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  1. Lo+Positivo 36, invierno 2006-2007
  2. Cuidarse

Hábitos saludables: la justa medida de las cosas

cuidarse

Durante siglos, la salud se ha concebido como la ausencia de enfermedad y ésta se ha explicado sólo de acuerdo a sus causas fisiológicas. A mediados del siglo XX se introduce un nuevo concepto de la salud y la OMS (la Organización Mundial de la Salud), la define como «el estado de completo bienestar físico, mental y social y no la mera ausencia de enfermedad». La salud y la enfermedad progresivamente dejan de verse como aspectos dicotómicos para integrarse dentro de un continuo que fluctúa a lo largo de la vida de una persona.

Esta nueva y más amplia visión de la salud añade a los factores biológicos otros de índole ambiental, físicos y sociales y también comportamentales y psicológicos. De esta forma, lo biológico es necesario pero no suficiente para la aparición de enfermedad y la educación sanitaria pasa a ser una educación para la promoción de la salud.

La educación para la salud implica la autogestión de ésta y la búsqueda de los propios recursos para aumentar la calidad de vida. Dado que la salud no es un valor absoluto, podemos mantener muchos aspectos de nuestra persona sanos a la vez que podemos tener debilidades y limitaciones. Así pues, se puede procurar preservar lo que permanece sano, prevenir y cuidarse pese a otras debilidades que tenemos que paliar y con las que tenemos que convivir.

Algunos aspectos a los que solemos atender cuando trazamos nuestro ideario personal de lo que es cuidarse pueden ser: el ejercicio físico, la dieta y la alimentación, la relajación y el descanso, el ocio y las relaciones humanas, el espíritu (o «el alma»), la sexualidad, el interés por el mundo y por lo que nos rodea («la dimensión comunitaria»), etc. Son muchas las cosas que podemos incluir (o excluir). No olvidemos que éste es un ideario personalizado y que sólo es importante y necesario lo que es realmente necesario e importante para nosotr@s.

En cuanto al ejercicio físico


Muchas personas se preguntan: «¿En qué medida tengo que ejercitar mi cuerpo?» o «¿qué ejercicios son los más adecuados y en qué medida he de practicarlos? ». En general, la justa medida de las cosas es el resultado de una ecuación diferente para cada persona. Posiblemente tendremos mayores probabilidades de éxito, en la consecución de nuestros objetivos, si al trazar un plan para la realización del ejercicio tenemos muy en cuenta nuestra naturaleza y nuestras condiciones. Es importante no desatender el camino, resulta fundamental para llegar hasta lo que deseamos.

Fácilmente nos damos cuenta de que si empezamos demasiado rápido o intenso, o hacemos ejercicios que pueden estar contraindicados, corremos el riesgo de lesionarnos o pueden aparecer efectos indeseados. En el mejor de los casos, cuando nos excedemos, terminamos por cansarnos, perdemos la motivación y desistimos. Esto tiene un coste en frustración y puede resultar un daño para nuestra autoestima.
Algunos aspectos que podemos tener en cuenta para la justa medida en la práctica del ejercicio físico son:

  • Detectar nuestras auténticas necesidades y motivaciones.
  • Trazar objetivos realistas y acordes a nuestras posibilidades.
  • Empezar progresivamente y aumentar poco a poco la intensidad, frecuencia y duración de los ejercicios.
  • No llegar nunca al agotamiento.

Es importante que nuestro cuerpo se acomode progresivamente al esfuerzo. Una buena manera para ello es practicar diariamente, aunque sea media hora. Pretender hacer todo el deporte que no se ha hecho durante días en sesiones intensivas puede conducir a lesiones y a un desgaste excesivo.

Los ejercicios aeróbicos son los más adecuados si no tenemos pretensiones deportivas y lo que buscamos básicamente es mantenernos en forma. Se trata de deportes y ejercicios en los que la sangre bombeada por el corazón lleva oxígeno a los músculos en un período de tiempo relativamente largo. Estos ejercicios aumentan la capacidad pulmonar y aportan mayores beneficios cardiovasculares. Básicamente consisten en ejercicios de resistencia como andar, correr, ir en bicicleta o nadar.

En la práctica del ejercicio anaeróbico en cambio, los músculos no reciben aporte de oxígeno y el esfuerzo se realiza en un período más corto de tiempo. Se trata de ejercicios de alta intensidad, como la musculación o las series de sprints. Estos ejercicios no aumentan la capacidad cardiopulmonar y no son los más adecuados si lo que pretendemos es básicamente mantenernos en forma.

Las agujetas se producen cuando obligamos a un músculo a un sobreesfuerzo o cuando la fibra muscular es débil y no es capaz de sostener el nivel de ejercicio. El dolor propio de las agujetas se produce por la rotura celular en los músculos, de forma que los elementos del interior celular se vierten al exterior. Entre ellos, hay iones de calcio y potasio, lo que pone en marcha un mecanismo de inflamación.

Imagen: natación

La natación, un ejemplo

Entre los deportes más ampliamente recomendados se encuentra la natación, considerada uno de los ejercicios más completos. Puede practicarse a cualquier edad. En la práctica de este deporte el riesgo de desarrollar lesiones es muy bajo debido a que por la menor gravedad se reduce la tensión de huesos y articulaciones. La natación se recomienda para aliviar dolores musculares o articulares crónicos, para mejorar la salud de las personas con problemas cardiovasculares o con limitaciones físicas y/o motoras, y también está indicada en casos de hernias o lumbalgia además de ser muy recomendable como ayuda en el manejo del estrés y de la depresión.

Puedes practicar el deporte o los ejercicios que prefieras, individualmente o en grupo, al aire libre, en tu casa o en el gimnasio. De lo que se trata en definitiva es de cuidarse y de mantener al máximo nuestro estado de salud, para ello siempre es conveniente encontrar la justa medida de las cosas.

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