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  1. Lo+Positivo 36, invierno 2006-2007
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Los instrumentos financieros para el desarrollo de nuevas vacunas

al detalle

La Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización (Global Alliance for Vaccines and Immunization, GAVI en sus siglas en ingles) es una coalición público-privada de nueva generación que consigue fondos monetarios de gobiernos y fundaciones filantrópicas, con el objetivo de acelerar y universalizar la distribución de vacunas en los países en desarrollo.

La labor de GAVI, desde su creación en el año 2000, se centra principalmente en dos ámbitos: sustraer compromisos monetarios de los países industrializados a través de nuevos mecanismos de financiación –como el Fondo Global de GAVI o las Facilidades Financieras Internacionales para la Inmunización (International Finance Facilities for Immunization, IFFim en sus siglas en inglés), con el cual el Estado español se comprometió en julio de 2006 a aportar 240 millones de dólares durante los próximos 20 años– que permitan a los países en desarrollo acceder a las vacunas habiéndolas solicitado previamente. Hasta el momento, GAVI trabaja en 72 de los países más pobres introduciendo vacunas ya existentes como las de la hepatitis B, la fiebre amarilla o el sarampión.
Imagen: AMC
Una de las estrategias de GAVI junto con el Banco Mundial y a instancias del G-8 son los Compromisos de Mercado por Adelantado (Advance Market Commitment, AMC en sus siglas en inglés), un innovador mecanismo para la producción y distribución de vacunas no existentes. A través de donaciones multilaterales por adelantado se pretende fortalecer los mercados de los países en desarrollo, subvencionar su demanda de vacunas y garantizar un precio de mercado justo, bajo y acordado. Esta donación debe significar un incentivo para que la industria farmacéutica invierta en nuevas tecnologías de la prevención e investigue nuevas vacunas para su aplicación en dichos países.

Hasta que la industria no vea que la producción de una vacuna puede tener salida en el mercado y pueda ser comprada a gran escala, no invertirá en su obtención. Se trata de una de las principales leyes del libre mercado: mientras no haya demanda de un producto, tampoco existirá su oferta ni mucho menos el producto en cuestión. Y es más, una vez abierto el proceso -concretadas las donaciones- se debe producir una carrera competitiva entre las diferentes empresas del sector para obtener la vacuna estrella y esto debe generar una aceleración del ritmo de investigación.

Sin este incentivo, es decir, sin las donaciones de los países ricos que subvencionan la demanda de vacunas de los países pobres, difícilmente se alcanzarían los productos-vacunas ideales en mucho tiempo: en el caso de la hepatitis B, por ejemplo, mientras existía una vacuna efectiva para los países industrializados y la enfermedad ya no resultaba mortífera, tuvieron que pasar más de veinte años hasta que se descubrió y distribuyó la vacuna adecuada para el mundo en desarrollo.

Llegados a este punto, es precisa una aclaración. La salud es un derecho universal y, por lo tanto, resulta contradictorio que se rija por las leyes del mercado y que debamos incentivar a la industria farmacéutica para que investigue nuevas vacunas. Probablemente, todos los temas que conciernen a la salud deberían estar en manos públicas, pero el sistema es el que es. Si esperamos a que cambie el estado de las cosas pueden pasar muchos años y recordemos que el avance de las pandemias en el mundo requiere una actuación urgente e inmediata. Resulta oportuno, en este caso, aprovechar las reglas del mercado para acelerar la investigación y la producción de nuevas vacunas.

Resumiendo, AMC es un compromiso de subvención para la distribución de vacunas en países en desarrollo para que la industria farmacéutica explote el mercado de forma segura, generando una competición entre empresas para obtener el producto estrella, la vacuna ideal. Las donaciones ya han sido concretadas (véase tabla), por lo que se da por iniciado el proyecto piloto de AMC destinado a las vacunas del neumococo. Seguidamente se pretenden realizar otros AMC para obtener vacunas contra la malaria, la tuberculosis y el VIH/SIDA.

El volumen total de donaciones asciende a 1.500 millones de dólares y esto se traduce en que de los 7 dólares que costaría una dosis de vacunas para el neumococo los países en desarrollo sólo pagarían 1 dólar por dosis.
Imagen: Tabla AMC

El estado de las vacunas en el caso del neumococo

El neumococo es una bacteria (Streptococcus pneumoniae) que produce, principalmente, neumonía y meningitis en niñas y niños, gente mayor y personas con el sistema inmunológico debilitado como aquellas que viven con VIH. La incidencia de la enfermedad difiere según las características socioeconómicas de las poblaciones: en los países industrializados no es muy alta la tasa de infección por neumococo y existe una vacuna en el mercado llamada Preunar® y producida por Wyeth; la combinación de estos elementos hacen que la mortalidad por neumococo sea muy baja en dichos países. El panorama es bien distinto para los países en vías de desarrollo donde, aun siendo el neumococo prevalente, los precarios sistemas sanitarios y la inexistencia de una vacuna efectiva (Preunar® solamente dispone de 7 serotipos que no resultan suficientemente eficaces para combatir la bacteria en todas las regiones del mundo) hacen de la enfermedad una de las principales causas de la elevada mortalidad infantil. Según datos de la OMS, mueren 1,6 millones de personas cada año en el mundo a causa del neumococo, de las cuales 1 millón son niñ@s menores de cinco años; más del 90% de las muertes de niñ@s por neumonía se producen en países en desarrollo.

Cabe decir que, en sociedades industrializadas, se está extendiendo el impacto de infecciones por neumococo porque, por un lado, el uso abusivo de antibióticos está fortaleciendo la resistencia de la bacteria y, por el otro, la expansión del VIH/SIDA convierte el neumococo en una enfermedad oportunista. Tal y como expresa la revista Medicina Clínica en su versión digital, las personas que viven con VIH tienen más riesgo de contraer infecciones pulmonares (entre 20 y 40 veces más) y, además, los tratamientos con antirretrovirales de alta actividad no han reducido las incidencias e ingresos hospitalarios por infecciones de este tipo. De la misma manera, en los países en desarrollo, el impacto creciente del VIH significa un aumento de los casos de neumococo ya sea en niñas y niños (principalmente) como en personas adultas.

El posicionamiento español


El papel del Estado español ha sido ambivalente hasta el momento. Si bien las autoridades mostraron interés y entusiasmo en participar en el proyecto piloto de AMC para el neumococo, finalmente no han realizado ningún compromiso de donación. Existen argumentos de peso para pensar que al Estado le interesa participar en este proyecto: el mecanismo se ajusta perfectamente a la reglamentación y las líneas generales que definen la política de cooperación española, ya se ha realizado una donación sustancial a GAVI y se conoce la solvencia de esta organización y, además, participar en AMC puede significar una oportunidad para acercar los objetivos estratégicos de la acción exterior del Estado, puede permitir a España codearse con las potencias del sistema, sumándose a estructuras y organizaciones internacionales de alto nivel.

En sentido técnico, la promesa del Gobierno de llegar al 0,5% del PIB en Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) antes del final de la legislatura en 2008 significa que tiene que incrementar el presupuesto destinado a la cooperación; y aun más si tenemos en cuenta que el PIB no para de crecer y, consecuentemente, el valor absoluto de la AOD también tiene que aumentar al mismo ritmo si se desea llegar al prometido 0,5%.

Si la no participación española en el proyecto de AMC para el neumococo es una oportunidad perdida y es considerable el coste de oportunidad a rembolsar, la misma actitud en el siguiente AMC para la malaria sería, además, un error estratégico y una incoherencia política. Tengamos en cuenta el importante papel que ha desempeñado el Estado en la lucha contra la malaria y los nada menospreciables recursos invertidos, financiando el programa de investigación de la vacuna dirigido por Pedro Alonso en el Hospital Clínic de Barcelona o mediante los proyectos realizados en Colombia y Mozambique. En este caso, una vez se lance el nuevo AMC, el Estado español podría tener un papel más que destacado en el proceso y ser un centro de investigación estatal el que se ocupe en desarrollar la nueva vacuna para la malaria. Si España no participara en el proyecto, poco sentido tendría todo el esfuerzo declarado y realizado para luchar contra la malaria y fomentar la investigación de una vacuna efectiva contra la pandemia.

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