¿Qué acontecimientos conducen a la transmisión sexual del VIH y cómo las respuestas inmunológicas de las mucosas pueden proteger de la infección?
La mayoría de los agentes infecciosos (incluyendo virus y bacterias) penetran en el organismo a través de la superficie de las mucosas. Estas superficies, o membranas, son los tejidos húmedos que recubren las cavidades internas del cuerpo (como las de los pulmones, nariz, intestino y genitales). La forma más habitual de transmisión del VIH es a través del contacto sexual, estimándose que el 85% de las infecciones se produce por esta vía. La infección por VIH también puede producirse por un contacto directo entre la sangre de dos personas (que tiene lugar principalmente cuando los usuarios de drogas inyectables [UDI] comparten material de inyección) o por la transmisión de madre a hijo, bien durante el parto o a través de la leche durante la lactancia.
Dado que la mayoría de las infecciones se deben a la transmisión sexual, las respuestas inmunológicas inducidas en esas mucosas constituyen la primera línea de protección frente al VIH y son cruciales para detener ahí al virus. Los investigadores han intentado desarrollar métodos de prevención del VIH (como por ejemplo los microbicidas) que podrían bloquear el virus en las mucosas de los genitales o el recto, donde se produce la primera exposición a este agente infeccioso.
En los últimos años, la investigación se ha centrado también en el desarrollo de vacunas candidatas del SIDA capaces de inducir potentes respuestas inmunológicas en las superficies de las mucosas (véase artículo de ‘Lo más destacado’ en este mismo número). Los científicos están estudiando distintos tipos de estrategias de inmunización, así como modos de medir las respuestas inmunológicas mucosales en los ensayos clínicos (ver ‘Cuestiones Básicas’ del VAX de diciembre de 2005 sobre ‘Entender la inmunidad de las mucosas’). También se ha estudiado estrechamente los acontecimientos que conducen a la transmisión sexual empleando modelos animales para entender mejor qué tipo de respuesta inmunológica sería necesaria en las mucosas para impedir la infección por VIH en seres humanos.
El VIH infecta preferentemente a las células T CD4, un subgrupo de las células del sistema inmunológico vitales para su correcto funcionamiento. Estas células están distribuidas por el organismo, pero determinados compartimentos (como las mucosas que recubren el intestino), contienen las mayores concentraciones. Por este motivo, el intestino es uno de los principales lugares de replicación del VIH durante las primeras etapas de la infección (véase ‘Cuestiones Básicas’ del VAX de abril de 2006: ‘Entender las primeras etapas de la infección por VIH’).
Sin embargo, antes de que el VIH llegue a las células del intestino (o de otras zonas del organismo), éste debe atravesar los tejidos de las mucosas de los genitales o el recto. Éstas a menudo se conocen como barreras, ya que los virus encuentran difícil atravesar su capa celular exterior, denominada epitelio. Éste es un método que el sistema inmunológico emplea para rechazar los agentes infecciosos.
La barrera de la mucosa realmente es bastante eficaz bloqueando el VIH, ya que se estima que sólo se produce una infección por cada 1.000 veces que una persona se expone al virus durante las relaciones sexuales vaginales. En los tejidos de las mucosas vaginales existen relativamente pocas células diana del VIH, lo que dificulta la reproducción del virus. Si una vacuna o microbicida es capaz de inducir una respuesta inmunológica potente frente al VIH en estas superficies, podría hacer aún más difícil la infección, especialmente en los tejidos vaginales. Se ha observado que en estudios realizados con primates no humanos, la transmisión de un virus relacionado (conocido como virus de la inmunodeficiencia simia [VIS]) se produce con más facilidad por vía rectal que vaginal, de lo que se deduce que la infección por VIH podría ser también más difícil de bloquear en los tejidos del recto.
Es más fácil que el VIH infecte las mucosas cuando estos tejidos están dañados de algún modo. Por ejemplo, otras infecciones de transmisión sexual (ITS) pueden provocar inflamación e irritación (o incluso ulceración) del tejido de las mucosas. Esto hace que a la zona acudan más células inmunológicas, aumentando el número total de células diana del VIH, lo que facilita la infección por el virus. Por este motivo, se cree que tener otras ITS aumenta el riesgo de adquirir el VIH. Por otro lado, durante el acto sexual, con frecuencia se producen pequeñas lesiones o arañazos en la superficie de la mucosa y se cree que esto también puede comprometer el efecto barrera de la mucosa.
La velocidad con la que se propaga el VIH hace que sea imposible estudiar la transmisión y las primeras etapas de la infección en voluntarios humanos. Por ello se realizan estudios con primates no humanos (principalmente macacos rhesus) empleando el VIS. Después de que el VIS atraviesa la barrera de la mucosa, la investigación sugiere que el virus empieza estableciendo una pequeña infección localizada en los tejidos de la mucosa genital. Después de esto, se empieza a propagar con rapidez y se traslada a otras zonas del cuerpo a través de la sangre. Los resultados en algunos modelos animales sugieren que al cabo de una semana (y en ocasiones incluso en un único día), el VIH puede propagarse y detectarse en distintas partes del cuerpo del animal.
Si el VIH se dispersa con tanta velocidad, las respuestas inmunológicas de las mucosas (anticuerpos y/o respuestas inmunológicas celulares) debidas a una hipotética vacuna candidata del SIDA tendrían que inducirse con mucha rapidez para prevenir completamente la infección por el virus. Por lo general, las respuestas inmunológicas inducidas por vacunas tardan entre tres y cinco días en activarse. Una vez el VIH empieza a propagarse por otras partes del organismo en las que abunden las células diana (como es el caso de la mucosa que recubre el intestino), se ha comprobado que el virus se reproduce de forma exponencial y destruye grandes poblaciones de células T CD4. Esto se conoce como etapa aguda de la infección por VIH. La rápida y, en ocasiones, irreversible pérdida de estas células debilita aún más la capacidad del sistema inmunológico para enfrentarse al virus.
Incluso en esta etapa, las respuestas inmunológicas de las mucosas pueden desempeñar un importante papel ayudando a limitar o controlar la infección por VIH. Una vacuna del SIDA capaz de inducir respuestas inmunológicas en las mucosas (incluyendo las del intestino) podría ayudar a prevenir parte del daño que sufren las células T CD4 y, por tanto, preservar las defensas del sistema inmunitario. Las respuestas inmunológicas sistémicas o más generalizadas también ayudarían a controlar la progresión de la infección por VIH en esta etapa.
Dado que la mayoría de las infecciones se deben a la transmisión sexual, las respuestas inmunológicas inducidas en esas mucosas constituyen la primera línea de protección frente al VIH y son cruciales para detener ahí al virus. Los investigadores han intentado desarrollar métodos de prevención del VIH (como por ejemplo los microbicidas) que podrían bloquear el virus en las mucosas de los genitales o el recto, donde se produce la primera exposición a este agente infeccioso.
En los últimos años, la investigación se ha centrado también en el desarrollo de vacunas candidatas del SIDA capaces de inducir potentes respuestas inmunológicas en las superficies de las mucosas (véase artículo de ‘Lo más destacado’ en este mismo número). Los científicos están estudiando distintos tipos de estrategias de inmunización, así como modos de medir las respuestas inmunológicas mucosales en los ensayos clínicos (ver ‘Cuestiones Básicas’ del VAX de diciembre de 2005 sobre ‘Entender la inmunidad de las mucosas’). También se ha estudiado estrechamente los acontecimientos que conducen a la transmisión sexual empleando modelos animales para entender mejor qué tipo de respuesta inmunológica sería necesaria en las mucosas para impedir la infección por VIH en seres humanos.
Cruzar la barrera
El VIH infecta preferentemente a las células T CD4, un subgrupo de las células del sistema inmunológico vitales para su correcto funcionamiento. Estas células están distribuidas por el organismo, pero determinados compartimentos (como las mucosas que recubren el intestino), contienen las mayores concentraciones. Por este motivo, el intestino es uno de los principales lugares de replicación del VIH durante las primeras etapas de la infección (véase ‘Cuestiones Básicas’ del VAX de abril de 2006: ‘Entender las primeras etapas de la infección por VIH’).
Sin embargo, antes de que el VIH llegue a las células del intestino (o de otras zonas del organismo), éste debe atravesar los tejidos de las mucosas de los genitales o el recto. Éstas a menudo se conocen como barreras, ya que los virus encuentran difícil atravesar su capa celular exterior, denominada epitelio. Éste es un método que el sistema inmunológico emplea para rechazar los agentes infecciosos.
La barrera de la mucosa realmente es bastante eficaz bloqueando el VIH, ya que se estima que sólo se produce una infección por cada 1.000 veces que una persona se expone al virus durante las relaciones sexuales vaginales. En los tejidos de las mucosas vaginales existen relativamente pocas células diana del VIH, lo que dificulta la reproducción del virus. Si una vacuna o microbicida es capaz de inducir una respuesta inmunológica potente frente al VIH en estas superficies, podría hacer aún más difícil la infección, especialmente en los tejidos vaginales. Se ha observado que en estudios realizados con primates no humanos, la transmisión de un virus relacionado (conocido como virus de la inmunodeficiencia simia [VIS]) se produce con más facilidad por vía rectal que vaginal, de lo que se deduce que la infección por VIH podría ser también más difícil de bloquear en los tejidos del recto.
Es más fácil que el VIH infecte las mucosas cuando estos tejidos están dañados de algún modo. Por ejemplo, otras infecciones de transmisión sexual (ITS) pueden provocar inflamación e irritación (o incluso ulceración) del tejido de las mucosas. Esto hace que a la zona acudan más células inmunológicas, aumentando el número total de células diana del VIH, lo que facilita la infección por el virus. Por este motivo, se cree que tener otras ITS aumenta el riesgo de adquirir el VIH. Por otro lado, durante el acto sexual, con frecuencia se producen pequeñas lesiones o arañazos en la superficie de la mucosa y se cree que esto también puede comprometer el efecto barrera de la mucosa.
Tiempo
La velocidad con la que se propaga el VIH hace que sea imposible estudiar la transmisión y las primeras etapas de la infección en voluntarios humanos. Por ello se realizan estudios con primates no humanos (principalmente macacos rhesus) empleando el VIS. Después de que el VIS atraviesa la barrera de la mucosa, la investigación sugiere que el virus empieza estableciendo una pequeña infección localizada en los tejidos de la mucosa genital. Después de esto, se empieza a propagar con rapidez y se traslada a otras zonas del cuerpo a través de la sangre. Los resultados en algunos modelos animales sugieren que al cabo de una semana (y en ocasiones incluso en un único día), el VIH puede propagarse y detectarse en distintas partes del cuerpo del animal.
Si el VIH se dispersa con tanta velocidad, las respuestas inmunológicas de las mucosas (anticuerpos y/o respuestas inmunológicas celulares) debidas a una hipotética vacuna candidata del SIDA tendrían que inducirse con mucha rapidez para prevenir completamente la infección por el virus. Por lo general, las respuestas inmunológicas inducidas por vacunas tardan entre tres y cinco días en activarse. Una vez el VIH empieza a propagarse por otras partes del organismo en las que abunden las células diana (como es el caso de la mucosa que recubre el intestino), se ha comprobado que el virus se reproduce de forma exponencial y destruye grandes poblaciones de células T CD4. Esto se conoce como etapa aguda de la infección por VIH. La rápida y, en ocasiones, irreversible pérdida de estas células debilita aún más la capacidad del sistema inmunológico para enfrentarse al virus.
Incluso en esta etapa, las respuestas inmunológicas de las mucosas pueden desempeñar un importante papel ayudando a limitar o controlar la infección por VIH. Una vacuna del SIDA capaz de inducir respuestas inmunológicas en las mucosas (incluyendo las del intestino) podría ayudar a prevenir parte del daño que sufren las células T CD4 y, por tanto, preservar las defensas del sistema inmunitario. Las respuestas inmunológicas sistémicas o más generalizadas también ayudarían a controlar la progresión de la infección por VIH en esta etapa.







