora tras estos cinco años?
S: Mi vida ha cambiado bastante, llevo mucha rabia. Rabia de tener VIH, de haberme infectado, de haber estado con una persona que se iba de putas. Tengo mucha rabia de él.

LMP: ¿Alguien es culpable de la transmisión del VIH?
S: Yo siempre le he echado la culpa a las putas, por marranas, porque vienen las inmigrantes a prostituirse. En Torrevieja están todas por las autovías.

LMP: ¿Y en tu caso particular, alguien es culpable?
S: Sí, yo. Por haber estado con esa persona, sabiendo que me sacaba 10 años y encima no lo quise, que es lo que más rabia me da.

LMP: ¿Y no piensas que él es también culpable de la transmisión del VIH?
S: Según él, y esto me lo dijo la médica que es la misma que le atiende a él, fui yo la que le infecté a él. Yo sé que la culpa ha sido de él, pero yo también tengo mucha culpa de no haber usado métodos para evitar la transmisión.

LMP: ¿Cómo te sientes respecto al hecho de vivir con el VIH?
S: Muy mal, porque me siento sucia, no sé vivir con ello. Yo no sé vivir con ello –rompe a llorar– porque soy una persona sana, no me merecía tener el VIH, porque si lo hubiera buscado de otra manera, estando con muchísimos hombres o drogándome o cualquier cosa, quizá podría llevarlo de otra manera, pero así no.

LMP: ¿Qué crees que falló?
S: No estar en el momento adecuado y con la persona adecuada, la falta de información, creer que esto no me iba a pasar a mí.

LMP: ¿Cómo te planteas tu sexualidad por tener el VIH?
S: Hoy en día, yo estoy casada. Empecé una relación de amistad con un chico, a los quince días le conté que yo tenía un problema, le dije lo que era y le di la opción de seguir conmigo o dejarlo.

LMP: ¿Esta persona también tiene el VIH?
S: No, no lo tiene.

LMP: ¿Cómo abordáis la sexualidad entre vosotros?
S: Tuvimos un niño el año pasado, tengo un bebé de 11 meses y fuimos a por él.

LMP: ¿Lo planificasteis?
S: No, yo tengo mucho miedo al dolor. No me quería someter a una inseminación artificial; fue él quien lo quiso.

LMP: ¿Te sientes cómoda con tu pareja a pesar de que no tenga el VIH?
S: Sí, aunque a veces tengo miedo de infectarlo y de infectar a mi hijo.

LMP: ¿A ti te gustaría denunciar a tu ex pareja?
S: Sí, por el daño que me ha hecho. Porque lo veo a él, que está tan tranquilo, y yo no. Yo estoy en tratamiento psiquiátrico.

LMP: Y a pesar de que comentaras al principio de la entrevista que tú eras la culpable de la infección por VIH, ¿no es contradictorio que quieras denunciar a otra persona que sientas que no tiene responsabilidad o culpabilidad?
S: Él también tiene la culpa, porque, aun estando conmigo, la gente me decía que él se iba de putas. La culpa es mía por no haber puesto métodos, pero también es suya, sabiendo a lo que se arriesgaba.

Foto: Jesús López

Jesús López


Alicantino, de 39 años. Mi infección por VIH fue culpa de un compañero, que me engañó: estaba tomando medicación para el VIH y él me engañaba diciéndome que era para el colesterol y para el ácido úrico. Cogí una neumonía y, cuando ingresé en el hospital, me hicieron la prueba ELISA; ahí es donde me detectaron que yo era portador del VIH. Él nunca me dijo que lo tenía y ha estado engañándome prácticamente hasta que falleció.

LO+POSITIVO (LMP): ¿En qué año fue esto?
J (Jesús): Yo me enteré de esto en 2000. Y de pareja estuvimos desde 1995 hasta 2004.

LMP: ¿Cómo viviste la transmisión?
J: Por mi mente pasaron muchísimas cosas. En primer lugar, no sabía si matarlo a él o matarme yo. Hice dos intentos de suicidio y, gracias a Dios, y esto lo quiero entrecomillar, “lo que me hizo pasar a mí y no dio resultado, le pasó a él, porque le dio un infarto cerebral y falleció”. Que es lo que yo le dije a él en su momento: esto se te va a cobrar.

LMP: ¿En el momento del diagnóstico, qué sentiste?
J: Mucha impotencia, mucha rabia, de todo.

LMP: ¿Tu relación con tu ex pareja era conocida en tu entorno social?
J: En mi casa saben que yo soy homosexual desde que tengo 18 años. Del palo del VIH se enteró mi madre cuando yo estaba en el hospital. Yo lo sé oficialmente desde el año 2000.

LMP: ¿Alguien es culpable de la transmisión sexual del VIH?
J: Mi ex, por no habérmelo dicho. Yo le preguntaba para qué te tomas esto, y como en aquel momento no tenía información de los medicamentos que él estaba tomando, en los años que tuvimos de relación no le di mayor importancia. No miraba el ordenador ni su medicación para saber para qué era.

LMP: ¿Y no había una cuota de responsabilidad de tu parte?
J: No, yo desconocía la información, no tenía mucha idea del VIH ; además, una de las cosas de las que me echo yo la culpa es de haberlo hecho sin protección. Pero esto ocurría porque yo tenía una pareja estable y no pensé que me podía tocar a mí.

LMP: ¿Y ahora, cómo te sientes con el hecho de vivir con el VIH?
J: Yo de maravilla. Mi vida cambió al principio, sobre todo cuando tuve esos dos intentos de suicidio, pero ahora ya lo tengo muy asumido, llevo siete años con él y es como si conviviera conmigo mismo.

LMP: ¿Por qué intentaste suicidarte?
J: Porque me sentía engañado y por el estigma que me causaba a mí ser un portador del VIH. Hay mucho estigma y mucha discriminación. En mi trabajo no lo saben y tengo que ir a escondidas a tomarme las pastillas.

LMP: ¿Vives en pareja actualmente?
J: Sí.

LMP: ¿Tiene el VIH?
J: Sí, me lo dijo desde el principio y yo también se lo dije.

LMP: ¿Cómo abordas o abordaste a tu pareja sabiendo que tenías el VIH?
J: Con mucho miedo y muchos tabúes. Al principio yo no se lo iba a decir, pero cuando él confesó primero y dijo que llevaba muchos años con el VIH, fue cuando yo se lo planteé también y tiramos para adelante.

LMP: ¿Igualmente antes de él, también tuviste otras parejas?
J: No, porque seguí con mucha depresión durante un año por tener el VIH. Y no me apetecía salir de casa, ir a los locales de ambiente, el ordenador lo desconecté por completo. A partir del diagnóstico, no me apetecía tener ningún tipo de prácticas sexuales ni con mi pareja ni con nadie. Me metí en un mundo en el que no quería que me besaran, que me tocaran ni que me abrazaran. Fue un cambio radical muy grande.

LMP: ¿Cómo os planteáis vuestras relaciones sexuales entre tú y tu pareja?
J: Cuando hacemos el amor siempre utilizamos el preservativo.

LMP: ¿La decisión de tener una pareja con VIH responde a una decisión personal?
J: Yo buscaba a una persona que tuviera también el VIH porque sentía que así podía tener más puertas abiertas a una relación y estar más compenetrado. Y además, porque sabes que hay mucha estigmatización cuando vas diciendo por ahí que eres portador del VIH: cogen por ahí y se piran.

LMP: ¿Sientes que no podrías tener una relación con una persona sin VIH?
J: Yo no. En primer lugar, porque no se lo diría. Es lo que está pasando últimamente, que conoces a alguien y por el miedo al rechazo no lo dices. Entonces, prefiero esconderlo y utilizar el preservativo, que siempre lo llevo en el bolsillo y listo.

FOTO: Helena y Ernesto

 

Helena


Helena es de Tenerife, donde trabaja de auxiliar de enfermería y colabora como voluntaria en la asociación UNAPRO. Ella no vive con VIH, pero su pareja, un hombre, sí.
(En la foto con Ernesto Delgado)

LO+POSITIVO (LMP): ¿Quién crees que es responsable de la transmisión sexual del VIH?
Helena (H): Prefiero no llamarlo culpa y sí responsabilidad, creo que es un tema social, aparte de individual, y que nos atañe a todos. Si cada persona se responsabilizase de sí misma, esto no ocurriría. Esto es algo que hay que transmitir a nuestros hijos, en casa y en los colegios.

Creo que la responsabilidad no recae en los demás. Si tienes el VIH tu responsabilidad es decirlo y también protegerte. Pienso que la persona que tiene el VIH debería decirlo para que la otra persona tenga la libertad para decidir tener o no esa relación. Si a mí no me lo dicen, están coartando mi libertad para decidir, aunque sea por miedo al rechazo. Por otro lado, también es cierto que en las relaciones esporádicas tampoco le puedes hacer una analítica a la persona con la que te vas a acostar y, desde luego, puedes pillar cualquier cosa. Entonces, protegerse es una responsabilidad de uno mismo.

Pienso que las medidas radicales que se toman en algunos países en los que se puede denunciar a alguien que ha infectado a otr@ quizá pueden ayudar para que se tome una mayor conciencia. Infectar a alguien me parece de una maldad terrorífica, me da igual si es por inconsciencia o imbecilidad. Sí tú tienes la libertad de infectarme, yo también tengo la libertad de denunciarte y que te castiguen por ello.

LMP: ¿Cómo te afecta el VIH en tus prácticas sexuales?
H: En todas las prácticas sexuales siempre hay un riesgo, a pesar de usar el condón. Unas prácticas tienen más riesgo que otras, todo depende de lo que te quieras arriesgar. Yo personalmente tomo precauciones, bueno, las tomamos los dos. Ante todo, la primera medida es usar el preservativo, con quien quiera que sea. Prevenir antes que curar, para mí eso es lo fundamental.

LMP: ¿Puedo preguntarte sí tienes miedo?
H: Sí, creo que estoy sufriendo un riesgo. Por supuesto tomo medidas, pero siempre se corre un riesgo. Aunque tampoco puedes vivir permanentemente en una paranoia. Estoy siendo muy valiente por decir que soy pareja de un hombre seropositivo, socialmente es complicado admitirlo. A nivel personal, aunque no lo voy contando, tampoco voy a esconderme.

LMP: ¿Alguna frase que quieras añadir?
H: El sexo es de dos, las relaciones sentimentales son cosa de dos.

FOTO: JosepetaJosepeta


Diagnosticada en el año 1992, cree que en realidad se infectó hace unos 22 por vía sexual. Josepeta, que también vive con el VHC, es de Barcelona, donde colabora con la asociación ABD y es activista del VIH desde el año 1995.




LO+POSITIVO (LMP): ¿Cómo viviste la transmisión del VIH?
Josepeta (J): Cuando me enteré no tuve plena consciencia, estaba sana y no le di mucha importancia. Me lo dijo la persona que me infectó y fue un accidente no intencionado. Cuando me enteré no experimenté ni rencor, ni sentimientos de culpa, estaba más preocupada por la salud de él; aunque ya no manteníamos una relación sentimental, éramos amigos.

LMP: ¿Cómo te sientes ahora?
J: Siento lo mismo. Siento un gran cariño por esa persona, se trató de una circunstancia de la época que nos tocó vivir, él era usuario de drogas, y en los años 1983-19585 no se daban jeringuillas. No le doy más vueltas.

LMP: ¿Quién crees que es responsable de la transmisión sexual del VIH?
J: Hoy, ambas personas implicadas en una relación sexual son igualmente responsables de la consecuencia de ésta. Con la información de la que hoy disponemos no tiene por qué ocurrir, y sí ocurre, algún motivo habrá y hay que seguir adelante. Sí que creo que la persona portadora del VIH debería comunicar esta condición a sus parejas, pienso que se trata de una cuestión de responsabilidad.

LMP: ¿Cómo afecta el VIH a tus relaciones y a tus prácticas sexuales?
J: Vivo con un hombre seronegativo, llevamos casados 16 años. Nuestra sexualidad es sana y segura. El VIH afecta a la vida sexual de las personas porque la propia infección y sus tratamientos causan una disminución de la libido. Creo que esto es muy común y que, en la mayor parte de los casos, la propia infección es la mayor responsable de ello.
Si me paro a pensarlo, me doy cuenta de que en el caso de que mi pareja llegase a infectarse me sentiría fatal, lo viviría con un gran cargo de conciencia y mucho peor que mi propia enfermedad. No pienso mucho en esta posibilidad porque practico sexo seguro.

LMP: ¿Alguna frase que quieras añadir?
J: Voy a pensar en ello…

FOTO: Marta PastorMarta Pastor


Marta tiene 32 años y es activista del VIH desde el año 1999. Trabaja en el Comité AntiSida de Vizcaya, con sede en Bilbao, sobre todo con personas usuarias de drogas.

LO+POSITIVO (LMP): Para que las preguntas que queremos hacer tengan sentido, pedimos primero a la gente que nos diga si vive con el VIH.
Marta (M): No tengo el VIH, al menos eso creo. Espera, voy a contarte un sueño que tuve una vez...

Soñé que estaba en la consulta de mi jefa, que era mi ginecóloga, y ella me decía que tenía el VIH. No daba crédito, pensé, ¡¿cómo es posible esto, trabajo en el campo de la prevención?! Me dominó un absoluto sentimiento de asombro y de incredulidad. Pensé mucho en este sueño, es como si eres mecánico y no le pones aceite a tu coche. Después de un análisis lógico del sueño, llegué a la conclusión de que, aunque trabajamos en esto, también somos personas, con todo lo que esto implica. Es decir, cabe en lo posible el tener prácticas de riesgo. Esto me ayudó a comprender que muchas otras cosas intervienen en lo que hacemos y que no todo se resuelve con la información, no es suficiente.

A partir de mi sueño, lo imagino de otro modo. Se trata de la idea de los cajones. Somos un todo y a la vez nos componemos de múltiples cajones: no es posible que un cajón prevalezca siempre sobre los demás, incluso no sería deseable. Está el cajón de lo racional, de lo emocional y luego están nuestras conductas. No siempre existe una congruencia entre todos nuestros cajones. Todo esto me lleva a pensar que el VIH no es un asunto de las personas que ya están infectadas, se trata de una cuestión humana y que va mucho más allá, además de que nos implica a todos.

LMP: ¿Quién crees que es responsable de la transmisión sexual del VIH?
M: Cada un@ de nosotr@s, tengamos o no VIH, somos responsables de nuestra propia vida y de nuestro autocuidado. Por otro lado, protegernos o no en nuestras relaciones sexuales es una opción personal que no podemos imponer a l@s demás.

Me parece que ya está bien de pretender que la responsabilidad recaiga sobre las personas que viven con VIH. Hay muchas otras cosas aparte del VIH de las que un@ puede querer protegerse. Creo que la respuesta de las personas que creen que son seronegativas a la hora de usar métodos preventivos es clave para hablar de responsabilidad en la transmisión sexual del VIH. Creo que hay que cambiar el foco de una vez por todas.

LMP: ¿Cómo afecta el VIH a tus relaciones y prácticas sexuales?
M: ¿Me estás preguntando por mis prácticas sexuales? Particularmente, mi opción personal es cuidarme y, teniendo en cuento lo que hay, el VIH me afecta de la misma manera que a cualquier otra persona. Sé como hay que protegerse, en el resto soy igual que los demás: ¡un cajón con un montón de cajones más! Mira, mi opción personal es cuidarme, pero después de mi sueño creo que soy más consciente de que la realidad es compleja. Una realidad compleja requiere una respuesta plural.

FOTO: Javi Garcia con Marta Pastor

 

Javier García Ogara


Javi tiene 44 años, y durante los últimos 5 ha sido activista colaborador de la asociación Itxarobide de Bilbao. Vive con VIH y con hepatitis C, que adquirió por vía parenteral. Explica que ya hace 20 años que dejó atrás la heroína.
(En la foto con Marta Pastor)

LO+POSITIVO (LMP): ¿Cómo viviste la transmisión del VIH?
Javier (J): En ese momento no tuve auténtica consciencia de ello, andaba enganchado a la heroína y el VIH era casi lo de menos.

LMP: ¿Cómo te sientes ahora?
J: Mi percepción ha cambiado, no me culpo por ello. Atribuyo el haberme infectado a la falta de información que había en ese momento. Las circunstancias, la juventud y el total desconocimiento son los únicos responsables de aquellas infecciones. No teníamos ni idea, de eso hace 25 años.
Me siento bien, tengo un mayor control emocional de la enfermedad y tengo mucho menos miedo. Me encuentro en mejores condiciones para hacer frente a las dificultades y ahora tengo ganas de cuidarme; creo que eso es lo fundamental.

LMP: ¿Quién crees que es responsable de la transmisión sexual del VIH?
J: Las dos partes implicadas en una relación son responsables, de igual manera pero en diferente modo, ninguno lo es más que el otro. El portador tiene la responsabilidad de tomar precauciones, usar el preservativo, y el no portador tiene la responsabilidad de protegerse a sí mismo.
Pienso que la persona portadora del VIH no tiene por qué exponer esta situación de forma inmediata a sus parejas, desde luego no tiene por qué comunicarlo en las relaciones esporádicas y tampoco al principio de una relación. Pienso que sí hay que decirlo más adelante, y a medida que se establece un compromiso con la otra persona.
Si me pongo a imaginar el caso de que es un amigo el que hoy se infecta, que se infecta y me lo cuenta… creo que le daría dos tortas. Me enfadaría, con la información que tenemos hoy… primero le daría dos tortas y luego lloraría con él.

LMP: ¿Cómo afecta el VIH a tus relaciones íntimas y a tus prácticas sexuales?
J: No me preocupa que alguien se pueda infectar teniendo relaciones íntimas conmigo porque tengo control sobre los medios para prevenirlo. En el caso hipotético de que eso ocurriese de forma accidental, me sentiría muy mal, pero lo atribuiría a algo externo a mí, algo que ha escapado a mi control, lo atribuiría a algo accidental.

No creo que el VIH coarte mi sexualidad. Hace unos años sí, tenía lipodistrofia y me veía como un “yonki”. Aunque no tomaba drogas, la cara me delataba y mi aspecto de enfermo me generaba miedo. Sentía miedo al rechazo y me preocupaba mucho lo que otras personas pudiesen pensar sobre mi vida y mis hábitos. La cara es el espejo del alma y hoy me dicen: “¡ jo, Javi, pero qué guapo estás...!”.
Después de todos estos años he aprendido a cuidarme, a dedicarme tiempo y a quererme, creo que es lo más importante y lo único que vale.

LMP: ¿Alguna frase que quieras añadir?
J: “Si te quieres a ti mismo, todo te será mucho más fácil”.

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