Al timón de la Coalición Mundial para las Vacunas contra el VIH.
El doctor Alan Bernstein es un reconocido investigador cuya variada carrera abarca numerosos ámbitos. Bernstein ha firmado más de 200 publicaciones científicas revisadas por iguales y fue el presidente fundador de los Institutos Canadienses de Investigación para la Salud (CIHR, en sus siglas en inglés), a los que ayudó a convertirse en una agencia investigadora líder, con un presupuesto anual de 1.000 millones de dólares. Con anterioridad, había sido director de investigación en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York (EE UU).En enero de 2008, Bernstein inició una nueva etapa en su carrera, al tomar el mando de la Coalición Mundial para las Vacunas contra el VIH (Global HIV Vaccine Enterprise) como director ejecutivo inaugural. Su nombramiento se produjo apenas unos meses después de que el ensayo de fase IIb de prueba de concepto conocido como STEP mostrara que la candidata a vacuna de Merck no consiguió ofrecer ningún tipo de protección frente al VIH. Esto condujo a la recalibración de los esfuerzos de investigación, y Bernstein, como recién llegado, se propuso aportar su perspectiva y experiencia fresca en otras áreas de investigación a los esfuerzos de desarrollo de una vacuna contra el sida.
¿Cómo tomaste la decisión de aceptar el cargo de primer director ejecutivo de la organización?
Mi decisión de unirme a esta entidad respondió a diversos motivos. Obviamente, uno de ellos fue la magnitud del problema. El VIH/sida constituye el principal reto sanitario al que se enfrenta hoy en día el mundo y, por ello, es difícil decir no a la oportunidad de participar en su resolución. En segundo lugar, los desafíos científicos son tan grandes que quise aprovechar la posibilidad de contribuir con lo que pudiera como experto fuera de ese campo. Además, realmente me interesan las características únicas del modelo de la Coalición. Creo que la oportunidad de implicarme con una organización que representa una colaboración entre todos los grandes donantes a la investigación sobre el VIH de todo el mundo y de convocar en su nombre un debate que puede acabar articulando la vía más rápida para llegar a una vacuna era fascinante, especialmente teniendo en cuenta mi formación.
Al considerar todo esto en conjunto y hablarlo con mi mujer, se hizo evidente que diría que sí. En realidad, tras abandonar CIHR, habría sido bastante feliz durmiendo durante un año.
¿Cómo fue incorporarse al campo de las vacunas contra el sida tras el ensayo STEP?
Mi nombramiento se anunció unas dos semanas después de hacerse públicos los resultados del ensayo STEP y, realmente, fue un momento interesante. La comunidad científica reaccionó de forma muy negativa a esos resultados, había mucha decepción. Fue mucho más de lo que yo habría podido suponer. Creo que las expectativas en este campo han sido muy altas y que la presión para conseguir una vacuna lo antes posible ha sido tan grande que todos los científicos y todos los donantes, tanto los directamente implicados como los que no, acusaron el golpe del ensayo STEP.
Pienso que esto demuestra una de las grandes fortalezas de este ámbito, que es que todo el mundo desea una vacuna, tanto si la están desarrollando ellos mismos como si no, ya que comprenden el coste humanitario que supone no disponer de una. Al fin y al cabo, es lo que realmente importa y lo que hace diferente a este campo. En los ámbitos que mejor conozco, como la investigación sobre el cáncer, la mayoría de los ensayos no funciona. Cuando un ensayo sobre el cáncer llega a la portada de un periódico es cuando tiene éxito, no cuando fracasa. Eso es a lo que estaba acostumbrado.
Para mí, supuso un momento muy interesante para entender lo que condujo al ensayo STEP y cómo debería formularse la ciencia en adelante.
¿Qué otras diferencias has observado entre la investigación en cáncer y el ámbito de la vacuna contra el sida?
Creo que la imagen que da el campo de la vacuna contra el sida es que se trata tan sólo de desarrollar productos, frente a la necesidad de realizar gran ciencia, como es el caso de la investigación en cáncer. Considero que éste es un motivo por el que los jóvenes no ven necesariamente un papel para ellos mismos en el ámbito de las vacunas contra el sida. Estoy generalizando, porque es obvio que hay un montón de personas jóvenes en este campo, pero no es la cantidad a la que estoy habituado en la investigación en cáncer o en otras áreas. Tenemos que asegurarnos de renovar a la actual generación de científicos tan distinguidos, muchos de los cuales llegaron a este ámbito a mediados de la década de 1980, cuando se descubrió el virus por primera vez.
Asimismo, se ha desarrollado gran cantidad de nuevas tecnologías gracias a los avances producidos en el estudio de la genómica y, de nuevo, tenemos que asegurarnos de que se incorporan completamente en el esfuerzo para desarrollar una vacuna contra el VIH, como ocurre en la investigación en cáncer.
¿Qué se está haciendo para alentar que los jóvenes científicos investiguen en vacunas contra el sida?
La Coalición está reuniendo a un grupo de jóvenes investigadores de todo el mundo y les pregunta qué necesitan y qué consideran que falta en este campo. Definitivamente, estamos identificando cuestiones importantes a largo plazo respecto a la financiación y el padrinazgo.
Al mismo tiempo, estamos perdiendo muchos investigadores jóvenes con talento que se forman en el mundo desarrollado y que después regresan a los países en vías de desarrollo, donde carecen de los recursos para continuar su investigación. También tenemos que abordar este tema.
¿Qué otras áreas consideras que deberían atenderse más en el ámbito de las vacunas contra el sida?
Creo que tenemos que entender mejor la respuesta inmunitaria de la persona al VIH. Tenemos un virus que afecta profundamente al sistema inmunitario y aún no hemos documentado por completo las respuestas de este sistema cuando alguien se infecta. Por ejemplo, hay personas que presentan niveles elevados de virus en sangre, mientras que otras (como los controladores de élite) los tienen muy bajos y todavía no sabemos por qué. Hemos de comprender los mecanismos subyacentes en estas diferencias.
Pienso que es necesario un mayor solapamiento entre la investigación realizada en vacunas contra el VIH y la de otros ámbitos. Tenemos que asegurarnos de que todas las nuevas ideas, si son relevantes, se aprovechen en el desarrollo de una vacuna.
¿Cuáles son las principales áreas de interés para la Coalición?
Una de nuestras principales prioridades a lo largo del próximo año será poner al día el actual Plan Estratégico Científico, que fue elaborado en 2005. Este plan está diseñado para ofrecer un amplio marco de trabajo en este campo y debería reflejar los cambios profundos que se han producido en la ciencia a lo largo de los últimos cinco años. El nuevo plan estratégico identificará las oportunidades en este ámbito, así como algunos de los obstáculos, y ofrecerá sugerencias concretas respecto al modo de abordarlos. Posteriormente, podemos renovar el plan científico de forma anual o cada dos años y ver cómo vamos. Creo que es un modo en el que podemos aportar algo.
En la actualidad, existen cuatro áreas de interés para la Coalición: atraer y mantener investigadores jóvenes en el inicio de su carrera, garantizar que la biología de sistemas forme parte de la investigación en vacunas contra el VIH, acercar la diferencia entre investigación preclínica y clínica del VIH, y alentar de forma activa una actitud que favorezca el compartir conocimiento y datos. La Coalición también ha creado un Comité Científico que cuenta con dieciocho de los principales investigadores en VIH y biomedicina del mundo y que celebrará su primer encuentro en enero. Su tarea será identificar aquellas áreas de la investigación en vacunas contra el virus de la inmunodeficiencia humana que requieren una mayor atención y recursos y aquéllas que deberían abandonarse.
¿Cree que se necesita más financiación para investigar en vacunas contra el sida?
Es difícil de decir si necesitas más dinero o no en cualquier área de la ciencia. Lo que no sabemos y nunca sabríamos es si el disponer de más dinero para investigación aceleraría el desarrollo de una vacuna. Creo que aún hay muchas buenas ideas por aplicar que no están siendo bien financiadas hoy en día.
Tras el ensayo STEP, también se ha producido un gran debate respecto al equilibrio entre gasto en ensayos clínicos e investigación básica. Creo rotundamente que debemos hacer más en investigación básica, pero asimismo considero que necesitamos investigar más para comprender la respuesta inmunitaria humana al VIH y a sus inmunógenos.
¿Cuál es su impresión general sobre el campo de la vacuna contra el sida y qué ideas tiene respecto a lo que debería hacerse de otro modo?
Me ha impresionado mucho la calidad de las personas que trabajan en este ámbito, así como los diferentes equipos y redes. Para mí, el desafío es cómo aportar algo, dado el talento que ya existe. Sé que tomé la decisión correcta al elegir este campo por la cálida bienvenida que me ha ofrecido todo el mundo de la sociedad científica, así como los donantes.
Lo que creo que tenemos que hacer de otro modo es huir urgentemente de la expectativa de que el próximo ensayo constituirá un gran triunfo. No debemos venirnos abajo porque uno o dos ensayos hayan fracasado o no hayan seguido adelante, puesto que no es así cómo avanza la ciencia.
En el campo del sida nos hemos malacostumbrado porque el tratamiento ha funcionado espectacularmente bien. Pero es importante recordar que los fármacos que constituyen la terapia tienen efectos secundarios, son caros y no curan a nadie de la enfermedad, por lo que no habremos resuelto en realidad el problema del tratamiento hasta que resolvamos el de la prevención.
Una estrategia emprendedora
La Coalición Mundial para las Vacunas contra el VIH es una alianza internacional de investigadores, donantes y activistas comprometidos en acelerar el desarrollo de una vacuna contra el VIH. La idea de la Coalición fue propuesta originalmente en 2003, en un artículo de Science firmado por 24 destacados investigadores de las vacunas contra el sida. En él se argumentaba que el tamaño de la investigación en aquel momento era insuficiente para despejar los principales retos científicos que impedían el desarrollo de una vacuna contra el sida. El enfoque de la Coalición, inspirado en parte en el del Proyecto Genoma Humano, pretendía atraer financiación adicional para respaldar los esfuerzos de colaboración a gran escala entre múltiples organizaciones e instituciones. En 2005, la Coalición publicó su Plan Estratégico Científico, en el que se exponía una visión compartida de las prioridades de investigación en el campo.
Tras esto, la Coalición tuvo éxito rápidamente en la movilización de unos niveles significativos de nuevos fondos para este esfuerzo. El Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud de EE UU (NIAID y NIH, respectivamente, en sus siglas en inglés), concedió 300 millones de dólares a lo largo de siete años para fundar el Centro para la Inmunología de la Vacuna del VIH/SIDA (CHAVI, en sus siglas en inglés), y la Fundación Bill y Melinda Gates aportó 287 millones de dólares a la Colaboración para el Descubrimiento de una Vacuna contra el Sida. Estas dos iniciativas de colaboración a gran escala están auspiciadas por la Coalición.







