gTt-VIH

  1. Lo+Positivo 22, verano 2002
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¡A dónde vamos a ir a parar!

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En vísperas del inicio de la XIV Conferencia Internacional del SIDA, la agencia de las Naciones Unidas para el SIDA (ONUSIDA) hizo público su último “Informe sobre la epidemia mundial de VIH/SIDA 2002”. Las cifras y los análisis compilados en las 200 y pico páginas de este documento, que ya se conoce como el “Informe de Barcelona”, producen, una vez más y más que nunca, profunda frustración. Los estragos de la epidemia superan lo nunca (pre)visto y, sin embargo, los ejemplos de éxito en la prevención de su expansión y en el acceso a tratamientos para l@s ya infectad@s demuestran que el mundo ya no tiene excusas para la acción. 

Unos 40 millones de personas viven con VIH a día de hoy, el 94% de ellas en un país en desarrollo donde menos de 4 de cada 100 de las que necesitan tratamiento lo consigue. En el año 2001, 5 millones de personas adquirieron la infección por VIH, 800.000 niñ@s incluid@s, y 3 millones murieron con SIDA. 

De seguir así las cosas, 45 millones de personas que hoy son VIHserán positivas en el año 2010. Si las promesas de los más ricos se cumplieran, 29 de esos millones de nuevas infecciones podrían evitarse, pero cada año que pase sin la movilización de los recursos adecuados supondrá 5 millones de vidas. 

El África Subsahariana es, con diferencia, la zona del mundo más afectada por el VIH/SIDA. La inmensa mayoría de las transmisiones del VIH se deben a coitos sin condón entre hombres y mujeres, aunque resulte imposible ignorar la maraña económica y social que influye en la expansión heterosexual de la epidemia. Las desigualdades de género o la misma pobreza alientan sus progresos mientras que las barreras socioculturales, la escasez de recursos y la debilidad de unas economías abandonadas en la cuneta de la globalización socavan los esfuerzos por impedirlo. 

Durante el año 2001, unos 3,5 millones de african@s contrajeron el VIH. A día de hoy, más de 28 millones viven con el virus, en su inmensa mayoría sin acceso a tratamientos. En siete países subsaharianos, el 20% de la población general es VIH+ y en varias de sus grandes ciudades una de cada dos o tres personas que te cruzas en la calle es VIH+. La realidad de los datos más recientes indica que, de haber un techo de prevalencia del VIH en estos países, éste es bastante más alto de lo que se pensaba. 

Los últimos datos también revelan tendencias alarmantes en lugares del centro y del oeste africanos que durante años habían conseguido mantener tasas relativamente estables, aun habiendo superado el “límite de seguridad” del 5%. El aumento de la prevalencia hasta el 11% entre las mujeres embarazadas de zonas urbanas de Camerún es, según el informe, “un aviso inequívoco” para otros países de la zona. 

Sin embargo, el continente africano ofrece cada vez más ejemplos evidentes de que incluso una epidemia rampante como la que padecen puede controlarse. El sobresaliente caso de Uganda resulta ya familiar, y pasará a la historia como el primer país africano que consiguió revertir una epidemia de proporciones críticas. Según los últimos datos Zambia, otro país subsahariano de la liga de los pobres, podría ser el segundo, y Costa de Marfil parece estar también recogiendo los frutos del esfuerzo masivo y duradero de acción, concienciación y prevención liderado por todo tipo de organizaciones comunitarias y religiosas que ha sido de una u otra forma central a todos ellos. 

El otro gran reto es, sin duda, el acceso a tratamientos. En los últimos años, el empuje político y legal de organizaciones del mundo entero, junto con la competencia de los fabricantes de genéricos de la India, Tailandia o Brasil y la presión ejercida sobre los gobiernos y los propios fabricantes de fármacos, han conseguido reducciones considerables del precio de los antirretrovirales para los países menos ricos, y favorecido un aumento minúsculo del número de african@s que acceden a tratamientos anti-VIH. Para el futuro inmediato, Ghana ha firmado un acuerdo con Tailandia para la compra de sus genéricos y Nigeria ha hecho lo propio con la compañía india Cipla y ha puesto en marcha un programa piloto que ofrecerá tratamiento a 10.000 adult@s y 5.000 niñ@s a razón de 350 dólares por paciente y año. El/La paciente habrá de pagar 120 y el gobierno el resto. 

En Asia y el Pacífico, las tasas nacionales siguen siendo bajas en la mayor parte de los países, pero, dada su inmensa población, las epidemias localizadas que caracterizan su epidemia por VIH la convierten en la segunda del mundo en número de infecciones: 6,6 millones de personas a finales de 2001, incluido 1 millón infectado ese mismo año. A pesar del éxito en la contención y reversión de la epidemia de países como Tailandia o Camboya, ésta continúa extendiéndose y ha cambiado con rapidez en tan sólo dos años en muchas partes de la región. 

Una quinta parte de las personas del planeta son chin@s, y l@s indi@s se quedan sólo unos cientos de millones atrás. Los datos sobre el VIH en tan inmensas poblaciones son dispersos y no siempre claros, pero se calcula que 850.000 chin@s y casi 4 millones de indi@s son VIH+. La transmisión del VIH en Asia parece hasta el momento en buena medida concentrada en torno a l@s usuari@s de drogas inyectables, los hombres que practican sexo con hombres y l@s trabajador@s del sexo, además de llamativos casos de inseguridad en productos sanguíneos. Los masivos esfuerzos de prevención que ahora promete China o el que ha demostrado la misma Tailandia habrían de ser capaces de evitar millones de nuevas infecciones. 

Indonesia, la cuarta población del mundo, experimenta por su parte y tras años de mínima epidemia, una repentina explosión de las tasas de prevalencia entre UDVP y trabajadores del sexo, además de un aumento entre la población general a tenor de los datos obtenidos de bancos de sangre. Según el informe, Indonesia es prueba fidedigna de que donde se aúnan comportamientos de riesgo y pasividad en la respuesta, el VIH acaba por extenderse aunque tardemos años en comprobarlo. 

Curiosamente, dos de los países de la zona, la India y Tailandia, son pioneros en la fabricación de antirretrovirales, que ya han ofrecido a sus mercados interiores y a otros países en desarrollo. A pesar de ello, sólo unas 30.000 personas de l@s más de seis millones de infectad@s en la región asiática y del Pacífico tiene acceso a antirretrovirales, aunque existe un grado variable de cobertura sanitaria en muchos lugares. 

Europa del Este y Asia Central presentan, desde hace más de un año, la epidemia más rápida del mundo. Las 250.000 infecciones del año 2001 elevan al millón el número total de personas con VIH en esta región, mientras que el número de personas que reciben tratamiento antirretroviral no llega a 1.000. 

El uso de drogas inyectables parece dirigir la transmisión del VIH de Rusia a los países balcánicos y las repúblicas centroasiáticas. Son lugares “fértiles” para la expansión de la epidemia por llevar poco tiempo abiertos al mundo y a sus circuitos del narcotráfico, por el desempleo, la inseguridad económica, el vacío de valores que ha seguido al rígido control del comunismo y porque parece que much@s jóvenes no han oído jamás hablar del VIH/SIDA. 

Aunque el riesgo de transmisión del VIH vía sexo entre hombres es alto, la cobertura de las necesidades de prevención de los gays, un grupo aún muy estigmatizado, es mínima cuando no inexistente, mientras que el número de proyectos análogos que trabajan con UDVP ya llega a 150. 

Los pronósticos de ONUSIDA para la región son moderadamente optimistas. La extensión de la epidemia no parece posible en Europa Central: Polonia, la República Checa o Hungría mantienen bajas prevalencias y cuentan con programas nacionales anti-VIH bien diseñados. Algunos, como Hungría, cubren completamente los tratamientos de las personas que lo precisan. 

A pesar del deterioro de infraestructuras y sistemas sanitarios, la capacidad de estos países es, en general, buena, los niveles de educación también, y el analfabetismo, raro. El reto, según el informe, sería mantener y expandir la respuesta de prevención, llegar a l@s jóvenes y generalizar el acceso a tratamientos para l@s que los precisen. 

Latinoamérica y el Caribe tienen epidemias bien establecidas y en riesgo de expansión. Se calcula que 1,5 millones de personas viven con VIH desde Río Grande a la Patagonia y unas 420.000 en el Caribe. En 2001 se produjeron 200.000 de estas infecciones y a finales de este mismo año se calcula que unas 170.000 personas VIH+ reciben tratamiento antirretroviral. 

La epidemia llega a prevalencias del 1% y más entre las mujeres embarazadas de 12 países de esta región y en algunos de la cuenca caribeña la situación sólo es superada por el África Subsahariana. Haití y Bahamas son los más castigados de todos, con tasas del 6% y el 4% respectivamente. La transmisión en estos lugares se asocia principalmente al sexo heterosexual, mientras que en México y otros países de Sudamérica y el Caribe lo hace sobre todo con el uso de drogas inyectables y el sexo entre hombres, que además parecen solaparse en lugares como Brasil y otros del cono Sur, donde el uso de drogas es un fenómeno social en aumento. 

La pobreza, las diferencias en desarrollo social y económico y la alta movilidad poblacional contribuyen de nuevo a la expansión del VIH en este lado del planeta, y colocan a emigrantes, trabajadoras del sexo y otras poblaciones vulnerables o ambulantes, en el punto de mira de las más recientes iniciativas regionales en prevención del VIH, que el informe considera “progresos alentadores”. 

Los avances realizados en el acceso a tratamientos para personas VIH+ merecen quizá los comentarios más entusiastas. Brasil, un caso único en el mundo, parece haberse ahorrado 234.000 hospitalizaciones gracias a la ejemplar universalización de los tratamientos antirretrovirales genéricos que él mismo fabrica. 

Los países ricos son (somos) Estados Unidos, Europa occidental, Australia, Canadá y Japón. En estas esquinas del planeta se produjeron 75.000 nuevas infecciones por VIH en 2001 y viven unos 1,5 millones de personas con VIH, de las que 500.000 reciben antirretrovirales. Estados Unidos es el país más afectado, con casi 1 millón de personas VIH+ y una epidemia desproporcionadamente escorada hacia las minorías, sobre todo la afroamericana. Durante los últimos años, dice el informe, “se han observado dos cambios notables”. 

Por un lado, las elevadas tasas de ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) señalan un aumento del sexo sin protección, sobre todo entre l@s más jóvenes y que ya se refleja en el “sorprendente” aumento de la incidencia de VIH entre hombres que practican sexo con otros hombres en ciudades como Vancouver, Madrid o San Francisco. Este eclipse de la “ética del sexo más seguro” podría deberse parcialmente a cierta banalización del VIH producida tras la disponibilidad de los tratamientos antirretrovirales (aunque ningún estudio ha encontrado todavía tales relaciones causales entre el llamado “optimismo de los tratamientos” y el sexo no seguro), pero sin duda también a la pérdida de intensidad y visibilidad de las campañas de prevención del VIH y otras ITS dirigidas a hombres que practican sexo con hombres. 

Por otro, la transmisión heterosexual da cuenta de un número cada vez mayor de las nuevas infecciones: en España, del 24%. En Europa, muchas de éstas se producen entre poblaciones emigradas y son importadas, especialmente de países subsaharianos con una epidemia generalizada. Casi un tercio de los nuevos diagnósticos de VIH en 2000 se produjeron en mujeres, entre quienes la epidemia parece dirigida por la intersección entre el uso inyectable de drogas y el sexo heterosexual no seguros. 

El informe de ONUSIDA no duda en recordarnos que no puede descartarse un aumento de la expansión del VIH en el mundo desarrollado a menos que se refuercen y adapten los esfuerzos preventivos a la cara cambiante de la epidemia. 

El informe completo está disponible en castellano en www.unaids.org/barcelona/press kit/Spanish/barcelona%20report/ embargo_html.htm

 

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