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  1. VAX: Boletín sobre Vacunas del SIDA 2, marzo-abril 2014

Las nuevas leyes contra la homosexualidad suscitan la preocupación internacional

Uganda, un país situado en el oriente de África, ha sido el último en aumentar las penas a los comportamientos homosexuales. Esto ha generado una gran preocupación entre las organizaciones de ayuda internacional en general, y las entidades del ámbito del VIH/Sida en particular, no solo porque el nuevo marco legal del país supusiera una violación de los derechos humanos, sino porque también pudiera tener unos efectos devastadores sobre los esfuerzos de salud pública.

La "Ley contra la homosexualidad", como se la denomina en Uganda, contempla penas de cadena perpetua para aquellos hombres con VIH que practiquen sexo con otros hombres y criminaliza la "promoción" y el "reconocimiento" de las relaciones homosexuales por parte de personas y organizaciones. Esta ley fue firmada el 24 de febrero por el presidente ugandés Yoweri Museveni, y contaba con la aprobación por el Legislativo de Uganda, con un amplio apoyo por parte tanto de diversos líderes políticos como del público.

No puede decirse que las leyes que condenan los comportamientos homosexuales sean excepcionales, las prácticas homosexuales están prohibidas en 38 de los 54 países de África, según la Asociación Internacional de Lesbianas y Gais y, atendiendo a los datos de Naciones Unidas, esta cuenta se eleva hasta los 78 países en todo el mundo.

Tanto Rusia como Nigeria (país del occidente africano) han aprobado recientemente una nueva legislación contra la homosexualidad. La ley nigeriana aprobada en enero contempla penas de hasta 14 años de prisión para cualquier persona que se case con otra de su mismo sexo y de 10 años en el caso de personas o grupos que apoyen actividades u organizaciones relacionadas con la homosexualidad. El pasado mes de diciembre, el Tribunal Supremo de la India reinstauró una ley de la época colonial que considera la homosexualidad un delito. Por su lado, el Alto Tribunal de Australia derogó recientemente las leyes que autorizaban los matrimonios del mismo sexo.

Sin embargo, la ley ugandesa resulta especialmente desconcertante para los investigadores en VIH/sida, ya que el país es uno de los principales receptores de fondos tanto para investigación internacional como para el desarrollo. La respuesta de Uganda a la pandemia del VIH ha sido muy elogiada en todo el mundo y a menudo se citaba como un ejemplo para otros países africanos. El país fue uno de los primeros receptores de ayuda del Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para Paliar el Sida (PEPFAR) y ha sido seleccionado por dicho organismo para recibir unos 324 millones este año.

EE UU, Noruega, Dinamarca, Suecia y el Banco Mundial ya han anunciado que retendrán o desviarán parte de la ayuda extranjera a Uganda y parece que los Institutos Nacionales de Salud de EE UU (NIH, el mayor proveedor público de fondos de investigación del mundo) están valorando si, en esos países, resulta demasiado arriesgado financiar una investigación que implique a personas que llevan a cabo comportamientos “criminalizados”, afirmó Chris Beyrer, director del Centro Johns Hopkins para la Salud Pública y los Derechos Humanos.

Por el momento es demasiado pronto para saber qué impacto tendrá la “Ley contra la Homosexualidad” sobre la financiación de los programas de VIH/sida en Uganda o sobre los proyectos de investigación consolidados que se han establecido en el país.

El Parlamento de Uganda presentó la modificación del proyecto de ley en 2009, pero la retiró al recibir quejas de que las condenas, que incluían la pena de muerte, eran demasiado duras. Finalmente, en diciembre de 2013, el Parlamento aprobó una versión revisada de la ley. Inicialmente, el presidente Museveni se negó a firmarla, pero cambió de idea tras revisar las conclusiones de un comité designado por el Ministerio de Sanidad de Uganda para examinar las pruebas científicas sobre las causas de la homosexualidad. “Su conclusión unánime fue que la homosexualidad, en contra de lo que yo pensaba antes, tiene una base conductual y no genética. Es algo que se ha determinado y no puede ignorarse”, escribió Museveni al presidente de EE UU, Barack Obama, el 18 de febrero, según un artículo recientemente publicado en la revista Science. Sin embargo, algunos de los once científicos que conformaban el comité declararon que sus conclusiones fueron tergiversadas, según el mismo artículo de Science.

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