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  1. Lo+Positivo 21, primavera de 2002
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Transmisión versus contagio

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En el diario EL PAÍS del pasado 13 de marzo, en la página 34, apareció una noticia que informaba de que «los casos de SIDA descendieron un 14% en España el año pasado». En ella, además, se decía que, a pesar del descenso, «en 2001 hubo 2.300 nuevos contagios». El periodista que la redactó cometió, a mi modo de ver, dos graves errores. El primero de ellos es la confusión entre VIH y SIDA cuando al hablar de "casos de SIDA" se estaba refiriendo a nuevos casos de infección por VIH. El segundo, sobre el que voy a hacer algunas reflexiones, es el uso de la palabra contagio en lugar de transmisión. 

Aunque esta noticia es sólo un ejemplo, es frecuente encontrar en los diferentes medios de comunicación, y también en textos de carácter médico, el uso indistinto de las palabras transmisión y contagio para indicar que la infección por VIH pasa de una persona a otra. Ante este uso indiscriminado, uno se pregunta: ¿significan los dos términos realmente lo mismo?. 

Si recurrimos a los diccionarios, veremos que ambas palabras, en general, aparecen definidas como sinónimas tanto en los de lengua española como en los de términos médicos. A modo de ejemplo, el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia en su última edición (2001) define contagiar como «transmitir una enfermedad a alguien» y transmitir como «comunicar a otras personas enfermedades o estados de ánimo». Estas definiciones se repiten, con algún ligero matiz, en el resto de diccionarios generales (Manuel Seco, María Moliner, etc.) y en los diccionarios médicos, salvo alguna excepción, la situación es también similar. 

Pero, si bien es cierto que ambas palabras son sinónimas actualmente, eso no fue así en el pasado y es precisamente esta perspectiva histórica la que puede arrojar algo de luz sobre el asunto. Según el Dizionario etimológico storico dei termini medici (Florencia, 1993), la palabra contagio procede del latín contagium, que significa contacto, y ésta, del verbo contingo, que significa tocar o estar muy cerca de alguien. Según el mismo diccionario, contagio ya tenía desde el siglo I d.C. un significado negativo que indicaba contaminación por proximidad o por contacto con alguien. El Diccionario de Ciencias Médicas (Stedman, ed.), en su edición de 1993, es el único que define contagio como «transmisión de una enfermedad por contacto con uno o más enfermos» y, a continuación, aclara que «el término se empleó mucho antes de conocerse las ideas modernas sobre enfermedades infecciosas y desde entonces ha perdido gran parte de su significado original; se lo incluye hoy dentro del nombre más amplio de ‘enfermedad transmisible’».

Imagen: Transmisio versus contagium
Este dato aclara la duda. En el pasado, se creía que toda infección se producía por contagio, es decir, según su significado original, por tocar al infectado o por estar cerca de él. Sin embargo, en la actualidad sabemos que no siempre es así y que algunas infecciones, entre ellas el VIH, precisan de vías específicas para penetrar en el organismo. Aun así, el término contagio se sigue aplicando erróneamente a todas las infecciones a pesar de que en medicina moderna se introdujo el término transmisión para aquellas infecciones que no eran contagiosas. Sería deseable, por tanto, deshacer el error y utilizar contagio únicamente para aquellas infecciones que se pueden adquirir por contacto o por proximidad con la persona infectada (gripe, tuberculosis, etc.) y transmisión para aquellas enfermedades que se transmiten por vías específicas (VIH, hepatitis C, sífilis, gonorrea, etc.) 

Por otra parte, la carga semántica negativa que ya tenía contagio en la antigüedad continúa en nuestros días. El uso de este término para infecciones que no son estrictamente contagiosas puede crear una preocupación social innecesaria al fomentar la errónea creencia de que se puede contraer por contacto una infección que en realidad no es contagiosa. En el caso del VIH/SIDA, la preocupación puede convertirse en pánico y paranoia hasta tal punto que se estigmatice cruelmente al/a la infectad@, como así ocurrió y así por desgracia sigue todavía ocurriendo. Y todo ello provocado en parte por un mal uso del lenguaje. La alarma social que se puede provocar ante un brote de gripe o de tuberculosis, infecciones contagiosas, no está justificada en el caso del VIH/SIDA, infección transmisible, y, sin embargo, aún existe en algunas personas el miedo al contagio del VIH. Es cierto que en estos casos la ignorancia o la falta de información provocan ese terror, pero no lo alentemos aún más con el mal uso del lenguaje. Ya es hora de que el personal sanitario, los afectad@s y la sociedad en general se exprese respecto al VIH con los términos que le corresponden y no con otros que alteren su verdadera naturaleza. El lenguaje estructura nuestro pensamiento y, sin duda, el uso de transmisión en lugar de contagio ayudará a que la sociedad piense en el VIH como una infección transmisible y no contagiosa. 

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