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Las interacciones medicamentosas, uno de los retos en el manejo clínico de las personas con el VIH de edad avanzada

Un estudio italiano concluye que más de la mitad de los pacientes mayores con el VIH podrían desarrollar interacciones entre el tratamiento antirretroviral y la medicación para tratar otras comorbilidades

Más de la mitad de las personas mayores con el VIH están en riesgo de experimentar interacciones entre el tratamiento antirretroviral y los fármacos que toman para tratar otras comorbilidades no relacionadas con el VIH. Este riesgo se observó, sobre todo, en los pacientes cuyo régimen incluye un inhibidor de la proteasa. Estas son las principales conclusiones de un estudio italiano publicado recientemente en la edición online de la revista Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.

Desde la llegada del tratamiento antirretroviral de gran actividad (TARGA), la esperanza de vida de las personas con el VIH ha aumentado de manera espectacular, de tal manera que, en la actualidad, en países de nuestro entorno, se aproxima a la de la población general (véase La Noticia del Día 24/02/2016). Esta mayor longevidad de los pacientes con el VIH ha traído consigo un aumento de las comorbilidades asociadas a la edad y, por consiguiente, la toma de un gran número de medicamentos para el tratamiento de afecciones no relacionadas con el VIH lo que aumenta potencialmente el riesgo de interacciones con su tratamiento antirretroviral.

Con el fin de conocer mejor las posibles interacciones medicamentosas entre los fármacos antirretrovirales y otros medicamentos, un equipo de investigadores de Milán (Italia) llevó a cabo un estudio transversal. Para ello contaron con 744 personas con el VIH de 50 años o más que recibían tratamiento antirretroviral y, al menos, otro medicamento para tratar una comorbilidad no asociada con el VIH.

La mayoría de los participantes eran de etnia blanca (96%) y hombres (74%). La edad mediana fue de 56 años y el 18% tenía 65 años o más. Más de un tercio del total estaba coinfectado por el virus de la hepatitis B (VHB) o C (VHC), las personas llevaban en tratamiento antirretroviral una mediana de 18 años, el 95% de los participantes tenía una carga viral indetectable y el recuento mediano de linfocitos T CD4 se situaba dentro de la normalidad.

En cuanto al tipo de tratamiento antirretroviral que recibían, el 29% de los participantes tomaban terapias basadas en análogos de nucleósido (ITIN) y no análogos de nucleósido (ITINN); el 23% tomaban análogos de nucleósido e inhibidores de la proteasa (IP); y el 17% análogos de nucleósido e inhibidores de la integrasa.

Además del tratamiento antirretroviral, los participantes estaban tomando una mediana de 2 fármacos siendo un 68% el porcentaje de pacientes que tomaba 5 o más fármacos (lo que se conoce como polifarmacia). Las medicaciones más utilizadas fueron los agentes cardiovasculares –especialmente los reductores de lípidos (39%)–, los inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona (34%; grupo de medicamentos que incluye los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) y los anticoagulantes (22%). Otros medicamentos comunes fueron las vitaminas y minerales (19%), los antiácidos (18%), los antidiabéticos (11%), los hipnóticos/sedantes (14%) y los antidepresivos (10%).

Para evaluar las posibles interacciones se utilizó el buscador de interacciones de la Universidad de Liverpool (Reino Unido). Este buscador utiliza un sistema de alertas por medio de  colores  según el cual el color ámbar significa que la interacción requiere una estrecha vigilancia o un ajuste de la dosis o del momento de administración, y el color rojo significa que los fármacos están contraindicados o no deben utilizarse juntos debido al potencial de interacciones. Además, se realizaron modelos de regresión logística para evaluar los posibles factores de riesgo en las posibles interacciones.

Del total, 353 personas (47%) obtuvieron una o más alertas de color ámbar y el 6% una o más alertas de color rojo. Las personas de 65 años o más tuvieron una prevalencia más alta de alertas ámbar y rojas en comparación con las personas más jóvenes (62% frente 51% y 9% frente 5%, respectivamente).

La prevalencia de las alertas de interacción también difirió según el tipo de terapia antirretroviral: el 62% de las personas que tomaban un IP tenían una o más advertencias de color ámbar, mientras que esto ocurrió en el 39% de los pacientes que tomaban no análogos de nucleósido y en el 15% de personas tratadas con un inhibidor de la integrasa. Del mismo modo, la prevalencia de alertas rojas fue mayor en las personas que tomaban un IP (10%), en comparación con las personas que tomaban no análogos de nucleósido (1%) o un inhibidor de la integrasa (0,3%).

Tras analizar los datos se observó que la casi todas las medicaciones podían potencialmente interactuar con los fármacos antirretrovirales observándose una mayor prevalencia de alertas rojas en las personas que recibían tratamiento para la hiperaplasia prostática benigna (HBO) (20%), antiácidos (18%) y antipsicóticos (14%). La probabilidad de alerta roja fue significativamente mayor entre las personas que usaban antiácidos o reductores de ácido como los inhibidores de la bomba de protones y atazanavir (IP) o rilpivirina (ITINN), a pesar de las contraindicaciones destacadas en la ficha técnica de  cada fármaco.

En la mayoría de los casos, las potenciales interacciones podrían conducir a un aumento de los niveles en sangre de la comedicación. Sin embargo, en el 7% de las personas con una alerta ámbar y el 62% de los participantes con una alerta roja presentaban una interacción que podía conducir a la disminución de las concentraciones plasmáticas de los fármacos antirretrovirales lo que aumentaría el riesgo de fracaso virológico de la terapia antirretroviral.

Como factores asociados a las potenciales interacciones se incluyeron la polifarmacia (p<0,001), el uso de anticoagulantes (p=0,006), el tratamiento con bloqueadores de los canales del calcio (p<0,001), el tratamiento para la hiperaplasia prostática benigna (p<0,001), los fármacos antiosteoporóticos (p<0,001) y el uso de hipnóticos/sedantes (p = 0,022).

Por otro lado, como factores asociados a un menor riesgo de interacciones fueron el sexo masculino (p = 0,004), el tratamiento con un no análogo de nucleósido (p < 0,001), o un inhibidor de la integrasa (p < 0,001).

Los resultados del presente estudio ponen de manifiesto que los pacientes mayores con el VIH están altamente expuestos a recibir comedicaciones que pueden interactuar con el tratamiento antirretroviral. Por tanto, resulta crucial que los diferentes profesionales sanitarios conozcan sus regímenes completos de medicación con el fin de prevenir las posibles interacciones medicamentosas.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Ranzani A et al. Burden of exposure to potential interactions between antiretroviral and non-antiretroviral medications in a population of HIV-positive patients aged 50 years or older. J Acquir Immune Defic Syndr, online edition. DOI: 10.1097/QAI.0000000000001653 (2018).

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