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Espíritu de superación

en persona

SE MUESTRA TÍMIDA PERO AMABLE, la visitamos en su casa, un piso tutelado de la organización Cáritas en el barrio de La Florida de Alicante. Nos pide que no aparezca ni su nombre ni su imagen. Elige llamarse Pilar para este reportaje. Tiene 35 años. Atrás queda un pasado de soledad, infortunio, uso de drogas e indigencia. Desde hace poco está cobrando una pensión no contributiva. 

 

«Me ha costado bastante conseguirla, pues no soy de aquí. Estuve viviendo en Zaragoza ocho años y de aquí para allá. Usé una identidad falsa porque tenía una causa pendiente con la justicia y tenía miedo. Yo entré en prisión y salí con la condicional hasta que se celebrara el juicio y me dije que no iba a entrar más. Porque yo no tengo familia y nadie me venía a ver. Para solicitar la paga necesitas cinco años de empadronamiento y no los tenía. Siempre, desde niña, he ido de un lado para otro. Para demostrar que había estado viviendo en España, tuve que ir a Zaragoza y allí conseguí un certificado de la policía. Pasé un tribunal médico y me dieron un 36%. Lo volví a pasar al cabo de unos seis meses y conseguí el 66%.»

Un cúmulo de circunstancias la llevó hace cuatro años al centro de acogida de Cáritas en Alicante. «Me fui de Zaragoza a Almería donde tengo un hermano, fui a verlo y me quedé a dormir una noche en su casa porque no estaba su padrastro. A su vuelta, el padrastro me dijo que allí no me podía quedar y me llevó al albergue donde me quedé tres días y me aconsejó que llamara a unos tíos de Madrid. Ellos me dijeron que un hermano mío vivía en Alicante y había tenido un hijo. Cogí el tren y me presenté en el albergue de Alicante. Vine con la idea de probar suerte a ver si podía ver a mi hermano. Cuando se agotaron los días que podía estar en el albergue, me quedé en la calle, y estuve durmiendo en cajeros automáticos de bancos. Cogí una neumonía. Estuve dos meses de verano en el hospital y de allí ya fui a la casa de acogida.» 

Desde hace tres años vive en este piso tutelado que comparte con un hombre y otra mujer, ambos con VIH, y como experiencia singular y piloto en este tipo de hogares, también con el hijo de esta última. «El niño es lo mejor. Yo no tengo ni voy a tener hijos. Pero siempre me han gustado. Conmigo se porta de maravilla, me hace mucho caso. Estás viendo la tele y a veces te dice: "Te quiero mucho". Notas el cariño, desprende vida, alegría. Y yo soy más casera que su madre, así que paso muchos ratos con él.» 

De ánimos confiesa andar mejorando: «Suelo tener bajones y tuve una depresión bastante grande, no tenía ganas de vivir e intenté quitarme la vida. Ahora me puedo cuidar y me ayudan mucho, pero también una tiene sus inquietudes. Tengo ganas de crecer, de ser independiente, de tener mi propio rincón».

Gracias a la ayuda de esta organización, paso a paso y día a día, Pilar vive para superarse: «He avanzado bastante, llegué con un par de CD4. Ahora me veo mucho mejor aunque no me han subido mucho las defensas, tengo unas 200 y he superado una leishmaniasis. Me he arreglado la boca. Ya no tanto por estética sino por la salud, pues tenía problemas de estómago. Todavía les debo dinero a Cáritas, pero no hay problema, lo iré devolviendo poco a poco. Estoy haciendo cursos, estoy preparándome y ahora estudio informática. También he hecho un curso de empleada de oficina. Todo lo que pueda hacer para ocupar mi tiempo libre, lo hago. Si me sale algún trabajo de limpiar casas o cuidar niñ@s o ancian@s también lo aprovecho. Me gusta estar activa. Ahora trabajo un día a la semana tres horas limpiando una casa de una señora mayor y me paga 20 euros. Y yo con esos 20 euros como durante la semana. Si no tengo bastante, saco algo más del banco.» 

«Ahora he echado una solicitud para un piso de protección, pero como no tengo pareja, ni hij@s, va a ser más difícil que me lo den. A mí me gustaría tener algo mío, un techo mío.» 

Desea poder vivir sola, pero los 288 euros al mes de la pensión no contributiva no le permitirían arreglárselas por su cuenta, a menos que vaya consiguiendo trabajos para compaginar con su pensión. Pilar, de todos modos, lo intenta. «Ahora he echado una solicitud para un piso de protección, pero como no tengo pareja, ni hij@s, va a ser más difícil que me lo den. A mí me gustaría tener algo mío, un techo mío. A veces me gusta estar sola y no sé… la soledad es buena cuando la necesitas. Y a veces la echas de menos.» 

Cuando le preguntamos por otros deseos, se centra en los sentimientos, en el contacto con l@s demás. «Mi ilusión sería tener un poco más de relación con mis hermanos. No hemos tenido relación familiar. Yo estuve interna en un colegio hasta los nueve años y allí nos separaron, cada uno por su lado, algunos están adoptados. Me acuerdo de cuando éramos pequeños y yo estaba con las monjas y mis hermanos pequeños en la casa cuna de al lado. Mi madre venía los domingos y nos sacaba. Yo era muy pequeña, pero me acuerdo de ellos. Simplemente me gustaría que cuando llegaran las Navidades tuviera a alguien que felicitar y no digo que nos tengamos que ver muy a menudo, pero al menos saber que tienes familia.» 

  

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