¿Qué factores tienen en cuenta los órganos reguladores antes de licenciar el uso público de una vacuna?
El desarrollo de una vacuna constituye un proceso largo y complejo que, a menudo, se prolonga varias décadas.
Las candidatas a vacuna se someten a una rigurosa secuencia de pruebas de laboratorio, preclínicas y clínicas, para determinar su seguridad o eficacia. Los ensayos de fase I y II se diseñan para determinar si la vacuna es segura y estimula respuestas inmunitarias. Hasta que se realizan los grandes ensayos de fase IIb (de prueba de concepto) o fase III (de eficacia) no se evalúa realmente la eficacia de la candidata. En el caso del VIH, estos ensayos determinan si la candidata ofrece protección frente a la infección o reduce la cantidad de virus en el caso de las personas que se infecten por la exposición natural al VIH a pesar de haberse vacunado.
En general, los ensayos de fase III requieren la participación de miles de voluntarios. Cuando estos ensayos arrojan un resultado positivo, los desarrolladores de vacunas pueden decidir presentar una solicitud a las agencias normativas para la aprobación y licencia de la vacuna. Una vez la vacuna obtiene la licencia, puede ser distribuida y administrada de forma más generalizada en una población determinada.
No existen estándares universales para conceder licencias a las vacunas. En vez de eso, los organismos normativos revisan todos los datos de seguridad y eficacia reunidos para una candidata en particular y determinan, en cada caso, si ésta merece recibir una licencia. Para que se produzca la aprobación, una vacuna debe cumplir de forma constante unos estándares de calidad específicos y ser fabricada según unos criterios estrictos establecidos por el país en concreto que concede la licencia. Uno de los principales problemas en la fabricación es la uniformidad en la producción. Cada vez que se fabrica una vacuna, el proceso tiene que ser el mismo, ya que incluso leves modificaciones pueden afectar a la seguridad y la eficacia.
Todos los países disponen de algún tipo de sistema de aprobación regulatorio que revisa la licencia y aprobación de nuevos fármacos y medicinas. Este organismo en EE UU es la Agencia de la Alimentación y el Medicamento (FDA), en Sudáfrica, el Consejo para el Control de los Medicamentos, y en Tailandia, la Agencia Tailandesa de la Alimentación y el Medicamento. La Agencia Europea del Medicamento (EMEA) es un organismo regulador centralizado que revisa las solicitudes de licencia para todos los países de la Unión Europea.
En los países en vías de desarrollo, las agencias normativas varían en cuanto a tamaño y experiencia. Algunos países esperan a que los organismos reguladores de EE UU o Europa hayan concedido la licencia a una vacuna antes de decidir si también conceden ellos la licencia. Muchos estados, asimismo, buscan orientación en la OMS antes de conceder la licencia a una vacuna.
En EE UU, se espera que los nuevos fármacos sean probados en dos ensayos pivotales de eficacia de fase III a fin de poder recibir la aprobación para su uso público. Sin embargo, los desarrolladores de vacunas pueden, en circunstancias especiales, demostrar la eficacia sólo en un ensayo bien realizado, bien diseñado y del tamaño suficiente. Por ejemplo, la FDA aprobó una vacuna contra el virus de la hepatitis A (VHA) a partir de un único ensayo de fase III. No obstante, la vacuna Rotateq, que combate un virus que es causa habitual de diarrea, requirió tres ensayos de fase III antes de recibir la licencia debido a preocupaciones específicas relativas a su seguridad.
Recientemente, un ensayo de una vacuna contra el VIH a gran escala conocido como RV144, que contó con 16.000 participantes en Tailandia, ofreció la primera prueba clínica de que la vacuna indujo una protección frente al virus (véase el artículo ‘Lo más destacado’ del VAX de septiembre de 2009, ‘Primeras pruebas de eficacia en un ensayo a gran escala de una vacuna contra el VIH’). Las dos candidatas a vacuna, probadas en lo que se conoce como una combinación tipo inducción-refuerzo, parecieron reducir el riesgo de infección por VIH en un 31%. Esto suscitó cierto debate sobre si este régimen tipo inducción-refuerzo debería recibir una licencia.
Las candidatas a vacuna fueron diseñadas específicamente para combatir los serotipos o subtipos del VIH que hoy día circulan en Tailandia. Por tanto, es poco probable que se considere la concesión de la licencia a esta combinación en otro lugar, a menos que los desarrolladores de vacunas la prueben en otros países para determinar qué eficacia tiene en la prevención de la infección de otros serotipos del VIH.
Si bien la decisión de conceder la licencia depende, en última instancia, de la agencia reguladora tailandesa, existen varios factores que hacen poco probable que las vacunas candidatas probadas en el ensayo RV144 reciban dicha aprobación. Posiblemente, el más significativo es el bajo nivel de eficacia observado en dicho ensayo. No hay un nivel de eficacia especificado para otorgar la eficacia de una vacuna, pero, con anterioridad, los responsables del ensayo RV144 declararon que era necesaria una eficacia de al menos el 50% para poder abrir el debate sobre la posible aprobación. Los regímenes de vacunación empleados en los programas de inmunización infantil por lo general ofrecen niveles de protección del 80%, mientras que la vacuna de la gripe que se administra cada año tiene una eficacia del 60%. Sin embargo, es posible que una vacuna del VIH con una eficacia parcial de sólo el 50% sea capaz de evitar miles de nuevas infecciones en zonas de alta incidencia.
El prolongado calendario de inoculación de las seis inyecciones a lo largo de 6 meses utilizado en el ensayo RV144 constituye otro factor que, probablemente, las agencias reguladoras considerarían antes de dar su aprobación al régimen de vacunación. Además, aunque los organizadores del RV144 en un principio concibieron el estudio como un ensayo de fase III, al final se puso en marcha como un ensayo de fase IIb, después de que la incidencia del VIH en Tailandia descendiera de forma drástica debido al éxito de las campañas de prevención del virus. La menor incidencia del VIH en el país cuando se empezó el ensayo implicó que el número de infecciones previstas entre las personas voluntarias durante el trascurso del mismo también fuera inferior al esperado inicialmente, lo que limita la capacidad general del estudio para extraer conclusiones. Por este motivo, los organizadores decidieron poner en marcha el RV144 como un estudio de fase IIb, que, por lo general, no se considera una rampa de lanzamiento para la licencia (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de septiembre de 2005 sobre ‘Entender los ensayos de prueba de concepto’).
Las candidatas a vacuna se someten a una rigurosa secuencia de pruebas de laboratorio, preclínicas y clínicas, para determinar su seguridad o eficacia. Los ensayos de fase I y II se diseñan para determinar si la vacuna es segura y estimula respuestas inmunitarias. Hasta que se realizan los grandes ensayos de fase IIb (de prueba de concepto) o fase III (de eficacia) no se evalúa realmente la eficacia de la candidata. En el caso del VIH, estos ensayos determinan si la candidata ofrece protección frente a la infección o reduce la cantidad de virus en el caso de las personas que se infecten por la exposición natural al VIH a pesar de haberse vacunado.
En general, los ensayos de fase III requieren la participación de miles de voluntarios. Cuando estos ensayos arrojan un resultado positivo, los desarrolladores de vacunas pueden decidir presentar una solicitud a las agencias normativas para la aprobación y licencia de la vacuna. Una vez la vacuna obtiene la licencia, puede ser distribuida y administrada de forma más generalizada en una población determinada.
Revisión regulatoria
No existen estándares universales para conceder licencias a las vacunas. En vez de eso, los organismos normativos revisan todos los datos de seguridad y eficacia reunidos para una candidata en particular y determinan, en cada caso, si ésta merece recibir una licencia. Para que se produzca la aprobación, una vacuna debe cumplir de forma constante unos estándares de calidad específicos y ser fabricada según unos criterios estrictos establecidos por el país en concreto que concede la licencia. Uno de los principales problemas en la fabricación es la uniformidad en la producción. Cada vez que se fabrica una vacuna, el proceso tiene que ser el mismo, ya que incluso leves modificaciones pueden afectar a la seguridad y la eficacia.
Todos los países disponen de algún tipo de sistema de aprobación regulatorio que revisa la licencia y aprobación de nuevos fármacos y medicinas. Este organismo en EE UU es la Agencia de la Alimentación y el Medicamento (FDA), en Sudáfrica, el Consejo para el Control de los Medicamentos, y en Tailandia, la Agencia Tailandesa de la Alimentación y el Medicamento. La Agencia Europea del Medicamento (EMEA) es un organismo regulador centralizado que revisa las solicitudes de licencia para todos los países de la Unión Europea.
En los países en vías de desarrollo, las agencias normativas varían en cuanto a tamaño y experiencia. Algunos países esperan a que los organismos reguladores de EE UU o Europa hayan concedido la licencia a una vacuna antes de decidir si también conceden ellos la licencia. Muchos estados, asimismo, buscan orientación en la OMS antes de conceder la licencia a una vacuna.
En EE UU, se espera que los nuevos fármacos sean probados en dos ensayos pivotales de eficacia de fase III a fin de poder recibir la aprobación para su uso público. Sin embargo, los desarrolladores de vacunas pueden, en circunstancias especiales, demostrar la eficacia sólo en un ensayo bien realizado, bien diseñado y del tamaño suficiente. Por ejemplo, la FDA aprobó una vacuna contra el virus de la hepatitis A (VHA) a partir de un único ensayo de fase III. No obstante, la vacuna Rotateq, que combate un virus que es causa habitual de diarrea, requirió tres ensayos de fase III antes de recibir la licencia debido a preocupaciones específicas relativas a su seguridad.
Consideraciones sobre el RV144
Recientemente, un ensayo de una vacuna contra el VIH a gran escala conocido como RV144, que contó con 16.000 participantes en Tailandia, ofreció la primera prueba clínica de que la vacuna indujo una protección frente al virus (véase el artículo ‘Lo más destacado’ del VAX de septiembre de 2009, ‘Primeras pruebas de eficacia en un ensayo a gran escala de una vacuna contra el VIH’). Las dos candidatas a vacuna, probadas en lo que se conoce como una combinación tipo inducción-refuerzo, parecieron reducir el riesgo de infección por VIH en un 31%. Esto suscitó cierto debate sobre si este régimen tipo inducción-refuerzo debería recibir una licencia.
Las candidatas a vacuna fueron diseñadas específicamente para combatir los serotipos o subtipos del VIH que hoy día circulan en Tailandia. Por tanto, es poco probable que se considere la concesión de la licencia a esta combinación en otro lugar, a menos que los desarrolladores de vacunas la prueben en otros países para determinar qué eficacia tiene en la prevención de la infección de otros serotipos del VIH.
Si bien la decisión de conceder la licencia depende, en última instancia, de la agencia reguladora tailandesa, existen varios factores que hacen poco probable que las vacunas candidatas probadas en el ensayo RV144 reciban dicha aprobación. Posiblemente, el más significativo es el bajo nivel de eficacia observado en dicho ensayo. No hay un nivel de eficacia especificado para otorgar la eficacia de una vacuna, pero, con anterioridad, los responsables del ensayo RV144 declararon que era necesaria una eficacia de al menos el 50% para poder abrir el debate sobre la posible aprobación. Los regímenes de vacunación empleados en los programas de inmunización infantil por lo general ofrecen niveles de protección del 80%, mientras que la vacuna de la gripe que se administra cada año tiene una eficacia del 60%. Sin embargo, es posible que una vacuna del VIH con una eficacia parcial de sólo el 50% sea capaz de evitar miles de nuevas infecciones en zonas de alta incidencia.
El prolongado calendario de inoculación de las seis inyecciones a lo largo de 6 meses utilizado en el ensayo RV144 constituye otro factor que, probablemente, las agencias reguladoras considerarían antes de dar su aprobación al régimen de vacunación. Además, aunque los organizadores del RV144 en un principio concibieron el estudio como un ensayo de fase III, al final se puso en marcha como un ensayo de fase IIb, después de que la incidencia del VIH en Tailandia descendiera de forma drástica debido al éxito de las campañas de prevención del virus. La menor incidencia del VIH en el país cuando se empezó el ensayo implicó que el número de infecciones previstas entre las personas voluntarias durante el trascurso del mismo también fuera inferior al esperado inicialmente, lo que limita la capacidad general del estudio para extraer conclusiones. Por este motivo, los organizadores decidieron poner en marcha el RV144 como un estudio de fase IIb, que, por lo general, no se considera una rampa de lanzamiento para la licencia (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de septiembre de 2005 sobre ‘Entender los ensayos de prueba de concepto’).






