¿Cómo afecta la elección de los ‘virus de desafío’ al resultado de los estudios de vacunas en primates no humanos?
Antes de que una candidata a vacuna pueda probarse en seres humanos, se evalúa de forma exhaustiva tanto en pruebas de laboratorio como en modelos animales. Los modelos animales ayudan a entender mejor las enfermedades humanas y el modo de prevenirlas. Los científicos también emplean modelos animales para ayudar a determinar si la administración de una candidata a vacuna resulta segura en humanos.
En la investigación en vacunas contra el sida, el modelo animal más importante son los primates no humanos (PNH), especialmente una especie en particular llamada macaco rhesus. Ningún animal puede infectarse por VIH [es un patógeno específico de los humanos], pero estos monos pueden infectarse por determinados tipos de virus de la inmunodeficiencia símica (VIS, el equivalente al VIH en monos), o por virus denominados VIHS, elaborados en el laboratorio a partir del VIS y del VIH.

La semejanza entre el VIS y el VIH permite reproducir la transmisión e infección por VIH en PNH. Los científicos hacen esto infectando a propósito a los monos con lotes del virus, conocidos como cepas de virus de desafío (challenge virus).
Los investigadores también pueden evaluar posibles candidatas a vacuna administrándolas primero a los monos y después exponiéndolos a uno de los virus ‘de desafío’. El estudio de las respuestas inmunitarias inducidas en los monos tras la vacunación y la extensión con la que son capaces de proteger frente a la infección permite ayudar a decidir qué candidatas a vacuna son las mejores para su evaluación en ensayos clínicos (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de octubre de 2008 sobre ‘Entender los modelos animales de la infección por VIH’).
Existen distintas cepas de virus ‘de desafío’ y en los experimentos se emplean numerosas variaciones para evaluar las candidatas a vacuna. Existen diferencias notables entre estas cepas. Esto suscita preocupación entre los científicos respecto a si pueden compararse los resultados de los estudios realizados con distintas cepas de virus ‘de desafío’. Esta preocupación ha llevado a que algunos científicos se centren en caracterizar de forma más exhaustiva muchas de las cepas de virus de monos actualmente en uso para entender mejor las diferencias entre ellas. Sin embargo, algunos investigadores creen que no basta tan sólo con saber las diferencias entre los diversos virus de desafío, y proponen en su lugar que todos los estudios de candidatas a vacuna contra el sida se realicen utilizando virus ‘de desafío’ estandarizados para garantizar que los resultados sean comparables. Entonces, únicamente aquellas candidatas que ofrezcan mejor resultado podrán pasar a las pruebas con humanos.
La mayoría de las cepas de virus ‘de desafío’ usadas hoy en día en la investigación de vacunas contra el sida provienen de una cepa del VIS que infecta de forma natural a una especie de primates conocida como mangabeye gris. Aunque estos monos, por lo general, no enferman cuando se infectan por VIS, los macacos rhesus infectados por VIS proveniente de los mangabeyes grises sí desarrollan una enfermedad similar al sida en humanos.
Como la cantidad de virus aislado directamente de un animal infectado de forma natural es limitada, se debe propagar o “cultivar” más cantidad. Por lo general, se realiza en un laboratorio. Los científicos pueden añadir el VIS a células aisladas de un PNH. Como los virus se reproducen de manera natural al ser expuestos a las células animales o humanas, se puede utilizar este procedimiento para elaborar más virus. Si bien esta técnica resuelve el problema del abastecimiento, genera otra posible dificultad. La propagación del VIS en el laboratorio puede alterar las propiedades de la cepa. Las nuevas partidas de VIS cultivadas en el laboratorio pueden contener diferencias genéticas y biológicas. Asimismo, pueden variar las condiciones entre los distintos laboratorios que producen cepas de virus, lo que además puede contribuir a la variabilidad. Así, aunque algunos virus ‘de desafío’ tengan el mismo nombre, pueden comportarse de modo distinto desde el punto de vista biológico, lo que afectaría a los resultados de los estudios para evaluar las candidatas a vacuna.
Los investigadores han observado algunas diferencias prácticas entre distintas cepas de virus ‘de desafío’. Algunas aumentan su capacidad patogénica después del cultivo en el laboratorio, lo que implica que provocan la enfermedad en los PNH con mucha mayor rapidez que los virus originales. Por el contrario, otros lotes se vuelven más susceptibles a los anticuerpos (proteínas que pueden unirse al virus y evitar que cause daño) después del cultivo en el laboratorio. En cualquier caso, estas nuevas partidas del virus pueden afectar a la evaluación de las candidatas a vacuna.
Pese a que todavía se desconoce hasta qué punto pueden afectar estas diferencias genéticas o biológicas de las partidas de virus a los resultados de los ensayos de candidatas a vacuna contra el sida, algunos científicos creen que podría ser un tema problemático. En consecuencia, estos investigadores abogan por el desarrollo de una cepa de virus ‘de desafío’ que todo el campo del sida pueda emplear para evaluar candidatas a vacuna en PNH. Sin embargo, aunque se aprobara esto, aún existen desacuerdos respecto a cuál sería el mejor estándar.
Mientras tanto, también se están buscando nuevas cepas ‘de desafío’ cuyas propiedades biológicas se asemejen más a las del VIH que las de los virus empleados en los estudios con PNH. Por ejemplo, una cepa de VIS usada ampliamente con PNH es más difícil de neutralizar que el VIH, lo cual dificulta la prueba de candidatas a vacuna capaces de inducir anticuerpos neutralizantes, por lo que se ha estado experimentando con cepas de VIS y VIHS más fáciles de neutralizar. Por último, mejorar la facilidad para comparar los estudios con PNH de candidatas a vacuna contra el sida ayudará a priorizar cuáles deberían probarse en humanos.
En la investigación en vacunas contra el sida, el modelo animal más importante son los primates no humanos (PNH), especialmente una especie en particular llamada macaco rhesus. Ningún animal puede infectarse por VIH [es un patógeno específico de los humanos], pero estos monos pueden infectarse por determinados tipos de virus de la inmunodeficiencia símica (VIS, el equivalente al VIH en monos), o por virus denominados VIHS, elaborados en el laboratorio a partir del VIS y del VIH.

La semejanza entre el VIS y el VIH permite reproducir la transmisión e infección por VIH en PNH. Los científicos hacen esto infectando a propósito a los monos con lotes del virus, conocidos como cepas de virus de desafío (challenge virus).
Los investigadores también pueden evaluar posibles candidatas a vacuna administrándolas primero a los monos y después exponiéndolos a uno de los virus ‘de desafío’. El estudio de las respuestas inmunitarias inducidas en los monos tras la vacunación y la extensión con la que son capaces de proteger frente a la infección permite ayudar a decidir qué candidatas a vacuna son las mejores para su evaluación en ensayos clínicos (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de octubre de 2008 sobre ‘Entender los modelos animales de la infección por VIH’).
Cepas diferentes, ¿resultados diferentes?
Existen distintas cepas de virus ‘de desafío’ y en los experimentos se emplean numerosas variaciones para evaluar las candidatas a vacuna. Existen diferencias notables entre estas cepas. Esto suscita preocupación entre los científicos respecto a si pueden compararse los resultados de los estudios realizados con distintas cepas de virus ‘de desafío’. Esta preocupación ha llevado a que algunos científicos se centren en caracterizar de forma más exhaustiva muchas de las cepas de virus de monos actualmente en uso para entender mejor las diferencias entre ellas. Sin embargo, algunos investigadores creen que no basta tan sólo con saber las diferencias entre los diversos virus de desafío, y proponen en su lugar que todos los estudios de candidatas a vacuna contra el sida se realicen utilizando virus ‘de desafío’ estandarizados para garantizar que los resultados sean comparables. Entonces, únicamente aquellas candidatas que ofrezcan mejor resultado podrán pasar a las pruebas con humanos.
El origen de las cepas de virus de desafío
La mayoría de las cepas de virus ‘de desafío’ usadas hoy en día en la investigación de vacunas contra el sida provienen de una cepa del VIS que infecta de forma natural a una especie de primates conocida como mangabeye gris. Aunque estos monos, por lo general, no enferman cuando se infectan por VIS, los macacos rhesus infectados por VIS proveniente de los mangabeyes grises sí desarrollan una enfermedad similar al sida en humanos.
Como la cantidad de virus aislado directamente de un animal infectado de forma natural es limitada, se debe propagar o “cultivar” más cantidad. Por lo general, se realiza en un laboratorio. Los científicos pueden añadir el VIS a células aisladas de un PNH. Como los virus se reproducen de manera natural al ser expuestos a las células animales o humanas, se puede utilizar este procedimiento para elaborar más virus. Si bien esta técnica resuelve el problema del abastecimiento, genera otra posible dificultad. La propagación del VIS en el laboratorio puede alterar las propiedades de la cepa. Las nuevas partidas de VIS cultivadas en el laboratorio pueden contener diferencias genéticas y biológicas. Asimismo, pueden variar las condiciones entre los distintos laboratorios que producen cepas de virus, lo que además puede contribuir a la variabilidad. Así, aunque algunos virus ‘de desafío’ tengan el mismo nombre, pueden comportarse de modo distinto desde el punto de vista biológico, lo que afectaría a los resultados de los estudios para evaluar las candidatas a vacuna.
Los investigadores han observado algunas diferencias prácticas entre distintas cepas de virus ‘de desafío’. Algunas aumentan su capacidad patogénica después del cultivo en el laboratorio, lo que implica que provocan la enfermedad en los PNH con mucha mayor rapidez que los virus originales. Por el contrario, otros lotes se vuelven más susceptibles a los anticuerpos (proteínas que pueden unirse al virus y evitar que cause daño) después del cultivo en el laboratorio. En cualquier caso, estas nuevas partidas del virus pueden afectar a la evaluación de las candidatas a vacuna.
Pese a que todavía se desconoce hasta qué punto pueden afectar estas diferencias genéticas o biológicas de las partidas de virus a los resultados de los ensayos de candidatas a vacuna contra el sida, algunos científicos creen que podría ser un tema problemático. En consecuencia, estos investigadores abogan por el desarrollo de una cepa de virus ‘de desafío’ que todo el campo del sida pueda emplear para evaluar candidatas a vacuna en PNH. Sin embargo, aunque se aprobara esto, aún existen desacuerdos respecto a cuál sería el mejor estándar.
Mientras tanto, también se están buscando nuevas cepas ‘de desafío’ cuyas propiedades biológicas se asemejen más a las del VIH que las de los virus empleados en los estudios con PNH. Por ejemplo, una cepa de VIS usada ampliamente con PNH es más difícil de neutralizar que el VIH, lo cual dificulta la prueba de candidatas a vacuna capaces de inducir anticuerpos neutralizantes, por lo que se ha estado experimentando con cepas de VIS y VIHS más fáciles de neutralizar. Por último, mejorar la facilidad para comparar los estudios con PNH de candidatas a vacuna contra el sida ayudará a priorizar cuáles deberían probarse en humanos.







