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  1. VAX: Boletín sobre Vacunas del SIDA 6, noviembre-diciembre 2014

Entender los avances en la investigación de vacunas terapéuticas

¿Qué descubrimientos recientes están impulsando la investigación en el uso de vacunas para tratar o incluso curar el VIH?

Por lo general, la palabra vacuna se emplea para referirse a cualquier sustancia administrada a una persona para proporcionar inmunidad frente a una enfermedad y, en consecuencia, prevenirla. Sin embargo, en el campo del VIH  (al igual que sucede en otras áreas como la del cáncer) se busca también otro tipo de vacuna cuya función sería terapéutica. Estas denominadas vacunas terapéuticas se administran a personas que ya están infectadas por el virus o que presentan la enfermedad con el objetivo de potenciar las respuestas del sistema inmunitario frente al patógeno. En el caso del VIH, deberían inducir unas respuestas inmunitarias mejores a las que genera de forma natural el propio organismo (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de marzo de 2013 sobre ‘Entender la vacunación terapéutica’). Uno de los motivos por los que la infección por VIH resulta tan difícil de controlar y aclarar —hasta la fecha sólo se conoce un caso de curación del VIH (véase el artículo 'Lo más destacado' del VAX de julio de 2013, 'La OMS tiende una red más amplia')— es que las respuestas inmunitarias frente al virus generadas de forma natural por el cuerpo resultan, excepto en casos excepcionales, insuficientes para controlar de forma eficaz la infección por VIH. En consecuencia, para que una vacuna terapéutica funcione deberá inducir unas respuestas inmunitarias diferentes a las que se observan en la infección natural.

El interés por las vacunas terapéuticas contra el VIH arrancó con fuerza, pero tras la introducción de la terapia antirretroviral de gran actividad durante la década de 1990 —unido a los resultados más bien decepcionantes de los ensayos clínicos que probaban candidatas a vacunas terapéuticas— este campo languideció durante algún tiempo. Ninguna de las primeras candidatas consiguió mejorar la salud general de las personas con VIH en los ensayos ni tampoco ralentizar el curso de su infección. Actualmente, el relativamente joven y prometedor campo de investigación en la cura del VIH ha reverdecido el interés por la vacunación terapéutica.

Aunque aún siguen faltando piezas para completar el rompecabezas de la cura del VIH, la vacuna terapéutica se considera un componente clave para alcanzar dicho objetivo. La investigación en vacunas terapéuticas del VIH también se está beneficiando de los recientes avances en la investigación de vacunas preventivas. Ahora más que nunca, los campos de investigación de las vacunas terapéuticas y preventivas, del tratamiento y de la cura se están solapando entre ellos (véase 'Lo más destacado' en este mismo boletín).

El mayor obstáculo

Una vez se produce la infección por VIH, el virus se oculta en diversas partes del organismo. Algunos virus permanecen en células que están inactivas (que no se replican) y, por consiguiente, eluden los efectos de la terapia antirretroviral. Sin embargo, si se interrumpe el tratamiento, estos virus durmientes (también llamados latentes) pueden volver a emerger y comenzar a replicarse de forma activa. El conjunto de virus latentes (lo que se denomina reservorio viral) constituye uno de los principales obstáculos para conseguir la curación del VIH, como queda reflejado en el reciente caso de la niña que comenzó a tomar tratamiento antirretroviral a las pocas horas de nacer (véase 'Lo más destacado' del VAX de junio del 2014 'Acelerar el ritmo'). Incluso en esa niña, cuya infección por VIH fue tratada de forma casi inmediata, el VIH comenzó a replicarse hasta alcanzar niveles detectables después de interrumpir la terapia antirretroviral.

Para contrarrestar este problema, se están probando diversos compuestos diseñados para sacar al VIH de sus escondites. Una vez expuesto, la vacunación terapéutica es un método que se está estudiando para permitir que el sistema inmunitario aclare estas células infectadas por VIH, reduciendo así (o incluso eliminando) el reservorio viral.

Por ejemplo, un equipo de científicos de Dinamarca acaba de poner en marcha un estudio de fase 1, en el que participan voluntarios con VIH para evaluar una candidata a vacuna terapéutica denominada Vacc-4x, junto con un fármaco para tratar el cáncer que en un estudio anterior había demostrado ser capaz de activar el VIH latente en las células-T durmientes. Este enfoque combinado (al que en ocasiones se denomina "kick and kill", golpear y eliminar) depende de que la candidata a vacuna terapéutica sea capaz de generar una respuesta inmunitaria lo suficientemente potente como para acabar con los virus que se han reactivado en el organismo.

Anticuerpos para la prevención y el tratamiento

Los mismos anticuerpos que actualmente constituyen el centro de atención de la investigación en vacunas preventivas también pueden desempeñar un papel en la vacunación terapéutica. Un estudio realizado por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE UU (NIAID), iniciado el pasado año y actualmente en curso, está probando lo que se denomina transferencia pasiva de anticuerpos tanto en personas voluntarias infectadas y no infectadas por VIH. En estos estudios, los anticuerpos ampliamente neutralizantes (capaces de desactivar una amplia variedad de cepas del VIH) se inyectan directamente en el organismo para ver si pueden prevenir la infección por VIH o inducir una supresión prolongada de la carga viral en personas con VIH (véase 'Cuestiones básicas' del VAX de marzo de 2014 sobre 'Entender el creciente papel de los anticuerpos ampliamente neutralizantes'). Otra estrategia consiste en el uso de la terapia genética para introducir únicamente los genes que codifican los anticuerpos ampliamente neutralizantes, de forma que sean las propias células del organismo las que los generen, el lugar de tener que inyectar directamente estos anticuerpos.

Al igual que sucede en el campo de las vacunas preventivas, en el de las terapéuticas se están estudiando también estrategias combinadas para intentar inducir unas respuestas inmunitarias más amplias frente al VIH. Sin embargo, siguen existiendo importantes lagunas en el conocimiento sobre el modo de diseñar y valorar dichas candidatas en personas con VIH. El diseño de los ensayos clínicos para evaluar vacunas terapéuticas resulta más complicado porque, en la actualidad, no se dispone de un sistema preciso para medir el tamaño del reservorio viral ni, consecuentemente, la eficacia de la candidata a la vacuna en la reducción de dicho reservorio. Además, la interrupción del tratamiento antirretroviral en personas con VIH puede resultar peligroso.

Aunque los modelos que emplean animales constituyen una de las mejores maneras de evaluar la seguridad y eficacia de los nuevos medicamentos y candidatas a vacunas, la ausencia de un modelo animal perfecto para el VIH (que replique esta infección humana tan peculiar) ha constituido un problema a la hora de prever qué eficacia tendrán las candidatas en las personas. Para abordar este tema, algunos investigadores sugieren recurrir a una serie gradual de pequeños ensayos clínicos en personas con VIH para determinar cuáles son las dianas más útiles para la inmunización terapéutica.

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Mary Rushton es una redactora freelance que vive en Cambridge, Massachusetts.

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