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Las personas mayores con el VIH precisan programas sanitarios específicos que den respuesta a sus necesidades complejas

Una experiencia estadounidense aborda las distintas comorbilidades que pueden coexistir a través de la participación de diversos especialistas en el seguimiento médico de estas personas

El envejecimiento precoz que se observa en personas con el VIH es un fenómeno complejo y multifactorial en el que concurren factores biológicos, sociales y ambientales. Sin embargo, detrás de ello hay principalmente las consecuencias de la inflamación crónica asociada a la infección por el VIH y el daño celular producido por esta (véase La Noticia del Día 12/07/2022).

Según la Dra. Monica Gandhi, directora médica de la Clínica Ward 86 de San Francisco (California, EE UU), los diversos estudios aparecidos a lo largo de los últimos años han llevado a su clínica a considerar a los 50 años como la edad de corte a partir de la cual se considera a las personas como mayores en el caso de las personas con el VIH en vez de los 60 o 65 años usados normalmente en la población general. En dichos estudios se ha observado que el sistema cardiovascular promedio de una persona con el VIH de 50 años se asemeja al de una de 60 años sin el VIH. Ello parece deberse a un fenómeno de inflamación crónica de bajo nivel que acaba teniendo consecuencias cardiovasculares. Dichos problemas en los vasos sanguíneos acaban aumentando el deterioro de órganos tales como el hígado o los riñones y aumentando la probabilidad de padecer precozmente diversas comorbilidades.

Dicho envejecimiento prematuro puede verse aún más marcado en aquellas personas mayores que se infectaron antes de la llegada de los primeros antirretrovirales y tomaron dichos fármacos de primera generación, que eran especialmente tóxicos si los comparamos con las terapias actualmente disponibles, con un especial impacto a nivel metabólico y cardiovascular.

Para un adecuado manejo del envejecimiento en personas con el VIH y sus comorbilidades se desarrolló el programa “brújula dorada” –en el que participa la clínica Ward 86- que clasifica las diversas necesidades a cubrir en cuatro puntos cardinales siguiendo el símil de una brújula. Dichas 4 agrupaciones de necesidades son las siguientes:

  • Un cardiólogo y un neumólogo asociados al seguimiento médico de estas personas controlan regularmente su salud cardiovascular y pulmonar
  • Un geriatra realiza evaluaciones de fragilidad y escáneres de salud ósea
  • El programa realiza evaluaciones y derivaciones rápidas a especialistas en salud dental, auditiva y ocular
  • El programa proporciona grupos deapoyo mutuo para el manejo de la soledad y otros asuntos sociales y emocionales

Las altas tasas de comorbilidades y la cada vez mayor complejidad del manejo médico de las personas mayores con el VIH hace necesaria la implementación de programas como el presente con el objeto de mejorar la atención de estas personas y disminuir sus idas y venidas e ingresos hospitalarios que serían evitables.

Para ello, además de programas como el presente, es necesaria una formación continua adecuada de los profesionales sanitarios que atienden a estas personas, de manera que el seguimiento de estos pacientes incluya la valoración geriátrica que, con un enfoque integral y centrado en la persona, permite identificar trastornos o condiciones incipientes o adelantarse a problemas futuros.

El tener a estas personas mayores con el VIH en programas específicos de atención médica también favorece su participación en estudios y el desarrollo de intervenciones específicas para abordar sus necesidades.

Así, estos programas favorecerían intervenciones como las del estudio REPRIEVE (véaseLa Noticia del Día 05/06/2015), que está evaluando el uso de pitavastatina para reducir el riesgo cardiovascular en personas de entre 40 y 75 años con el VIH.

En nuestro entorno, la edad promedio de las personas con el VIH ya supera los 50 años, por lo que, según los argumentos antes presentados, podría considerarse que la población con el VIH española ya está principalmente formada por personas mayores. Por tanto, intervenciones como la “brújula dorada” son ya imprescindibles para optimizar la atención de las personas que envejecen con el VIH.

Fuente:IDSE / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia:Greene M, Myers J, Tan JY, et al. The Golden Compass Program: Overview of the Initial Implementation of a Comprehensive Program for Older Adults Living with HIV. J Int Assoc Provid AIDS Care. 2020;19:2325958220935267. doi:10.1177/2325958220935267

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