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  1. Lo+Positivo 34, verano 2006
  2. Cuidarse

Relájate, vida mía...

cuidarse

«Relájate, vida mía…» es el título de una serie de artículos que se extenderá a lo largo de los próximos números y que tendrá como principal objetivo, ofrecer ideas y pequeñas posibilidades prácticas para manejar el estrés y en definitiva, cuidarse. Los sucesivos artículos incluirán aspectos prácticos asequibles que favorezcan la confección de un “pequeño maletín” de recursos personales. Para esta empresa, vamos a tratar de ofrecer los temas de una forma amable, aunque sin faltar al rigor. También está en nuestro ánimo, alentar a las lectoras y lectores a tomar entre todo, sólo como “verdadero”, lo que es útil y bueno para cada un@. Así pues, empezamos.

Estrés y sistema inmune


El estrés es universal e inherente a los seres vivos, es un mecanismo de adaptación psicológica y orgánica a cambios del ambiente externo e interno. Todos los seres vivos experimentan y requieren estrés para adaptarse a las nuevas condiciones. Así pues, las células, la expresión más pequeña de la vida, sufren estrés, también lo sufren los virus y las bacterias. Nuestro organismo está sometido a estrés. Desde las fases más tempranas de nuestro desarrollo, el estrés promueve el crecimiento y la vida. Sin embargo, la justa medida, el equilibrio entre las fuerzas, el balance y resultado entre derrotas y conquistas, determinará al final la supervivencia.

El término ‘estrés’ goza de una gran popularidad. Solemos usar la palabra ‘estrés’ en un gran número de oportunidades, normalmente decimos: «Estoy muy estresad@», «La reunión ha sido muy estresante» o «He tenido un día muy estresante», tal o cual situación «Me provoca mucho estrés»… Todas estas expresiones, repetidas incesantemente y en innombrables situaciones, contribuyen a que posiblemente nos pase inadvertida una cuestión importante. El estrés en sí mismo no es una entidad; el día o la reunión, las situaciones en sí mismas no son estresantes. La creencia o la opinión que las personas sostenemos con respecto a los diferentes eventos es lo que desencadena una reacción emocional determinada. Vale la pena poner atención en ello y plantearse preguntas tales como: «¿Cómo me siento?», «¿Qué me ocurre?» y «¿Puedo llegar a saber por qué me siento de esta manera?». Quizás podamos averiguar algo, normalmente encontraremos pequeños pedazos. Lo importante es que si emprendemos ese camino, ya estamos en él e iremos componiendo nuestro mapa interno. Por supuesto, el camino del autoconocimiento nos va a ser muy útil para encontrar nuevas y mejores formas de afrontar las menores y las mayores vicisitudes de la vida.

Existe otro mito alrededor del término ‘estrés’, la tendencia más o menos generalizada a relacionar estrés con el trasiego intenso y la actividad. Mayormente, cierto grado de activación física y enervación mental nos es útil y ventajosa, pues nos impulsa y mantiene niveles óptimos de motivación, necesarios para emprender tareas, iniciar proyectos, llevar a cabo decisiones, ejecutar y materializar. Desde luego, en ese sentido, el estrés es ventajoso y necesario y sin él muchas veces permaneceríamos inertes, cavilando en nuestra indecisión, sin actuar. Contrariamente a esta creencia, que tiene por costumbre asimilar el estrés a una actividad intensa, el modelo “interaccionista” o “transaccional” del estrés (propuesto por los psicólogos investigadores Lazarus y Folkman, en 1986) proponen una visión subjetiva del estrés, esto es, no existen acontecimientos universalmente estresantes, el estrés existe en la medida que una persona lo define como tal. Así, el estrés psicológico se entiende como la fuerte interacción entre los agentes estresores y el sistema humano de valoración y evaluación.

La valoración y la evaluación que las personas hacemos de los acontecimientos estresantes depende en gran medida, de los recursos de los que nos sentimos provistos para hacer frente a esos acontecimientos. El contar o no con estrategias de afrontamiento parece ser un hecho decisivo y diferencial en la intensidad y dimensión que los efectos del estrés pueden tener sobre nuestra salud. Las respuestas que nuestro cuerpo emite a las condiciones de estrés no son genéricas sino específicas y diferenciadas. Así, los agentes estresores frente a los cuales nos sentimos desprovistos de todo control son los que desencadenan la cascada de acontecimientos bioquímicos de mayor magnitud y repercusión sobre nuestro sistema inmune y sobre nuestra salud.

Cuando se produce una situación de estrés, se desencadena una cascada de acontecimientos en nuestro organismo. Proporcionalmente a nuestra percepción de control o de indefensión frente a la situación, tres ejes se ponen en marcha.

  • 1er Eje neural: Se dispara en todos los casos. Provoca una activación generalizada de músculos y nervios. Puede ocasionar problemas relacionados con un mantenimiento excesivo de la tensión muscular. No suele causar daños mayores.
  • 2º Eje neuroendocrino: Necesita unas condiciones de estrés más mantenidas. Su disparo implica la secreción de hormonas por parte de la médula y de las glándulas suprarrenales. Éstas ayudan a mantener e intensificar efectos musculares y nerviosos, aunque con un efecto más lento y duradero. Este eje se ha asociado con la llamada ‘respuesta de lucha y huída’, nos ponemos en marcha para hacer frente a la situación que nos amenaza o bien, para escapar de ella.
La activación mantenida de este eje puede facilitar la aparición de problemas cardíacos.
  • 3er Eje endocrino: Es el eje que implica mayor actividad hormonal, organizada mayoritariamente por la hipófisis. Su puesta en marcha es más lenta que la de los ejes 1º y 2º y sus efectos son más duraderos. Se dispara selectivamente frente a situaciones de indefensión en las que nos sentimos falt@s de todo control. Sus efectos más importantes tienen que ver con la depresión, la pasividad, la inmunosupresión y los trastornos de orden gastrointestinal.
En relación al circuito que el estrés traza sobre nuestro organismo, actualmente no tenemos dudas de la estrecha relación que existe entre el sistema nervioso, el sistema neuroendocrino y el sistema inmune, así como de los efectos que la activación de los dos primeros tiene sobre el tercero. Finalmente, es interesante señalar la naturaleza bidireccional de estas relaciones, de forma que la respuesta inmunitaria también ejerce influencia sobre el funcionamiento del sistema nervioso central y neuroendocrino (Dunn, 1996).

La psiconeuroinmunología (PN) ha destinado buena parte de sus esfuerzos al estudio de las relaciones entre el estrés y la respuesta inmune. La idea central de esta neurociencia se basa en que los estilos de pensamiento, de comportamiento y las variables de personalidad pueden afectar a la inmunocompetencia. Esta perspectiva desde luego es un avance, pues incorpora la dimensión psicología para la comprensión de las enfermedades.
«La inmunidad presenta un problema no sólo biológico y fisicoquímico sino también psicológico. En general, no tenemos suficientemente en cuenta el papel que desempeña el sistema nervioso ni tampoco el de la acción psíquica sobre la vida del organismo. Y, a pesar de ello, es incontestable que el debilitamiento de las fuerzas psíquicas no sólo es consecuencia, sino también la causa de diversas afecciones. Es lamentable que, en este aspecto, el estudio del organismo se encuentre tan atrasado. El papel de las fuerzas psíquicas y su influencia sobre la vida del cuerpo son muy grandes, incomparablemente más grandes de lo que se piensa. Todos los órganos: el corazón, los pulmones, los intestinos, las glándulas de secreción interna, se encuentran estrechamente unidos al sistema nervioso. Ésta es la razón de que el estado psíquico del paciente, en todas las enfermedades, tenga tanta importancia. Conociendo todo esto, debemos comprender que en la lucha contra las enfermedades es tan necesario actuar sobre el psiquismo como prescribir medicaciones.» (Metalnikov, S. 1934, tomado de Bayés, 1994).
Así, paso a paso vamos progresando… y quizás un día, la ciencia médica se decida e incorpore también la dimensión PERSONA para la ayuda de la comprensión de las dolencias del cuerpo. Para eso falta algún tiempo, mucha paciencia y dicho sea de paso, vencer muchos miedos. Nosotr@s, mientras tanto, no vamos a estar parad@s, vamos a tomar partido y vamos a participar activamente en el proceso de autogestión de nuestra salud.

Hoy tenemos la confirmación de que el estrés está relacionado con todo tipo de trastornos psicológicos y fisiológicos: episodios depresivos, brotes esquizofrénicos, deterioro en el rendimiento laboral, disfunciones sexuales, problemas de sueño, hipertensión, etc. (Labrador, Crespo, Cruzado y Vallejo, 1995) y que últimamente también se han visto las relaciones entre el estrés y enfermedades producidas por alguna alteración del sistema inmune: enfermedades infecciosas, enfermedades autoinmunes, cáncer, etc. (Cohen y Williamson, 1991). Son muchas las cosas que podemos hacer para influir sobre nuestra salud. La PN sugiere diversas y variadas técnicas para mitigar los efectos negativos del estrés: dietas, música, ejercicio, fotoinmunolorregulación, psicoterapia… Todas nos pueden ser útiles si decidimos hacer uso de ellas y aprovechar sus beneficios, pero al margen de las técnicas, trucos y terapias, sin duda algo básico y altamente beneficioso para el manejo del estrés consiste en empezar por tomar partido, algo tan simple y a la vez complicado como tomar las riendas de nuestra vida.

Dirigir activamente nuestra vida significa aceptar el gran desafío que es vivir. No queremos asumir que las enfermedades son causadas por el estrés ni que el estrés es algo completamente malo, algo que eliminar de nuestras vidas. De hecho no podemos, pues es inseparable de nuestra condición física y humana. Padecemos estrés orgánico y también cultural. Por otro lado, no está a nuestro alcance controlar la enfermedad ni necesitamos pensar que nuestras emociones o formas de pensar son las causantes de lo que nos ocurra. Sin embargo, está en nuestra mano afectar con eficacia el propio sistema de creencias. De hecho, el único factor controlable en nuestras vidas son las opiniones y los significados que asignamos a cualquier situación dada. A medida que modulamos nuestras percepciones e imágenes acerca de la enfermedad y de la salud, dejamos de sentirnos desvalid@s e indefens@s.

«Solo concebíamos como deber y destino el que cada cual llegara a ser completamente él mismo, que viviera entregado tan por completo a la fuerza de la naturaleza en él activa que el destino incierto lo encontrara preparado para todo, trajera lo que trajera.»
Hermann Hess, Demian


Referencias
Bayés, R., y Borrás, F. X.: “Psiconeuroinmunología y salud”, en Simón, M. A. (ed), Manual de Psicología de la Salud. Fundamentos, metodología y aplicaciones, pp. 77-114, Madrid, 1999, Biblioteca Nueva.

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