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  1. VAX: Boletín sobre Vacunas del SIDA 1, enero 2011

Entender cómo evolucionan los anticuerpos ampliamente neutralizantes

Al madurar, algunos anticuerpos van acumulando mutaciones que los hacen más eficaces a la hora de unirse y neutralizar el VIH

Los anticuerpos constituyen uno de los principales mecanismos a través de los cuales el organismo hace frente a los patógenos externos. Estas proteínas, que combaten las infecciones, pueden unirse a los virus y desactivarlos. También se cree que la acción de los anticuerpos resulta esencial en la protección proporcionada por la mayoría, si no todas, las vacunas disponibles.

En los últimos meses, se han conseguido aislar varios anticuerpos en las muestras de sangre de personas con VIH que, en pruebas de laboratorio, se han mostrado capaces de inactivar o neutralizar un elevado porcentaje de cepas del virus (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de marzo de 2010 sobre ‘Entender los avances en la búsqueda de anticuerpos contra el VIH’). Estos anticuerpos se denominan anticuerpos ampliamente neutralizantes. Algunos de ellos, incluso en concentraciones muy bajas, son capaces de neutralizar el VIH, lo que sugiere que tienen una gran potencia.

Ahora, el objetivo dentro del ámbito de la investigación en vacunas contra el sida es intentar diseñar candidatas capaces de inducir que el sistema inmunitario genere unos anticuerpos contra el VIH de similar potencia y capacidad neutralizante. A pesar de que se trata de una tarea de enormes proporciones, se está avanzando mucho en la comprensión del modo en que estos anticuerpos evolucionan en personas seropositivas.

Formación de los anticuerpos

El sistema inmunitario cuenta con numerosos componentes que desempeñan distintos papeles en la lucha contra los virus. Los anticuerpos son elaborados por un tipo de células inmunitarias originadas en la médula ósea denominadas células B, de las que existen millones de versiones diferentes. Este tipo de células se activan cuando entran en contacto con agentes patógenos extraños, como por ejemplo el VIH. Esto hace que la célula B se convierta en una célula plasmática capaz de generar anticuerpos específicos contra el VIH. Aunque se producen gran cantidad de anticuerpos específicos contra el virus, no todos ellos tienen la facultad de fijarse a él y neutralizarlo (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de febrero de 2007 sobre ‘Entender los anticuerpos neutralizantes’).

En el momento en que las células B se unen al VIH, comienzan a multiplicarse y, a medida que lo hacen, sufren mutaciones o cambios en sus genes. Algunas de estas alteraciones genéticas de las células B desembocan en la producción de unos anticuerpos con mayor capacidad de fijarse al VIH. Estas células B superiores se multiplican una y otra vez, provocando otras mutaciones adicionales. Con cada ciclo de mutación y diferenciación, se considera que los anticuerpos resultantes se hacen más maduros y, cuanto más maduros, más eficaces resultan. Este proceso se conoce como maduración de la afinidad.

Una vez aislados los anticuerpos ampliamente neutralizantes contra el VIH más recientes, se empezaron a estudiar sus características y se descubrió que habían pasado por el proceso de maduración de la afinidad en repetidas ocasiones. Es decir, que habían acumulado numerosas mutaciones. Los ensayos han evidenciado que todos los anticuerpos específicos del VIH identificados hasta la fecha tienen un elevado grado de maduración de la afinidad. De hecho, estos anticuerpos han acumulado muchas más mutaciones que otros anticuerpos estudiados.

Los investigadores aún no saben si son necesarias todas estas mutaciones para conferir a dichos anticuerpos la capacidad de neutralizar de forma tan eficaz a numerosas cepas diferentes del VIH. No obstante, en algunos casos, la investigación ha demostrado que, al revertir la mayoría de las mutaciones, se obtenía un anticuerpo incapaz de neutralizar el VIH, lo que indica que se precisan al menos algunas de las mutaciones.

¿Qué implicaciones tiene para las vacunas?

Para estudiar con más detalle el modo en que evolucionan los anticuerpos ampliamente neutralizantes en las personas con VIH, los investigadores están volviendo a examinar las muestras sanguíneas de uno de los donantes originales (de donde procedieron algunos de los últimos anticuerpos ampliamente neutralizantes aislados) para intentar encontrar más anticuerpos. De esta manera, se pueden identificar y estudiar los precursores de los anticuerpos ampliamente neutralizantes y es posible determinar el rumbo de la evolución que siguieron dichos anticuerpos, un proceso parecido a establecer un árbol genealógico. Probablemente, esta información sea de utilidad para los investigadores que intentan desarrollar vacunas capaces de inducir unos anticuerpos ampliamente neutralizantes similares.

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