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  1. Lo+Positivo 37, primavera 2007
  2. Cuidarse

Nosce te ipsum*, pequeño taller de interpretación de sueños

cuidarse

Los seres humanos siempre nos hemos sentido atraídos por el origen y significado de los sueños. Este interés ha sido variable en los distintos lugares y épocas de la historia. Así, en las antiguas civilizaciones y en los pueblos primitivos se da un valor premonitorio a los sueños y chamanes y hechiceros los consideran valiosos como lo son sus visiones en el estado de vigilia. En otros periodos de nuestra cultura occidental, los sueños han sido generalmente desdeñados por ser considerados manifestaciones inexplicables.Ya en el siglo XX y de la mano del célebre psiquiatra y analista alemán Sigmund Freud, los sueños empezaron a tener un interés científico. Freud trabajó con la presuposición de que los sueños no son algo casual, sino que están asociados a pensamientos y problemas conscientes. Por otro lado, en la década de los 50 la investigación empírica empezó a ocuparse del fenómeno de los sueños en tanto que procesos fisiológicos.

Aunque no existe consenso en el mundo científico de por qué soñamos, se acepta que los sueños son una reacción de la propia mente del individuo. Soñar, al igual que dormir o respirar, es algo absolutamente natural. Una vez dormimos, a los 30 o 40 minutos empezamos a soñar, lo hacemos entre tres y cuatro veces cada noche, dentro de los períodos REM1 del sueño. No obstante, acostumbramos sólo a recordar los sueños más próximos al momento de despertarnos. Las pesadillas y también el sonambulismo, pertenecen a los períodos no REM2 del sueño.

Actualmente, la mayoría de l@s psicólog@s están de acuerdo en que los sueños expresan aspectos inconscientes de las personas. En este sentido, los sueños representan valiosos obsequios, inestimables instrumentos para el autoconocimiento.

En ocasiones tendemos a ignorar e incluso negar los “mensajes” de nuestros sueños porque éstos nos parecen extraños. Pongamos como ejemplo que soñamos con la imagen agresiva y aterradora de alguien a quien conocemos bien y que en absoluto responde a esa imagen en la vida despierta, pensamos que “no tiene ningún sentido” y desestimamos nuestro sueño porque nos sentimos confus@s. Los sueños pueden parecernos fantasías endebles, evasivas e inciertas porque no se expresan dentro de los límites de la lógica racional. Pero los sueños son en realidad claros y no tratan de presentarse bajo falsas apariencias. En el ejemplo anterior, quizás cabría pensar que la hostilidad no reconocida en la otra persona puede ser un aspecto que no reconocemos en nosotr@s mism@s.

Imagen: Taller de sueñosEl filósofo alemán Nietszche dijo que el lenguaje de los sueños precede al lenguaje verbal. Así pues, en las frases preverbales de nuestro desarrollo, siendo bebés y también en las épocas prehistóricas, antes de que los humanos aprendiésemos a usar el lenguaje, nuestra representación del mundo y de la realidad se hizo a través de imágenes mentales; éstas son también la materia prima de los sueños.

Existen algunos mitos y creencias falsos alrededor de los sueños. Muchas personas creen que los sueños tienen un carácter premonitorio y que pueden revelarnos hechos que indefectiblemente van a ocurrir en el futuro, algunas personas han sentido terror de un sueño por ese motivo.

Los sueños ciertamente cumplen una función anticipatoria y pueden anunciar ciertos sucesos mucho antes de que ocurran en la realidad. En este sentido, los sueños a veces se comportan como oráculos délficos porque nos previenen simbólicamente y nos advierten de los peligros que corremos. Esto no es un milagro o una forma de precognición. Muchas crisis de nuestra vida tienen una larga historia inconsciente y aquello que no logramos ver concientemente lo ve nuestro inconsciente que nos previene a través de los sueños. Pongamos un ejemplo de esto: una mujer sueña en una ruptura amorosa. Quizás esta persona no comprende en ese momento el significado de su sueño, en el que advierte un fuerte sentimiento de dolor y de desconcierto. Pueden pasar incluso años y esta mujer, para quien era inexplicable en el momento de su sueño una ruptura, termina por separarse de su pareja. También puede ocurrir que tal separación no se produzca pero en cualquier caso, los sueños nos ponen en antecedentes de algo que ocurre dentro de nosotr@s, ya sea un malestar o un anhelo. Este tipo de sueños a menudo se presentan de repente y nos preguntamos qué puede haberlos provocado, sin duda tienen una razón de ser.

El inconsciente parece conocer el mensaje del que la conciencia no está informada y por lo que se puede deducir de los sueños, el inconsciente realiza sus deliberaciones instintivamente.

 «Ciertos sueños, visiones o pensamientos pueden aparecer repentinamente; y por muy cuidadosamente que se investiguen, no se puede hallar cuál fue su causa. Esto no quiere decir que no tengan causa; la tienen con toda seguridad. Pero es tan remota u oscura que no se la puede ver. En un caso semejante hay que esperar hasta que el sueño y su significado sea suficientemente comprensible o hasta que ocurra algún hecho exterior que pueda explicar el sueño.» (C.G. Jung, El hombre y sus símbolos)

Los sueños sólo se pueden interpretar por la persona que sueña o junto a ella. La persona que sueña es quien confiere significado a su sueño. Es necesario poner el contenido de los sueños en relación al presente, a las circunstancias actuales de quien sueña y teniendo por contexto la totalidad de su vida.

También es necesario tomar en consideración la forma en que la persona construye sus significados (principios y valores importantes) extraídos de los relatos en torno a sus experiencias vitales.

No existen guías sistemáticas para la interpretación de los sueños. Ciertamente, existen determinados símbolos o “motivos simbólicos” que son típicos y que se producen con frecuencia en muchas personas. Entre estos motivos están las caídas, los vuelos, las persecuciones, estar poco o absurdamente vestid@ en lugares públicos, tener prisa, estar perdid@, luchar con armas inútiles, estar completamente indefens@ o correr mucho sin llegar a ninguna parte. Lo más importante de los sueños es la estela de emoción que dejan tras de sí; indefensión, ansiedad, miedo, anhelo o alegría pueden ser algunas de estas emociones. Los motivos y también los símbolos oníricos* deben ser considerados dentro del propio sueño y no de forma aislada, como formas que se explican por sí mismas.

Para la comprensión de los sueños lo más importante no es conferir una interpretación inequívocamente correcta a lo que soñamos. Los sueños son simbólicos y por tanto tienen más de un significado. Lo importante en el abordaje de los sueños es reflexionar sobre lo que nos ocurre. Se trata de contemplar el sueño, ver qué evoca en nosotr@s, de dónde procede y hacia dónde nos lleva. Despacio, nos preguntamos: «¿Qué puedo ver?, ¿qué puedo aprender?».

Los sueños son un reflejo de nuestras preocupaciones emocionales y como tal, pueden cumplir varias funciones:

1) Función anticipatoria: a través de estos «sueños futuristas» podemos hacer un ensayo virtual de una situación importante que se acerca y de la que no conocemos el resultado. En los sueños ensayamos las actitudes que después tomaremos en la vida despierta.
«La función del sueño es la autoclarificación de la postura ante el problema. Mediante la producción de metáforas aparentemente incomprensibles, el sueño produce, igual que un poeta, sentimientos y emociones que no se podrían haber producido durante el día, en contacto con la realidad y el pensamiento lógico. De esta manera, el soñador consigue acumular una cierta fuerza irracional que le sustenta en la consecución de su propia finalidad.» (C.G. Jung, El hombre y sus símbolos)

Por ejemplo: tenemos una visita muy esperada (y también temida) con nuestr@ querid@ médic@ especialista. Días antes soñamos con una niña de diez años a la que echan injustamente de clase. Quizás este sueño y el sentimiento de impotencia que genera en nosotr@s nos pone sobre aviso de la indefensión que sentimos frente a esta situación y frente al/la médic@. Si hacemos caso a nuestro sueño probablemente nos prepararemos adecuadamente, procurando relativizar la figura de autoridad, trabajando la asertividad para la entrevista, etc.

2) Función compensatoria: a través de estos «sueños consoladores» compensamos las que sentimos o creemos son nuestras limitaciones y culminamos deseos y anhelos.
Por ejemplo: en algunas épocas en las que sentimos con mayor fuerza nuestras limitaciones físicas tenemos un sueño que nos inviste de nuevas fuerzas. En el sueño aparece un animal alado que vigorosamente se alza por encima de los derruidos cimientos de una casa. Este sueño nos pone en conocimiento de lo que nos aflige y también nos infunde coraje.

3) Función catalizadora: a través de estos «sueños alquímicos» elaboramos procesos emocionales. Como hemos dicho, lo más importante de los sueños es la emoción que dejan tras de sí. Los sueños afectan a nuestro estado de ánimo incluso cuando no los recordamos. A veces recibimos fuertes impresiones emocionales a través de nuestros sueños y cuando nos despertamos, estas emociones siguen afectando a nuestro estado de ánimo. Esto puede contribuir positivamente a la toma de conciencia de contenidos más o menos inconscientes, tal es la labor de los sueños, empujarnos hacía el autoconocimiento.

Por otro lado, algunos sueños llegan de improviso a nuestra vida y pueden manifestarse como una revelación, podemos llamarlos «sueños tesoro», nos quedamos con ellos como si de un fetiche se tratara. Son sueños que jamás olvidaremos y que llevamos siempre con nosotr@s porque nos conmueven y dejan huella.

Los sueños recurrentes (que se repiten frecuentemente o episódicamente) representan la insistencia de nuestro inconsciente por mostrarnos algo a lo que por algún motivo nos resistimos. Estos sueños pueden ser el reflejo de heridas que no han sanado, de temas emocionales pendientes y de procesos por resolver.

Las pesadillas significan que algo va mal en nuestra vida, cuando se repiten y se convierten en algo recurrente cumplen una función de alarma y requieren de un trato especial. En estos casos, quizás pueda ser una buena idea consultar a un/a especialista.

Aquí tienes algunos pequeños consejos de cómo puedes trabajar con tus sueños:

  1. Ponte papel y lápiz al lado de la cama para que puedas anotar tu sueño inmediatamente después de despertarte. Si no trabajas sistemáticamente con tus sueños, anótalos cuando te acuerdes. Es muy importante que anotes también la emoción predominante en el sueño y también la emoción que has tenido en el momento de despertar.
  2. Lee la historia que narra tu sueño y ponle título. Por ejemplo: «agresión y pelea», «expulsión de clase», «ruptura sentimental», «maravilloso animal alado».
  3. Puedes formularte la siguiente pregunta: «¿qué relación puede tener este sueño con mi vida actual?», «¿a qué aspectos de mi vida, presentes y futuros, se refieren los contenidos de mi sueño?». Por ejemplo: «¿qué situación de mi vida se parece a la situación que se recrea en mi sueño?», «¿en qué se parecen estas situaciones?», «¿qué emoción reconozco en mi sueño y en mi vida?», «¿qué aspectos de mí misma reconozco en mi sueño?».
  4. Puedes cuestionarte acerca del «mensaje» que el sueño tiene para ti. Por ejemplo: detectar insatisfacción respecto a una relación, reconocer como parte de ti emociones y sentimientos «non gratos» para tu «yo» despierto (como pueden ser la hostilidad o la agresividad), reconocer una fuerte emoción que te acompaña desde la infancia, darle cabida y relativizar su influencia sobre ti, experimentar tu poder interno y reafirmar tu valor.


* Nosce te ipsum: conócete a ti mism@
  1.  Período REM del sueño: siglas en inglés de Rapid Eyes Moviment, movimiento rápido de ojos. La actividad cerebral es parecida a la de la persona despierta, también se le llama por eso sueño paradójico.
  2. Período no-REM del sueño: ocupa la mayor parte del sueño, se produce un funcionamiento fisiológico que permite la reparación de los órganos y los tejidos.

* Onírico significa relativo a los sueños.

Referencias:
  • Oberst, U.E, Ruiz, J.J. y Quesada, A.M. (2006), Estilos de vida. El sentido y el equilibrio según la psicología de Alfred Adler, Barcelona, Paidós.
  • Jung, C.G. (1964), El hombre y sus símbolo, Barcelona y Buenos Aires, Paidós y SAICF, 1995.

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