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  1. VAX: Boletín sobre Vacunas del SIDA 6, junio 2009

¿No estás seguro? Pregunta a todo el mundo

El crowdsourcing se está convirtiendo en una herramienta cada vez más habitual para resolver los retos científicos, tanto los grandes como los pequeños. Incluso se está probando en la investigación de vacunas contra el sida.

La ciencia trata de descubrir y los descubrimientos pueden producirse de muchos modos distintos. En la investigación biomédica, diversas empresas y organizaciones están estudiando diferentes enfoques para alentar la realización de nuevos hallazgos o estimular la innovación, algunos de los cuales se basan en la sabiduría colectiva.

El crowdsourcing es una de estas estrategias. Este principio, acuñado por Jeff Howe, un editor que colabora en Wired (una popular revista sobre tecnología), describe el fenómeno por el que un grupo indefinido de personas, generalmente grande [una multitud o crowd en inglés], aborda unas tareas en respuesta a un llamamiento abierto, que a menudo se realiza a través de internet. Este enfoque se emplea para resolver toda suerte de tareas simples, como la digitalización de libros y revistas publicadas antes de la aparición de internet, pero también para abordar problemas científicos más complejos. El crowdsourcing ya se utiliza incluso para tratar algunos de los retos a los que se enfrentan los investigadores en vacunas contra el sida.

Llegar a la multitud


Existen diversos modos de llegar al público o multitud implicada en la resolución de retos científicos. Uno de ellos es el uso de juegos online. El año pasado, un equipo de investigadores de la Universidad de Washington (EE UU) desarrolló uno de ellos, llamado Foldit, cuyo objetivo consiste en encontrar la configuración menos energética posible de distintas proteínas. Los jugadores pueden mover con los ratones fragmentos de proteínas dispuestos en la pantalla y consiguen puntos cuando disponen la proteína en una conformación cercana a su nivel energético mínimo.

De manera reciente, Foldit anunció un nuevo componente del juego que permite manipular la proteína de la cubierta del VIH (Env), dispuesta en el exterior del virus, para exponer zonas de esa proteína que podrían ser potencialmente vulnerables frente a los anticuerpos neutralizantes (proteínas en forma de ‘Y’ que se unen a los virus y los desactivan).

Originalmente, un equipo liderado por David Baker (profesor de Bioquímica de la Universidad de Washington) desarrolló un programa llamado rosetta@home. Este programa, que puede descargar cualquier persona, empleaba el tiempo muerto de numerosos ordenadores para revisar estructuras proteínicas. Los resultados de los cálculos se presentaban como un protector de pantalla. Foldit fue creado porque los usuarios de rosetta@home querían participar y no limitarse a mirar, afirmó Baker: “Creían que lo podían hacer mejor”. Y parece ser que era verdad. Las personas ven qué opciones en particular pueden probar de un modo más eficiente que los ordenadores, señala Zoran Popović, un científico especialista en ordenadores de la Universidad de Washington, que desarrolló Foldit en colaboración con Baker y otros colaboradores. “Pueden hallar soluciones que los ordenadores no han encontrado”, declaró Popović.

Destacado de texto
También han surgido nuevas empresas para facilitar el crowdsourcing en problemas científicos o de ingeniería, como es el caso de InnoCentive y NineSigma. Estas empresas poseen sitios web donde, por una tarifa, las organizaciones (denominadas buscadores) pueden enviar los retos específicos que quieren solucionar. Cualquiera puede ver el reto o recibirlo por
correo y proponer una solución. El buscador puede revisar las soluciones enviadas y determinar si alguna de ellas cumple sus requisitos.

En InnoCentive, algunos retos sólo requieren una propuesta de ideas por escrito sobre cómo resolver el problema, mientras que otros exigen pruebas extras que evidencien que la solución funciona realmente, como pueden ser datos originales de experimentos o, incluso, una muestra física. El buscador paga entonces un premio en metálico a la persona que proponga la solución que aquél considere adecuada.

NineSigma fue fundada en 2000 por Mehran Mehregany, un profesor de Ingeniería Eléctrica y Ciencia Computacional en la Universidad Case Western Reserve. Mehregany afirma que fundó la empresa cuando se dio cuenta de que el elaborado sistema que emplea el gobierno para hacer llamamientos abiertos al mundo académico no estaba disponible en la industria. “La industria carece de una infraestructura sistemática similar para difundir sus necesidades científicas y tecnológicas”, indica.

Las soluciones a los retos enviados a InnoCentive o NineSigma pueden proceder de cualquier persona, de cualquier parte, y con frecuencia es así. El porcentaje de éxito de los retos enviados a estos sitos web es sorprendentemente alto. InnoCentive afirma que cerca de la tercera parte de sus retos se soluciona. Karim Lakhani, un profesor adjunto en la unidad de tecnología y gestión de operaciones de la Facultad de Empresariales de Harvard, señala que es difícil compararlo con las tasas de éxito internas de las empresas, ya que la mayor parte no hace un seguimiento de este tema o no lo hace público. Sin embargo, declara que en sus conversaciones con responsables de investigación y desarrollo de varias organizaciones éstos parecen “muy sorprendidos” por la elevada tasa de éxitos de InnoCentive, en especial considerando que los retos son enviados a ese sitio web porque, probablemente, las empresas no pudieron resolverlos por ellas mismas.

Ed Melcarek, un ingeniero y científico canadiense de 60 años, explica que ha ganado más de 115.000 dólares por resolver siete retos de InnoCentive desde 2003. InnoCentive le declaró uno de los resolvedores con más éxito de 2007.
En promedio, se requieren dos semanas (u 80 horas) para que los resolvedores alcancen una solución a un reto de InnoCentive, según un estudio de 166 retos resueltos a través del sitio web de la empresa entre 2001 y 2004. El estudio también evidenció que cuanto más ajena fuera la experiencia de la persona respecto al área a la que pertenecía el reto, más probabilidades había de resolver el problema, afirma Lakhani, quien ayudó a realizar el estudio. “En nuestro análisis, los resolvedores afirmaron que los retos que intentaron solucionar quedaban generalmente fuera de su propio campo de experiencia”, afirmó.

Por ejemplo, John Davis resolvió un reto para ayudar a recuperar vertidos de petróleo. El reto, enviado por el Instituto de Recuperación de Vertidos de Petróleo (una entidad sin ánimo de lucro), era encontrar un modo de licuar el fango formado por petróleo y agua recogido por barcazas procedente de vertidos de petróleo en aguas árticas, de forma que pudiera ser bombeado a unos tanques de almacenamiento más grandes en tierra. Davis indica que recordó que los obreros de la construcción empleaban un instrumento vibrador para evitar que el cemento se solidificase en las obras, y pensó que el mismo enfoque podría funcionar en el caso de fangos de petróleo y agua. Tras un día de trabajo y una llamada a la empresa para preguntar si podían modificar su aparato vibrador para este propósito, envió la solución. Unos pocos meses más tarde, recibió 20.000 dólares.

Lo más habitual es que los clientes de InnoCentive sean empresas, pero también intenta conseguir que organizaciones sin ánimo de lucro envíen sus retos, explica Dwayne Spradlin, presidente y director general de InnoCentive. “Intentamos que sea muy atractivo para las organizaciones benéficas, porque pensamos que no disponen de acceso a los mismos canales de innovación con los que cuentan los intereses comerciales”, declara.

De 2006 a 2008, la Fundación Rockefeller colaboró con InnoCentive para fomentar la participación de empresas sin ánimo de lucro. La fundación pagaría por lo general la cuota requerida para enviar el reto, así como la mitad del dinero de la compensación en nombre de la organización sin ánimo de lucro, según Amanda Sevareid, una investigadora asociada de la Fundación Rockefeller. Una vez resuelto el problema, la fundación pagaría el resto del dinero si se aportan pruebas de que la solución se implementó con éxito. Hasta ahora, seis organizaciones sin ánimo de lucro han tomado parte en el programa y la mayoría de sus retos han sido resueltos. A finales de 2008, la Alianza contra la Tuberculosis anunció dos premios de 20.000 dólares cada uno por mejorar la síntesis de un candidato a fármaco antituberculoso.

En 2008, IAVI envió un reto al sitio web de InnoCentive como parte del programa de la Fundación Rockefeller. El reto era crear una versión estable de la proteína Env del VIH. En su estado natural, la Env es inestable y se degrada con facilidad cuando entra en el organismo, según Kalpana Gupta, director de nuevas alianzas e iniciativas de IAVI, implicado en el planteamiento del reto. Como resultado, ha sido difícil provocar respuestas de anticuerpos frente a esta proteína. El disponer de una forma estable de la Env del VIH (el objetivo principal de los anticuerpos neutralizantes) con la que poder experimentar en el laboratorio podría ayudar a desarrollar candidatas a vacuna contra el sida.

Este artículo ha sido adaptado de otro escrito por Andreas von Bubnoff en el ejemplar de mayo-junio de 2009 de IAVI Report.

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